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| 3/5/2011 12:00:00 AM

El gran museo Google

Gracias a Google Art Project, obras clásicas están cada vez más cerca de la gente y con un nivel de detalle sin precedentes. Un invento que, pese a las críticas, puede revolucionar la forma como hoy se exhibe el arte.

Primero fue la  música, luego el cine y por último los libros. A los tres, Internet les sacudió sus cimientos. Las artes plásticas, en cambio, habían encontrado refugio en museos y galerías. Allí permanecieron hasta que Google fue a buscarlas, con un proyecto que pretende llevar a la pantalla del computador obras y salas de algunos de los principales museos del mundo. A diferencia de los otros casos, la tecnología aquí no es sinónimo de piratería, razón por la que no hay tanta incertidumbre y miedo ante la novedad. Aun así, este invento, llamado Google Art Project, puede marcar un antes y un después en la forma como el público se acerca al arte.

Todo comenzó hace 18 meses. La idea surgió de un grupo de aficionados al arte del Departamento de Mercadeo de Google. Ellos propusieron llevar la tecnología Street View -que permite una vista de 360 grados construida a punta de fotografías- a las galerías de museos famosos. "No era un proyecto, no había una estrategia definida. Simplemente contactamos a un ingeniero que trabajaba en 'Street View' y echamos a andar el proyecto", recuerda Clara Rivera, integrante del equipo creador.

El paso siguiente fue seleccionar los 17 museos incluidos en esta primera etapa. El criterio aquí fue que tuvieran una relación previa con Google. A partir de este punto, les correspondió a ellos decidir qué espacios y qué obras querían mostrar. "Somos el aliado tecnológico, no más. Los museos tuvieron total autonomía para decidir qué querían presentar; no somos expertos en arte", apunta Rivera. Así escogieron más de mil obras de 400 artistas diferentes que hoy están a disposición de los usuarios de la red. Cada museo escogió también una obra que se puede ver en una resolución de siete millones de pixeles (calidad mil veces superior a la de una cámara promedio).

Al proyecto le sobran virtudes. Gracias a él, millones podrán conocer salas, apreciar obras e incluso estudiar detalles a un punto que no es posible en los museos. Aun así, no han faltado críticas. Se dice que no es compatible con todos los formatos. Con las obras pictóricas no hay problema. Pero no ocurre lo mismo con otras técnicas que utilizan, por ejemplo, el volumen. "Hay que recorrer las esculturas para medir las distancias. Con lo virtual se pierde el sentido de la escala, que en este caso queda limitada por la pantalla. Ni la mejor resolución nos dirá si una escultura es grande o pequeña. No vamos a saber del material, de la textura", asegura Gustavo Ortiz, artista experto en imagen digital.

También hay inconformes con la selección de las obras, todas clásicos de la historia del arte. Esto, como ya se vio, le cae a los museos. "Ellos quieren ir a la fija, con obras consolidadas que todos quieren conocer", explica Ortiz. A Google, por su parte, se le reprocha la forma como presenta las obras. "Es un poco inocente. El arte permite ir más allá, experimentar. En esto tiene que ver que las obras sean todas clásicas -opina Juliana Restrepo, directora del Museo de Arte Moderno de Medellín-. Internet da muchas posibilidades: jugar, dibujar, interactuar, aquí no pasa nada de eso". A esto se suma que las obras no se pueden descargar, por cuestiones de derechos, para que los usuarios hagan con ellas lo mismo que hoy hacen con secuencias de películas en YouTube. Otros, por su parte, llaman la atención sobre la ausencia de obras de artistas y espacios de otros continentes. Rivera asegura que este vacío, así como el de obras más recientes, se suplirá en fases posteriores del proyecto: "Este proyecto nace con voluntad de seguir adelante, de expandirse. Va a gestionarse desde el centro cultural que Google abrirá en París con un equipo dedicado de tiempo completo a él".

Pero la pregunta gruesa sigue siendo hasta qué punto Google Art Project cambiará la forma como hoy se conciben los museos. ¿Su impacto en el arte será el mismo del mp3 en la industria músical?

El tema central aquí es si una mirada apoyada en muchos millones de pixeles puede sustituir el contacto cara a cara con la obra. Sobre esto hay consenso en que una pantalla, por muy alta que sea su resolución, no va a reemplazar la vivencia de estar en el museo. Esta experiencia tiene que ver, para María Belén Sáez, artista y curadora, con "el espacio, la sensación psíquica y física de estar en cierto lugar". Acá, de paso, se hacen evidentes las limitaciones que tendría Google Art para registrar no solo esculturas y obras con volumen y texturas, sino también happenings o performances que involucren olores o sabores. Para otros, simplemente se trata de dos formas diferentes de vivir el arte. Mientras la tecnología permite un nivel de detalle en una obra imperceptible incluso para el artista que la creó, estar frente a ella en su espacio de exhibición implica otro tipo de sensación. Eso cree Restrepo: "Hemos visto 'La Mona Lisa' toda la vida en los libros, pero no hay nada más emocionante que ir a verla al Louvre, de lejos y entre un tumulto".

Si está claro que ambas formas de disfrutar el arte no son excluyentes, entonces ¿qué va a cambiar Google Art Project? Para Sáez, en un escenario a largo plazo, herramientas como esta pueden ser una alternativa para que los museos cumplan con su misión de difundir el patrimonio y más bien utilicen espacios y recursos para nuevos fines. También hace énfasis en que gracias a estos desarrollos, el público ahora llega mucho más informado a las salas, incluso habiéndolas recorrido ya de forma virtual, algo que tienen que tener en cuenta los curadores a la hora de pensar las puestas en escena.

Sobre todo por esto, es muy probable que esta sea la vía por la que la tecnología va a replantear las artes plásticas y la forma de llegarle a la gente. La pregunta, entonces, es a qué velocidad tendrá lugar esta transformación. Por lo pronto, todo parece conducir a que las nuevas generaciones ya no irán a los museos para pararse frente a una obra y dejarse sorprender por ella. Tarde o temprano tendrán que dar un giro, cambiar los códigos e incluso, para terror de muchos, entender que el espectador ya no es pasivo y que detrás de todo está que el arte plástico, así como la literatura, la música y las películas, ya no son para mirar y no tocar.
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