Martes, 2 de septiembre de 2014

Mourad Merzouki se ha caracterizado por sus denuncias sociales y por querer alejar el hip hop del contexto de marginalidad al que se asocia, evitando los estereotipos sociales. Foto: Diana Carolina Sánchez - SEMANA

| 2013/05/02 00:00

El gran renovador mundial del Hip-hop

El reconocido director de la compañía francesa Käfig, Mourad Merzouki, estará en la Primera Bienal Internacional de Danza en Cali.

Cali desea adquirir reconocimiento mundial como capital del deporte y las artes, a mediados de año será sede de Los Juegos Mundiales y en noviembre realizará la Primera Bienal Internacional de Danza. Como parte del prelanzamiento de la Bienal, el jueves 2 de mayo se presentará la Compañía francesa Käfig en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá.

Käfig es uno de los grupos de danza contemporánea y hip-hop más relevantes actualmente en el panorama internacional. La compañía se ha caracterizado por construir un lenguaje único que fusiona la fuerza de las danzas urbanas con la danza contemporánea.

El grupo nació en 1997 de la mano de Mourad Merzouki, reconocido por ser el gran renovador del lenguaje hip-hop, trascendiéndolo en las vertientes coreográfica, escenográfica y estética.

A su llegada a Bogotá, Semana.com habló con el director francés Mourad Merzouki, quien además de reivindicar el hip-hop como expresión, también se ha caracterizado por sus denuncias sociales y por querer alejar a este género del contexto de marginalidad al que se asocia, evitando los estereotipos sociales.

Semana.com: ¿Por qué escoger el nombre ‘Käfig’ para un grupo de danza?

Mourad Merzouki: Es el nombre de mi primer show hace ya varios años y significa “jaula”. El Hip-hop estaba reprimido, estigmatizado. Al darle el nombre de jaula a mi compañía lo que pretendía era todo lo contrario, mostrar que el género era capaz de salir de la cárcel, de la represión, que podía ser libre, que era una danza para todos. Quería abrir el hip-hop, a los pobres, a los ricos, a los jóvenes, a los viejos, a todos. Mi deseo era cambiar nuestra mentalidad para así dignificar el hip-hop.

Semana.com: Usted suele trabajar con personas que han vivido en los suburbios, ¿de dónde surgió la idea de crear una marca prestigiosa con gente que ha vivido en la marginalidad?

M.M.: La historia del hip-hop surgió en los suburbios americanos en 1900. Cuando descubrí el hip-hop supe que quería hacer algo positivo con la danza, con el arte. Al trabajar con la gente de zonas marginales me gusta pensar que quizás ellos pueden cambiar su percepción de la sociedad y de la injusta vida que muchas veces les tocó vivir y para eso que mejor que lograr que la danza les abra puertas y les cambie el destino.

Semana.com: En 2009 creó en Francia un centro llamado Pole Pik al cuál definió como un laboratorio de experimentación de danzas urbanas, ¿qué es lo que busca con esta propuesta?

M.M: El hip-hop nació en las calles, sin un lugar donde aprender o enseñar este baile, así que durante años soñé con un lugar establecido para poder transmitir y trabajar el hip-hop. Es la primera vez que una compañía abre un sitio de estos y que le ofrece a artistas callejeros la oportunidad de perfeccionarse. Además, me siento muy feliz porque logré ponerla en funcionamiento en Bron, una ciudad francesa con duras condiciones sociales.

Semana.com: Si hay otro detalle que llama la atención sobre su trabajo es que le gusta contar con bailarines de otros países, no solo franceses, ¿cómo es trabajar con personas de otras regiones e incluso de otros continentes?

M.M.: Aprendo mucho de las culturas, son nuevas experiencias. Quiero conocer y vivir el mundo y cada vez que trabajo con bailarines extranjeros me nutro como profesional y como persona, además que veo otras expresiones de hip-hop distintas a las francesas y europeas. Al internacionalizar este género creo que ayudo a la reivindicación de la danza, ayudo a mostrar que el hip-hop también es coreográfico y que se puede nutrir de capoeira, break dance y muchos otros géneros.

Semana.com: ¿Cuándo se enamoró del hip-hop?

M.M.: Cuando tenía siete años mi papá practicaba boxeo y yo me enamoré de ese deporte e incluso lo llegué a practicar, también, cuando tenía ocho o nueve años, empecé a practicar acrobacias y me encantaba y aún me encanta el circo. Siendo todavía muy niño me gustaba hacer ‘shows’ que divirtieran a un público, en ese momento el de mi escuela era el ideal.

A los 17 años conocí el hip-hop y me gustó porque en esta danza hay muchas acrobacias como en el circo y mucha fuerza como en el boxeo, ahí se unió todo. Con el hip-hop podía bailar, hacer acrobacias, coreografías y contar historias. Digamos que sin saberlo, desde pequeño mi padre guió mi destino a lo que soy ahora.

Semana.com: ¿Y no fue muy difícil combinar artes marciales, hip-hop y acrobacias de circo?

M.M.: No es difícil en realidad. Cuando ves boxeo o artes marciales no te imaginas que puedas hacer una coreografía con eso. Pero es simple, por ejemplo, si escuchas a Muhammad Ali, él dice que antes que boxeador es bailarín, así me sentía yo cuando practicaba ese deporte, pensaba en los movimientos y la coordinación, todo era como un baile sincronizado. En las artes circenses hay mucha acrobacia, como ocurre en el hip-hop.

Semana.com: En el show que trae a Colombia sus 11 bailarines son hombres, ¿por qué no hay mujeres?

M.M.: La verdad es difícil encontrar mujeres interesadas en bailar este género. Este baile es de mucha fuerza y poder, y aunque ya se pueden ver mujeres bailando (por cierto muy buenas, tengo algunos ‘shows’ solo con mujeres), no se puede negar que sigue siendo una danza más masculina que femenina.

Semana.com: ¿Cómo contar historias a través de la danza?

M.M.: Hay una gran ventaja y es que la danza es un lenguaje corporal, es un lenguaje universal y por eso, sin importar el idioma  se logra entender el mensaje. Si bailas en Colombia, en Brasil o en África, la gente te entiende porque no te comunicas con la lengua, te comunicas con el cuerpo.

Semana.com: Käfig llega con dos coreografías interpretadas por bailarines brasileños que provienen de las favelas de ese país, ¿cuál es el mensaje que Merzouki quiere transmitir?

M.M.: Una de las coreografías es Correría, una apuesta del cuerpo en acción, demostrando una milimétrica precisión técnica. La otra es Agwa, la cual nos traslada a lo esencial de la vida, el agua como componente esencial del cuerpo y a la vez el recurso natural valioso y vital más importante que tenemos. Quiero que después de ver el show la gente salga feliz, que se hayan divertido.

En cuanto a los bailarines de las favelas, mi interés es que ellos se den cuenta que es posible ver la vida de una mejor forma a la vez que el público asimila que existe talento, aún en donde ellos creen que todo está perdido.

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