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| 6/9/2012 12:00:00 AM

El gran provocador

Esta semana el escritor norteamericano Philip Roth obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras por su capacidad de expresar en sus obras la realidad contemporánea.

Antes que Woody Allen, antes que Tony Soprano, estaba Philip Roth, el judío más importante de Newark, New Jersey. En El lamento de Portnoy, la novela que en los años sesenta lo puso en el mapa de la literatura mundial, su álter ego y protagonista, Alexander Portnoy, en un largo monólogo de 301 páginas frente a su psiquiatra, se rebela contra una madre posesiva y una familia agobiante -para la que todo es pecado- reafirmando su vida sexual de una manera obsesiva, cruda, humorística. La madre de Portnoy ha sido considerada por la crítica como una de las grandes creaciones de la ficción moderna. "Cuando los historiadores futuros escriban la crónica de la sexualidad y el erotismo circa el siglo XXI, Philip Roth merecerá un lugar privilegiado en las fuentes", dijo Pablo Sol Mora. Es casi obvia la deuda de Woody Allen con Roth -el sexo, la madre, el psiquiatra- y aún más la de la serie Los Soprano, según le confesó Roth al periodista Antonio Lozano: "Solo he visto un episodio, pero puedo asegurarte que me robaron algo. En 'La conjura contra América' escribí sobre dos 'gángsters', Big Pussy y Little Pussy, a los que conocí en la vida real, y que luego han aparecido en la serie. Ahora resulta que Roth se lo birló a la televisión, pero fue al revés, porque mi novela es anterior".

Sus padres, inmigrantes judíos de Galitzia (en la actualidad, perteneciente a Ucrania), llegaron a vivir a un barrio de clase media baja de Newark. La ambición de formar parte de la cultura norteamericana y la imposibilidad de borrar del todo la herencia judía, es la tensión que alimenta su narrativa. En Pastoral americana, la ingenuidad del atlético Seymour Levov, prototipo del judío integrado a los valores de un país idílico -tranquilo, ordenado, exitoso, optimista-, es destruida de una manera abrupta. Su intención de convertir la vida en un perpetuo Día de Acción de Gracias, se echa a perder por los profundos cambios económicos y sociales de la década de los sesenta, cuando la guerra de Vietnam ya empezaba a enturbiar el panorama. En las siguientes novelas agrupadas bajo el título Trilogía americana y que incluyen Me casé con un comunista y La mancha humana, abordará sin eufemismos -su rasgo idiosincrásico- otros temas caros a los norteamericanos: el macartismo y la corrección política. Esta última, a través de una historia en la que su personaje Coleman Silk entabla una relación con una joven analfabeta: "Yo sé que todo error que pueda cometer un hombre suele tener un detonante sexual". Las alusiones a Bill Clinton y su escándalo con Monica Lewinsky son evidentes. Philip Roth es un cronista de la sociedad norteamericana -de sus grandes momentos- y a la vez su gran instigador. Sabe que la función esencial de un escritor es perturbar la sociedad a la que pertenece. Desde luego, a través de la ficción y de personajes inventados. Su universo literario tiene un sesgo autobiográfico y está poblado de álter egos entrañables, que nunca llegan a ocultarlo del todo: Zuckerman, Tarnopol, Portnoy, Kepesh.

En cierta tradición judía heterodoxa, dios es un payaso que se divierte con el mundo. Las inquietudes existenciales y religiosas, los temas del sexo, el amor y la muerte, hacen de

Philip Roth un escritor universal. Eros y Tánatos engloban toda su obra en la que la afirmación rabiosa del sexo se convierte "en una venganza contra la muerte". Siempre provocador y siempre buscando en cada nuevo libro ir más allá del territorio conocido, no ha dejado de asombrar: "Cuando un hombre está con dos mujeres a la vez, no es infrecuente que una de las mujeres, que con razón o sin ella se siente postergada, acabe llorando en un rincón de la estancia". Aunque, hay que decirlo, en su último periodo, caracterizado por novelas cortas, Tánatos parece tener un mayor protagonismo.

Junto con Cormac McCarthy y Don DeLillo, constituye la santísima trinidad de los grandes escritores norteamericanos vivos. A sus 79 años y con 29 novelas, ha ganado todos los premios importantes, excepto el Nobel, del cual cada año es eterno candidato. El Príncipe de Asturias de las Letras que acaba de obtener también le fue otorgado a los del Nobel Camilo José Cela, Doris Lessing y Mario Vargas Llosa. Podría ser un buen augurio.
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