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| 7/23/1984 12:00:00 AM

EL HOMBRE DESVENTURADO

Patricia Highsmith, una escritora que hace volar la imaginación de los cineastas

"Once Relatos". Patricia Highsmith. Editorial Planeta, Prólogo de Graham Greene, 184 páginas, Barcelona, 1983
Ahora cuando Win Wenders ha ganado la Palma de Oro del Festival de Cannes, el nombre de Patricia Highsmith adquiere nueva resonancia. Para quienes conocen el curso del nuevo cine alemán una de las películas más significativas, que marcó un momento histórico, y que revelara la plenitud del talento de Wenders fue "El amigo americano". Allí Wenders dio rumbo y definió en buena medida las particularidades de sus personajes. Hombres en tránsito, húespedes de paso, desarraigados viajeros que se mueven en paisajes desolados creando toda una sobrecogedora atmósfera de silencio y abandono. "El amigo americano" está basada en una novela de Patricia Highsmith: "El juego de Rpley". Y ésta es la importancia que Highsmith adquiere con el premio de Win Wenders: indicar que la novelista norteamericana (nacida en Fort Worth, Texas, en 1921), ha creado una de las literaturas más vitales y tensas, y más reveladoras de la soledad del hombre contemporáneo. "Mar de fondo", "Crímenes imaginarios", "Cuentos misóginos", "El cuchillo", "A merced del viento", son algunos títulos de sus libros que han hecho que la fama de esta autora se acreciente y con ella la curiosidad por sus temas espluznantes. "Patricia Highsmith --escribió Graham Greene-- es una poetisa del recelo y la aprehensión más que del miedo".
El libro de Planeta "Once relatos" recoge once cuentos cortos magistrales de la autora. Aquí podemos comprobar que más angustioso que una postura existencial atormentada, la condición del hombre es para Highsmith la de una fatal desventura. "El hombre está destinado a buscar lo inexistente": le dice un personaje a otro en uno de estos cuentos, pero no es esta afirmación lo que nos va afectar. Más adelante el interlocutor se ha internado en una expedición en una pequeña isla y cuando el hombre que busca logra su hallazgo,este encuentro se le revela como algo que lo va a destruir irremediablemente. Es probable que para la construcción dramática de sus cuentos y novelas Patricia Highsmith haya construido un mecanismo que como una trampa mortal esté destinado a atrapar al lector en forma similar a la que sus personajes caen como víctimas de sus propios mecanismos. Esta transformación de destinos literarios en mecanismos y resortes psicológicos es uno de sus más virtuosos hallazgos. Sus pequeñas máquinas diabólicas de producir suspenso, ansiedad y aprehensión funcionan evanescente, envolventemente como un veneno que además nos gusta. Y si no nos gustara, nuestra curiosidad por el desenlance del desastre de los destinos ha ido tan lejos, y ha sido a tal punto aguijoneada que inevitablemeníe caemos en la trampa mortal perfectamente tendida por esta autora que seduce con rudeza . No hay sutileza en ella, los hechos de la vida aparecen desnudos, sin atenuantes, como son, vacios en su incapacidad para remitirse a algo distinto que los trascienda... y sin embargo estos relatos tienen la extraña capacidad de suspender al lector estremecido en la contemplación, entre horrorizada y maravillada, de un espectáculo donde el peligro está acechando tanto adentro como afuera; en el mundo real de los objetos y las personas palpables, como también --y más peligrosamente-- en el mundo mental de los personajes. Esa frontera entre lo racional y lo irracional que nos asegura en la vida una productividad cierta, en la literatura de Patricia Highsmith se convierte en un fragoroso campo de batalla.
Tan pronto nos sentimos heridos en nuestra racionalidad, como regresamos de un arduo combate con lo irracional. Y al revés. Lo mismo sucede con el bien y el mal. Las relaciones entre el bien y el mal, entre el bueno el malo, crearon un arte --y un artificio-- que le dieron su dinamica pertinaz a las novelas clásicas de detectives. Con Patricia Highsmith ya no son posibles los juicios morales. Basta una frase, la descripción de un estado mental para que nuestros juicios se vengan abajo sin concesiones y empecemos a buscar nuevos asideros. Este estado de zozobra, inquietud intangible, esa sensación de que hay algo demasiado frágil en la vida, es lo que Patricia Highsmith transmite en sus cuentos y novelas con absoluta fidelidad a la observación de la vida pero siempre como una fría constatación, jamás como una protesta. Nada parece trascendental allí, pero tampoco nada es intrascendente; por el contrario, todo es fatal, indecifrable y aún así completamente comprensible. Es como si Patricia Highsmith con sus relatos razgara un velo de Maya para mostrarnos la realidad tal cual es, con toda su crueldad.--
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