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| 2/12/2011 12:00:00 AM

El ganador

Sucedió en "la vida real", a comienzos de los noventa, esta historia de dos hermanos boxeadores que parecían condenados a su mala suerte.

Título original: The Fighter

Año de estreno: 2010

Género: Drama

Dirección: David O. Russell

Guion: Scott Silver, Paul Tamasy y Eric Johnson

Actores: Mark Wahlberg, Christian Bale, Amy Adams, Melissa Leo, Jack McGee, Mickey O'Keefe

Durante las dos horas que dura su proyección, desde aquella entrevista incómoda hasta esa última frase tan conmovedora, está a punto de ser una obra extraordinaria. Jamás sucede. Hace, por supuesto, muchas cosas bien. Cuenta paso a paso, en tono de valiente producción de los años setenta, la redención de un par de hermanos boxeadores que parecían condenados a su mala suerte: el decadente Dicky y el resignado Mickey. Por medio de una cámara que juega con el lenguaje del documental, y gracias a una esmerada recreación de la parte más triste de Estados Unidos, trae a la memoria clásicos del cine norteamericano como Nido de ratas (1954), La última película (1971) y Toro salvaje (1980). Exige de cada uno de los miembros de su elenco la mejor interpretación de sus carreras. Pero al final nos deja la sensación de haber visto una buena versión de la misma historia de siempre.

Repito: su elenco lo hace todo bien. Christian Bale, por fin despojado de su voz grave e impostada de Batman, se juega toda la vida, y se la gana toda, en el papel del patético Dicky: no todos los días consigue un actor darle vida a un personaje -un boxeador adicto al crack que cuando está sobrio presume de haber tumbado a Sugar Ray Leonard- que produce odio y compasión y vergüenza al mismo tiempo. Mark Wahlberg, experto en encarnar, de Boogie Nights (1997) a Los infiltrados (2006), hombres que no entienden del todo lo que les está ocurriendo, logra representar a Mickey como a un valiente que merece unas disculpas de la vida. Y Melissa Leo, la brillante actriz que se dio a conocer hace un par de años gracias Río helado, compone con todo su talento a una madre con manías de bruja y de mafiosa, la madre de los dos pugilistas, que se hace la tonta cuando le conviene.

Su director, David O' Russell, que se pasea por los géneros, del cine de guerra de Tres reyes (1999) al cine paródico de I Heart Huckabees (2004), pero tiende a retratar familias disfuncionales, entra esta vez en ese universo que suele llamarse "la América profunda": el lado B -el lado del fracaso, de la pobreza de espíritu, de la ignorancia atrevida- del sueño americano. Pone, al servicio de la historia, su sexto sentido para comprender a los personajes. Consigue secuencias que tratan de convencer al

espectador de que está viendo una nueva gran película. Y entonces, de un momento a otro, da un paso al costado para permitirle a El ganador que sea lo que en verdad es: un relato tipo Rocky (1976) sobre otro luchador empeñado en vencer las adversidades.

Ese es el problema. El ganador es una gran película atrapada en una historia de la vida real: un relato lleno de personajes perversos que se resignan a convertirse en personajes de autoayuda. La vemos como se ve un largometraje que vale la pena. Pero le reclamamos, en especial en la media hora final, su poco interés a la hora de escaparse del molde.
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