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| 3/19/2011 12:00:00 AM

El Guggenheim de Slim

En un singular edificio destinado a convertirse en ícono de la capital mexicana, el próximo 28 de marzo abre sus puertas la nueva sede del Museo Soumaya con parte de la colección de arte del hombre más rico del mundo.

Cuando se juntan arquitectura, arte y mecenazgo el resultado suele ser un ícono. Así acaba de ocurrir en el Distrito Federal, donde a finales de este mes abrirá sus puertas la nueva e impresionante sede del Museo Soumaya, propiedad de Carlos Slim, que lleva el nombre de su esposa, fallecida en 1999. En un impactante edificio diseñado por Fernando Romero -yerno del magnate- se exhibirán 6.000 de las 62.000 piezas que componen una colección que por más de treinta años ha acumulado el hombre más rico del mundo. "Este museo es para que los mexicanos que no pueden viajar, tengan un espacio donde ver este arte en su país", afirmó el día de la inauguración.

Pero el museo no solo pretende ser un espacio para el encuentro con el arte. Es también la punta de lanza de un plan de desarrollo urbano en la zona de Polanco, una de las de mayor valorización del Distrito Federal. Será una pequeña ciudad con el sello del emporio Slim. En torno al museo se construirá un teatro subterráneo con capacidad para 1.500 personas, otro museo destinado a la galería de la colección de arte moderno Jumex (después de la de Slim, la segunda más grande de México), la sede de las empresas del grupo, además de apartamentos, salas de cine y almacenes.

El edificio del museo, que costó 34 millones de dólares, albergará una colección que abarca seis siglos de arte y que desde 1994 se exhibía en otro recinto, más modesto, al sur del Distrito Federal. Por tratarse de una colección privada, hay piezas de muchas épocas, escuelas y técnicas. Se destaca la mayor colección de Rodin por fuera de Francia, que ocupará todo el sexto piso e incluye obras como Los burgueses de Calais, El beso, Las tres sombras y una copia autorizada por el autor de su muy conocido Pensador. Las del francés no son las únicas esculturas. También hay de Dalí, de Botero y una de las únicas ocho réplicas exactas autorizadas por la familia Buonarroti de la Piedad de Miguel Ángel. Esta la encontrarán los visitantes a la entrada del museo junto a Río Juchitán, el último mural que realizó Diego Rivera, que se suma a otros de David Siqueiros y Rufino Tamayo.

El gancho para el gran público serán las obras impresionistas de Monet, Pissarro, Renoir, Degas y de sus herederos Van Gogh y Toulouse-Lautrec. Hay también cuadros de los fauvistas Georges Rouault y Paul Gauguin. El cubismo de Picasso, la pintura metafísica de De Chirico, así como los surrealistas Max Ernst y Joan Miró también tienen su espacio.

Un piso tendrá la colección personal de Slim de billetes y monedas, en oro y plata, la más grande de su país. Esta incluye una de medallas al mérito civil y militar del Segundo Imperio Mexicano. Habrá un nivel para retratos mexicanos del siglo XIX y para miniaturas y relicarios del siglo XX. Otra galería será para la moda de los siglos XVIII al XX, con brocados, damascos, sedas y terciopelos. Muebles y joyas que pertenecieron a la realeza europea complementan esta muestra. El quinto piso será el de las exposiciones temporales. La primera será una colección de arte mesoamericano desde el 400 hasta el 600 a.C.

Llama la atención que la entrada al museo sea gratuita. Slim, que sigue siendo propietario de las obras y del museo, pretende, según ha dicho, compartir su inmensa colección. En esto se diferencia de otros mecenas que también han emprendido proyectos similares, como Solomon Guggenheim, pero que además han querido, a través de fundaciones, promover la creación artística. Un caso más reciente es el del multimillonario iraquí Charles Saatchi, quien además de apadrinar jóvenes talentosos, el año pasado donó su galería londinense incluidas más de 200 obras avaluadas por encima de 37 millones de dólares. Al magnate tampoco lo mueve la necesidad de acceder a estímulos tributarios (algo común en estos casos) pues en México, como en Colombia, no existe una ley que estimule el mecenazgo; solo quienes invierten en el cine pueden gozar de incentivos tributarios.

Sin duda, además del altruismo, con su gran museo gratuito Slim también busca impulsar el desarrollo de su proyecto inmobiliario en torno a un gran ícono. El arte encuentra en proyectos de este tipo un lugar que para algunos es demasiado cercano al entretenimiento. Lo que a nadie le parece excesivo es que un multimillonario -no importa por qué razón- permita que la gente disfrute de su colección de arte. Esto es algo digno de aplaudir y, sobre todo, de imitar.
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