Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/01/06 00:00

EL HOMBRE EN LA LUNA

EL CIENTIFICO JULIO GARAVITO ARMERO, HOMENAJEADO EN EL NUEVO BILLETE DE 2O.OOO PESOS, ES EL UNICO COLOMBIANO QUE TIENE SU NOMBRE INSCRITO EN LA LUNA

EL HOMBRE EN LA LUNA

El hombre en la LunaEl científico Julio Garavito Armero, homenajeado en el nuevo billete de 20.000 pesos, es el único colombiano que tiene su nombre inscrito en la Luna.Acostumbrado a ver en los billetes nacionales a los héroes de la Independencia, más de un colombiano debió de quedar sorprendido ante el rostro desconocido del científico Julio Garavito Armero en el nuevo billete de20.000 pesos. Opacado durante años, Garavito no ha sido precisamente un personaje popular. Incluso muchos colombianos se enteraron de su existencia gracias al homenaje del Banco de la República. Pero lo cierto es que se trata de uno de los científicos más destacados en la historia de Colombia.Garavito Armero fue el Celestino Mutis o el Sabio Caldas de su tiempo. Nacido en Bogotá en 1865, en su infancia ya había dejado asomar su talento en el conocimiento matemático, al punto que demostraría con suficiente precocidad su voracidad por la ciencia. Tanto que a los 27 años ya había sido nombrado director del Observatorio Astronómico Nacional, un año después de haberse graduado en matemáticas e ingeniería en la Escuela de Ingenieros.La óptica matemática y la mecánica celeste fueron la pasión de una carrera dedicada en la mayoría de su trayecto al estudio de la Luna y sus movimientos, investigaciones que lo llevarían a ganar prestigio mundial. Sin ir más lejos, la Unión Astronómica Internacional, menos de un año después de que el hombre pisara por primera vez la Luna, bautizó con su nombre una serie de cráteres ubicados en el lado oscuro del satélite. El homenaje no era sino el reconocimiento a los juiciosos estudios astronómicos y matemáticos del científico colombiano.Básicamente las investigaciones de Garavito se centraron en la elaboración de unas tablas que permitieran formular con exactitud los diferentes ciclos de la órbita lunar. Civilizaciones tan antiguas como la babilónica ya tenían conocimiento de esta irregularidad, que consiste en la variación de tiempo que va de una luna nueva a la siguiente y que determina que la extensión de algunos meses sea mayor que la de otros. Pero los estudios modernos del problema comenzaron a realizarse en el observatorio astronómico de Greenwich, donde Edmund Halley pasó cerca de 20 años observando y analizando el satélite natural.La génesis del trabajo de Garavito, apenas esbozado con el nombre de Fórmulas definitivas para el movimiento de la Luna cuando ocurrió su muerte prematura en 1920, se llevó a cabo durante las extensas y cotidianas reuniones del Círculo de los nueve puntos, un club erigido en homenaje al teorema de Euler. Se trataba de un grupo de nueve científicos, encabezados por Garavito Armero, alrededor del cual se movió buena parte del acontecer intelectual de principios de siglo, una vez culminada la Guerra de los Mil Días. El curioso club, sin embargo, iría a desarticularse con la muerte del científico bogotano. Aún así, las bases de su inconclusa investigación sobre la Luna fueron suficientes para demostrar su solidez científica.El país le debe a Julio Garavito la creación y puesta en marcha de la Oficina de Longitudes, un proyecto que habría de servir para llevar a cabo una de las misiones políticas más urgentes del cambio de siglo: la delimitación fronteriza entre Colombia y Venezuela. Garavito demostró entonces que los cálculos astronómicos no eran un capricho intelectual, sino que eran valiosos sobre el terreno. Tanto que el Observatorio Astronómico por él dirigido se convirtió en la pieza fundamental en el levantamiento de la nueva carta geográfica.Poco antes de morir, Garavito, al igual que todos los científicos de su generación, había reaccionado dramáticamente frente a los postulados revolucionarios de la Teoría de la Relatividad de Einstein, que derrumbaba los conceptos absolutos de Espacio y Tiempo. Los propios científicos de Francia e Inglaterra habían reaccionado en forma similar. Esas preocupaciones fundamentales cubrían la mente de Garavito cuando le sobrevino la muerte.Sus trabajos sobre la Luna quedaron inconclusos, pero la ciencia mundial iría a corroborar tres décadas después que el camino del científico colombiano en el estudio de los movimientos lunares era el correcto.

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