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| 11/1/1982 12:00:00 AM

EL HOMBRE BUENO DE RIO VERMELHO

A los 70 años, Jorge Amado, picaresco y popular, ratifica su fe en la misión política y social del escritor.

La llegada a Colombia de Sonia Braga, la genial actriz brasileña de "Doña Flor y sus dos maridos", ha hecho vibrar muchos corazones y revivió pasiones hasta de santafereños. Sus películas, la música, los personajes que ha encarnado, están en boca de las gentes. Chico Buarque resuena con su "¿Qué será?" por todas partes. Sin embargo, muchos olvidan, o desconocen, al autor que dio origen, en la literatura, a todo este furor de samba.
A Jorge Amado le sucede un poco lo que a Neruda en sus buenos tiempos: en cada ciudad o pueblito remoto del Brasil a donde llega, las gentes salen a recibirlo, lo homenajean, lo admiran, lo han leído, lo quieren. Lo llaman "el hombre bueno de "Río Vermelho", y no falta quien lo califique de "Tribuno popular del Brasil". En este año de 1982, Jorge Amado ha cumplido 70 años. En efecto, nació en 1912 en el Estado Federal de Bahía, y más exactamente en la Quinta Pirangí, cerca del pueblo de llhéus, en el seno de la familia de un plantador de cacao de medianos recursos. Y en 1927, a los 15 años, ya estaría publicando el primero de una larga lista de cuentos, novelas, ensayos y biografías, que lo han llevado a ser el escritor más editado del Brasil, varias de cuyas novelas ya han sido llevadas al cine, y en su casi totalidad traducidas a más de 30 idiomas.
Siendo aún muy niño Amado, su padre fue víctima de la violencia terrateniente del cacao en el Brasil, perdió la tierra. fue herido y quedó en la miseria. Debió trasladarse a Salvador, donde bien que mal pudo hallar puesto para su hijo en el colegio de los Jesuitas. Pero Jorge Amado no estaba para colegios. A los 13 años ya había huido del colegio y comenzó a ganarse la vida como peón en las plantaciones cacaoteras. Un año antes ya había escrito su primer cuento, y dos después vería aparecer publicado un relato suyo por primera vez: se trataba del cuento "A semana", que por cierto fue ampliamente elogiado por la crítica.
Amado, evidentemente, leía con verdadera avidez a sus maestros preferidos: Cervantes, Dickens, Tolstoi, Zolá y los brasileños Machado de Assis y José de Alencar. Pero ya entonces su decisión explícita era la de escribir "para retener el estado, el rostro, la condición del Brasil y de su pueblo" Por ello el material de su obra fue desde el mismo comienzo la vida de los negros y mulatos, pescadores pobres, prostitutas, peones, bebedores, niños y hasta holgazanes bonachones de Salvador de Bahía. Y entre los 17 y 22 años de edad, hizo famosas las novelas que componen su ciclo crítico social de Bahía, una sensación literaria y un escándalo político al mismo tiempo.

EXILIOS Y NUEVAS CREACIONES
" Todo lo que puedo y lo que soy y lo que hasta ahora he realizado se lo debo a mi pueblo, a mi país, a mi ambiente", ha dicho Jorge Amado en un reciente reportaje. Pero precisamente de ese ambiente debió salir Amado en varias ocasiones, por su deseo de "ayudar con mis libros a mi pueblo (...) contribuir a derribar las barreras de la miseria la desesperación". Porque en 1939, el escritor ingresó al Frente Popular, única alternativa de oposición de ese entonces, y dos años después fue expulsado del país y obligado a refugiarse en la Argentina, donde entonces realizó sus dos trabajos biográficos: uno sobre Castro Alves, el poeta popular del siglo XIX brasileño, y otro sobre el dirigente popular Carlos Prestes. Asimismo, redacta la novela "Tierra del sin fin", tras lo cual puede regresar al Brasil por un breve lapso de tres años. En 1945 resulta elegido diputado al parlamento por el Partido Comunista, pero inmediatamente sobreviene la dictadura del general Dutra, y Amado debe pasar forzosamente otro largo exilio durante el cual recorre Francia, Italia y Checoslovaquia. Para entonces ha escrito las novelas "San Jorge de llhéus" y "Los caminos del hambre", así como la pieza teatral "El amor del soldado" y la guía de viaje "Bahía de todos los Santos".
Al regresar al Brasil, Jorge Amado es ya una figura reconocida mundialmente. Ha recibido el Premio Lenin y el Premio Stalin, sus obras son traducidas a varios idiomas y comienza apenas la madurez de su extensa obra literaria, en la cual alternan las obras políticas, las documentales, los relatos de viajes, dramas, poemas, novelas, cuentos, biografías y hasta discos.

LA GENERACION DE UN PERIODO CRITICO
Amado y sus compañeros de generación han sido calificados como los postmodernistas brasileños, en razón a su similitud con los así denominados poetas y narradores del resto de hispanoamérica: Oliverio Girondo, Baldomero Fernández Moreno, Luis Carlos López y Ramón López Velarde, para sólo mencionar a unos pocos. Entre éstos, se ubican los también llamados "Generación de 1930" en el Brasil: el propio Amado, Euclides de Cunha, Alencar y Monteiro Lobato.
Una generación en medio del conflicto que aún hoy marca los dos posibles destinos del Brasil. Eran los tiempos de un agudo enfrentamiento entre los demócratas y los abiertos partidarios de la dictadura, fundamentalmente aquellos terratenientes enriquecidos por la bonanza cafetera, la bonanza cauchera, la bonanza cacaotera... los mismos que habían arruinado y robado al padre de Jorge Amado, cuyo grupo generacional, por cierto brillante, salió a la luz con la bandera de la solidaridad con el pueblo.

LA EXPRESION DE LA CULTURA MESTIZA
Durante la década del 30, Amado publica seis novelas: además de la ya mencionada, aparecen entonces "Cacao" ( 1933), "Sudor" ( 1934), "Jubiabá (epopeya del negro brasileño)" ( 1935), "Mar muerto" ( 1936) y "Capitanes de Arena" (1937). Resaltaban en este fecundo ciclo de juventud los conocimientos ricos y variados del autor sobre la vida de su pueblo: el lenguaje, expresivo como el que más, apoyaba los temas y las acciones con un vigor inusitado en las letras brasileras. Se ponían también de manifiesto las simpatías de Amado, del lado del pueblo, y la satirización caricaturesca de sus enemigos, en un ambiente de picaresca contemporánea que ha sido llamado con razón la expresión de la cultura mestiza del Brasil.
Ya por entonces, Europa se interesa por este novelista: Jean Paul Sartre hará incluir poco después un célebre cuento de Amado en la revista "Les Temps modernes". Se trata de "La muerte y la muerte de Quincas Berrido D'agua".
Entre 1951 y 1958, Amado sigue y sigue escribiendo: relata su largo viaje de exilio en "El mundo de la paz", y realiza el tríptico "Los subterráneos de la libertad", compuesto por las novelas "Tiempos Asperos", "Agonía de la noche", y "La luz en el túnel", cuidadosamente elaborados con la convicción de que "La buena literatura es el arma del pueblo", lo cual rige también para su novela de 1958, "Gabriela, clavo y canela", y para su producción de las últimas dos décadas, que además de un bello libro ilustrado sobre la ciudad de Salvador ("Bahía, tierra buena, Bahía"), comprende las novelas "Los viejos marineros", "Los pastores de la noche", "Doña Flor y sus dos maridos" y "La tienda de los milagros".
En 1961, por fin, Amado aceptó entrar a la Academia Brasileira de Letras, pero en su discurso de posesión atacó la situación social de su país y ratificó su fe en la misión político social del escritor.
Pero a ninguno de sus detractores, de los que critican su insistencia en la ironía, se le ocurrió que Jorge Amado pudiera pregonar que:
"Mis relatos quieren demostrar que a pesar de la dura vida, caracterizada por la opresión y la miseria, en el pueblo existe optimismo. En mis libros el pueblo nunca es vencido. Yo los presento siempre de forma que el pueblo vence la miseria, que a a causa de su propia fuerza esa miseria es dominada"
Guillermo Alberto Arévalo
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