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| 5/5/2007 12:00:00 AM

El hombre araña 3

La primera trilogía del superhéroe más humano ha llegado a su fin con la misma gracia con la que comenzó.

Título original: Spider Man 3.
Año de estreno: 2007.
Dirección: Sam Raimi.
Actores: Tobey Maguire, Kirsten Dunst, James Franco, Thomas Haden Church, Topher Grace, Bryce Dallas Howard, James Cromwell, Rosemary Harris, J. K. Simmons, Bill Nunn.
 
No hay nada qué hacer. Debemos darle las gracias a la nueva trilogía de El hombre araña. Puso de nuevo en el mapa al superhéroe más humano que ha nacido en las páginas de los cómics. Logró conmover a los espectadores con una historia bien contada, una historia en tres partes, en la que los grandes estallidos resuelven las emociones (el amor, la culpa, los deseos de venganza) que están a punto de enloquecer a los personajes principales. Hizo justo a tiempo, sin caer en lo evidente, cierta reflexión sobre los Estados Unidos de tiempos del terrorismo. Y les devolvió a los cinéfilos de ahora, anestesiados ante tantas pantallas luminosas, la sensación de que el cine es el lugar en donde todo es posible. Ha sido un gran logro.

Esta estupenda tercera parte, que ata los cabos del relato (y que lo envía a uno de vuelta, arrepentido, a las dos entregas anteriores), le permite al joven Peter Parker ser tan torpe, tan bueno y tan triste como siempre. Lo deja tener de novia, por fin, a esa frágil Mary Jane Watson que en este punto de la aventura ya ha llegado a convertirse en actriz de Broadway. Lo obliga a reparar su irreparable amistad con el huérfano multimillonario Harry Osborn. Lo enfrenta a las escenas más dolorosas de su pasado mientras resiste los embates de un par de enemigos invencibles: el viscoso Veneno y el triste Hombre de arena. Y lo lleva una vez más, por supuesto, a asumir las responsabilidades de una pesada vocación que (como todas las vocaciones) le quedaría grande a cualquiera.

Y sí, las imágenes lo dejan a uno con la boca abierta, los efectos especiales bastarían para haber vivido una experiencia imborrable, pero son los amores contrariados, las culpas paralizadoras y los deseos de venganza de los protagonistas lo que nos deja sin defensas desde las primeras secuencias del largometraje. Conmueve, si se está atento a esas cosas, una mirada crítica a unos Estados Unidos que se han alejado tanto de los juegos progresistas de los 60, que han perdido de vista las historias de iniciación que fundaron su cultura y que han regresado a los cines en la búsqueda de algún superhéroe que les prometa que el miedo se va a terminar de un momento a otro.

Detrás de las tres entregas de El hombre araña, detrás de aquella enrevesada lógica infantil que nos convence a tantos, se encuentra un gran cineasta llamado Sam Raimi. Raimi, que como los grandes directores de este tipo de películas (como Steven Spielberg, como Robert Zemeckis, como Peter Jackson) empezó su carrera filmando aventuras de terror, ha conseguido captar con su cámara una serie de actuaciones, una serie de bromas, una serie de secuencias de acción que soñaba desde niño. Y su entusiasmo de fanático, su conocimiento profundo de los dilemas del protagonista, ha sido contagioso: le ha ganado la batalla a ese cinismo general que parece un villano de cómic.
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