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| 4/15/1996 12:00:00 AM

EL HOMBRE DE SANTA EVITA

DE PASO POR COLOMBIA TOMAS ELOY MARTINEZ HABLO DE LAS VERDADES Y LAS MENTIRAS DE SANTA EVITA LA NOVELA QUE ESTA CAUSANDO FUROR EN TODA LATINOAMERICA.

El hombre de Santa Evita escribió su primera novela en 20 horas. Corrían los años 60 y el periódico La Nación, uno de los más influyentes de la intelectualidad argentina de entonces, había decidido desistir de sus servicios de crítico decine por su virulenta posición frente a las grandes productoras de Hollywood, en defensa de esa ola de independientes liderados por Truffaut, Godart, Fellini y Antonioni que amenazaba con robarle espectadores a la gran industria. La gota que rebosó la copa fue su implacable comentario sobre Ben Hur (la película más premiada en la historia del Oscar), acerca de la cual comentó que salvo la carrera de cuádrigas, la cinta era abominable. La amenaza de las majors de cortar la publicidad en el diario, determinó su salida.Con serias dificultades económicas, Tomás Eloy Martínez no tuvo más remedio que aceptar el reto que su amigo Augusto Roa Bastos le soltó de repente. Un productor quería hacer una película sobre una prostituta y un boxeador y necesitaba con urgencia una novela que tratara el tema. Roa Bastos le dijo: "Tomás Eloy tiene una. Mañana se la muestra". "No tuve más remedio que escribirla, dice Eloy Martínez. "Me senté a las nueve de la noche y no me paré hasta concluirla al otro día a las seis de la tarde. Era malísima, se llamaba 'Sagrado' y jamás la llevaron al cine. Pero me pagaron 15.000 dólares, una cifra descomunal en ese tiempo con la que compré mi primer automóvil".Pero aunque improvisada y mala, Sagrado no hizo sino confirmar una idea que Tomás Eloy Martínez, quien hoy se ha convertido en el suceso editorial del momento por cuenta de su extraordinaria narración sobre la historia del cadáver de Evita, vislumbró en su infancia. No lo sabía entonces, pero muchos años después tendría que agradecer tácitamente a sus padres los castigos que terminaron por despertarle la pasión literaria. Antes de cumplir los nueve años ya la magia del cine había maravillado sus ojos y buena parte de sus horas libres las pasaba en Tucumán asistiendo al más completo y revolucionario invento después de la imprenta. Gracias al cine despertó su sensibilidad, y también gracias a él _por omisión, curiosamente_ descubrió las letras.Y era que el mayor castigo a las rebeldías de Tomás Eloy era el designio de su padre de negarle el cinema por períodos de tiempo que se prolongaban dependiendo de la falta cometida. Entonces el niño se refugiaba en su habitación y fascinado por la colección filatélica de uno de los vecinos, imaginaba que se volvía pequeño, tan pequeño que podía fugarse en el paisaje de alguna de las estampillas guardadas en su memoria. Así nacieron sus primeros cuentos, antes de que le diera por cometer poesía. "Eran unos versos de adolescente espantosos que, no obstante, me ocasionaron dos premios consecutivos de poesía en mi provincia, por encima de autores mucho mayores que yo. Tenía unos 14 años y entonces me imaginé a mí mismo escritor", dice Tomás Eloy no sin cierta ironía, pues aunque la poesía le descubrió la profesión, jamás volvería a componerla. Más bien se dedicaría al periodismo y una vez en él, la reportería y la crónica construirían la garrocha para saltar la cerca hacia el vecino territorio de la novela, allí donde por fin todo le estaba permitido a la imaginación. Así escribió La novela de Perón (1985), sobre la cual tuvo que advertir que aunque todo lo que en ella se decía era cierto, era la verdad de una novela y no la periodística. Y también así escribió Santa Evita, la novela sobre el peregrinaje del cadáver de Eva Duarte desde su muerte en 1952 hasta su sepultura final, 24 años después, que hoy es un fenómeno editorial en todos los países de habla hispana. La frase de Gabriel García Márquez que acompaña la carátula _"aquí está, por fin, el libro que yo quería leer"_ bastó para que la primera edición del libro se agotara en cuestión de días. Pero la estrategia de mercadeo resultó siendo sólo eso, pues la crítica generalizada ha valorado a Santa Evita como una de las piezas más maravillosas de la literatura latinoamericana posterior al boom. Tanto que, a pesar de no haber sido traducida todavía al inglés, el New York Times le dedicó en su momento una página entera de su edición dominical. El mito y la realidadEl éxito de la novela no sólo parece residir en su excelente narración, sino también en el rescate del hecho mitológico como argumento novelístico, el mismo que hizo posible la irrupción de Latinoamérica en las letras universales. Eva Duarte de Perón comenzó siendo para Tomás Eloy Martínez apenas una curiosidad periodística, suficiente para devorar largos años en la tarea de tapar los baches alrededor de la historia de una figura que había logrado transformarse en un mito imborrable en la mente de los argentinos. Desharrapada y frágil, con el sufrimiento pegado a sus costillas en la Buenos Aires de los años 40, Evita había pasado en corto tiempo de ser una paupérrima cantante de cabaret a algo más que una reina, una especie de virgen redentora para un pueblo hambriento. De la sima a la cúspide, esta cenicienta había sido tocada por la varita mágica de una inexplicable hada madrina que la colocó en el trono de Argentina para siempre, de la mano de su esposo, Juan Domingo Perón. "Esa misma niña que encarnaba el replanteamiento social que tanto criticó Julio Cortázar, comenta Tomás Eloy, fue la que me permitió describir, a través del mito de Evita, la Argentina contemporánea. Tanto que lo que empezó en mí como un interés profesional, terminó transformado en una obsesión que desbordó las fronteras mitológicas".Y es que es esa fascinación de la imagen de Evita, que envolvió al propio Martínez, también deslindó los límites del libro. "La novela, aunque está construida con recursos periodísticos y basada en hechos históricos, es completamente fábula. Pero ella misma ha empezado a tomar visos de realidad, como ha sucedido con muchos personajes de García Márquez, dice el escritor. Las copias de los cadáveres de Evita son, por supuesto, una ficción, pero a pesar de ello he encontrado personas que juran haber visto más de una y hasta un escultor asegura haber realizado él mismo una de ellas".Así las cosas, ¿hasta dónde deben cruzarse los límites de la novela y el periodismo? "Hay que advertirle al lector que lo que se escribe es una novela, y luego, ya en ella, debes mentirle al lector todo lo que puedas dentro del texto, y mentirle muy bien para que el lector crea que está dentro de una verdad. Pero cuando el lector se salga del texto, debe saber que fue víctima de un hechizo, como en el cine. Ese es el encanto de la literatura".Con el éxito literario asegurado por unos buenos meses, Tomás Eloy Martínez está dedicado a preparar las traducciones de Santa Evita al inglés, el francés y el alemán, mientras continúa en la dirección del programa de estudios latinoamericanos en Rutgers University, Estados Unidos. Después de tantos avatares en el tiempo, de haber sido guionista de cine, exiliado político y sufrir del periodismo como los buenos reporteros, su vida ahora es un poco más calmada. Al fin y al cabo, la experiencia se lo permite. "Comencé escribiendo una novela en 20 horas, luego mucho periodismo y una novela cada dos años. Ahora escribo una cada cinco, porque cada vez las novelas dan más trabajo".
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