Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/11/18 00:00

El gato con novias

Con una inusual exposición de 15 esculturas, los caleños buscan conseguirle novia al gato que regaló a la ciudad el maestro Hernando Tejada.

El gato con novias

Hace una década, a los íconos tradicionales con los que se reconoce a la Sultana del Valle, la iglesia Ermita o la estatua de Sebastián de Belalcázar, se les sumó un personaje de enorme cola y sonrisa acogedora: el Gato del Río. El pasado 19 de octubre, este felino de tres toneladas y cuatro metros de alto recibió una visita inesperada. Fieles a la costumbre gatuna de rondar en la noche, 15 hermosas mininas cubiertas por sábanas rodearon al Gato, que entre sorprendido y antojado, se relamía sus bigotes. ¿Quiénes son las intrusas

, se preguntaron el gato y los 300 caleños que lo acompañaron esa noche. Son 15 gatas diseñadas en fibra de vidrio por Alejandro Valencia, sobrino del maestro, que hacen parte de un novedoso programa liderado por la Cámara de Comercio de Cali, entidad que convocó a igual número de artistas colombianos para que intervinieran las esculturas. La idea es que entre todos los visitantes, que podrán disfrutar hasta comienzos de 2007 de la presencia de las gatas, escojan la novia que aliviará la soledad al Gato del Río.

A las 8 de la noche comenzó el destape, cada artista iba presentando su gata y el público pudo conocer a las candidatas a conquistar el corazón del minino. La primera fue de Cecilia Coronel, caleña especializada en el Royal College of Art en Londres y que nombró su trabajo como la Gata en Cintas. Miraba asombrado el Gato cuando apareció, desde lo más profundo del Amazonas, Yara diosa de las aguas, creación de María Thereza Negreiros. El ronroneo de admiración fue silenciado con la llegada de No hay gato, la más irreverente, bautizada así por su autor Wilson Díaz.

El desfile de mininas continuaba ante los incrédulos ojos del Gato. Pedro Alcántara Herrán destapó a su consentida Gata Ceremonial, vestida con los colores del Valle del Cauca y un ajuar de arte precolombino. Se afilaba las uñas Gata Sucia de Rosemberg Sandoval, mientras Entrañable, de Ever Astudillo, ganaba puntos con su luna llena y su cuarto creciente. Deslumbrado con la coquetería de sus visitantes el Gato le dio la bienvenida a Anabella la Gata Superestrella de Diego Pombo, azul y llena de brillantes luceros.

A estas alturas, el Gato no sabía a dónde mirar. La temperatura subió con la llegada de Fogata y Gachuza, de Roberto Molano González y Ángela Villegas, sensuales y provocadoras. Las siguieron Gata Bandida de Nadín Ospina, llena de tatuajes de otros mininos famosos y Gata Mac de Mario Gordillo. Pero fue la obra de Lucy Tejada, Gata Ilustrada, la que dejó sin aliento al felino. La última en llegar fue La Gata Presa, de Omar Rayo, bautizada así por su diseño lleno de rayas blancas y negras. La última semana de noviembre llega la de Maripaz Jaramillo, de la que aun no se conocen mayores datos. El 13 de diciembre se abre la urna, ubicada al lado del gato, para que comience la votación, también habrá volantes y publicidad en los medios para que la gente se anime a escribir cuál debe ser la novia del gato. Al finalizar enero se dará el veredicto final.

Esta novedosa exposición tiene su antecedente en el Cow Parade, como lo explicó Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Comercio de Cali, "un par de años atrás me sorprendí con unas vacas en acrílico bellamente tratadas por artistas famosos que adornaba las calles de Nueva York". Agrega que pensando cómo replicar esa experiencia pero vinculando la idiosincrasia caleña, cayó en cuenta de la soledad del Gato del Río. Así fue como nació el programa Las Novias del Gato, que entrega 15 coquetas gatas, para que le hagan compañía al popular felino. "Nos sentimos felices porque un grupo de destacados artistas de nuestra región y del país se encargaron de intervenirlas siguiendo el espíritu lúdico del maestro Tejada, consiguiendo con ello rendirle un inigualable homenaje y dar paso a una aventura estética en el espacio público, única en Colombia", concluye Domínguez.

Desde cuando se abrió la exposición, el Gato del Río es punto de encuentro obligado para los caleños, quienes discuten cuál de las gatas merece quedarse a su lado.

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