Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/08/29 00:00

El hombre múltiple

El 31 de agosto llega a Colombia el sociólogo francés Edgar Morin para asistir a los homenajes que le realizarán la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Embajada de Francia en Colombia y la corporación Complexus. Perfil.

“Cuestiona las jerarquías, los órdenes arbitrarios, desentraña el Estado de las cosas”

Si hay alguna palabra para definir el pensamiento de Edgar Morin esa es heterodoxia: rebelde, inconforme y osado, Morin escapa por decisión propia a las categorizaciones y se le podría llamar filósofo, escritor, cineasta, profesor y pensador contemporáneo.

Nacido en París en 1921, en el seno de una familia judía sefardí de ancestros mediterráneos, conoció la muerte desde muy temprano. Su madre falleció cuando tenía 9 años y en Europa se presagiaban los aires de una guerra que sumiría ese continente en la peor crisis del siglo XX. Al morir su madre, Morin se convenció de que su lugar en el mundo entrañaba una profunda contradicción: ¿por qué debía ella morir para que él viviera? Según cuenta en Mis demonios, su autobiografía, "viví mi infancia con una verdad secreta y una identidad incierta. Tras la muerte de mi madre aprendí el disimulo, ocultándome en los lavabos o bajo las sábanas para llorar; fingí ser 'normal' y, por lo demás, era también un niño normal, olvidando mi pena con mis momentos de diversión, de juegos y de alegría, aunque vivía un dolor infinito. Y así viví con doblez, manteniendo enterrada en mi interior mi verdad secreta".

Educado en plena Segunda Guerra Mundial, Morin se convirtió en un paseante fervoroso de las calles de París, en un lector de novelas populares, en un melómano insaciable de músicas que iban de la canción popular a los aires clásicos y en un cinéfilo que comprendió, muy temprano, que esa ilusión creada por una cámara representaba, de alguna manera, el secreto del mundo.

Consecuente con esa especie de educación desordenada, que no siguió ningún programa establecido, al comenzar la década de los años 40 Morin entró al Partido Comunista y, al mismo tiempo, se enlistó en la resistencia francesa, cuando vivió una existencia doble que le serviría para cimentar su pensamiento. Desde entonces se sintió incómodo con los dogmas del estalinismo que gobernaban las ideas comunistas, y a mediados de los años 50, tras un alejamiento paulatino y silencioso, fue expulsado del partido. "Fue mi segunda expulsión del mundo", ha dicho.

En 1945, la guerra había acabado y él, diletante por definición, no encontraba lugar en la rutina de las oficinas; se probó como redactor de Ce Soir, un diario socialista del cual fue despedido por sus editorializantes crónicas y, finalmente, se lanzó a la aventura de su primer libro, El año cero de Alemania, 1945-1946. Crónica y reflexión sobre la destrucción; el arrasamiento de la nación más culta de Europa produjo en Morin una profunda pregunta sobre cómo no culpar a todo un pueblo por el régimen al que estuvo sometido, sin dejar de denunciar la nefasta y horrenda cicatriz dejada por el nazismo. En esas paradojas ambiguas, el joven Morin afincó las primeras bases de lo que sería su pensamiento: la comprensión de los fenómenos del mundo pasa por considerar y entender siempre las dos caras de la moneda. Al hacerlo, el hombre comprenderá que el bien entraña también el mal, y que el respeto y la tolerancia no se definen por oposición al irrespeto o al odio: que no hay, en últimas, dos caras opuestas.

En 1951 Morin publicó el que sería el germen de su pensamiento: El hombre y la muerte, un libro reflexión sobre la idea de cómo el hombre se niega la idea de mortalidad aun sabiendo que es mortal. De ahí en adelante, incómodo con la idea de volverse un burgués y normalizarse en la vida de todos los días, se convirtió en investigador del Centro Nacional de Investigaciones Sociales (Cnrs, por su sigla en francés), y llevó a cabo investigaciones que, antes de mayo del 68 con su espíritu revolucionario, fueron tildadas de ingenuas y poco rigurosas. Escribió El cine o el hombre imaginario, un libro en el que defendió la idea del cinema verité, y otro más sobre la influencia del séptimo arte en la modernidad al crear modelos sociales compartidos por todas las clases, Las estrellas: mito y seducción en el cine. En los años 60 comenzó a publicar libros con los cuales se hizo más conocido fuera de su país, como El espíritu del tiempo, La vida del sujeto e Introducción a una política del hombre.

La idea de Morin de propender por un pensamiento interdisciplinario, que se olvidara de que la realidad se podía ver desde la especialización de las ciencias humanas o exactas, hizo que pronto sus teorías se convirtieran en modelo de pensamiento. Fue en los años 70 cuando, invitado al centro de Estudios Científicos de la Jolla California, entró en contacto, de una manera mucho más sistemática, con el discurso de la física, la biología, la cibernética y la genética, y cuando comprendió que para entender la realidad se necesitaba un pensamiento complejo que fuera capaz de hablar de los fenómenos del mundo tanto desde la filosofía, la poesía o el arte, como desde la física, o la química: una especie de vuelta al humanismo, echando mano de conocimientos heterodoxos para explicar y comprender la multiplicidad del hombre.

A pesar de que se ha querido hacer ver como un oscuro y extraño objeto epistemológico, el pensamiento complejo busca comprender al hombre como parte de un todo, y no por oposición a la naturaleza. En ese sentido, las tesis de Morin comenzaron a popularizarse a partir de los años 80, cuando el mundo se dio cuenta de que la globalización estaba a la vuelta de la esquina, y de que eso requería, de alguna manera, la posibilidad de ver la realidad con ojos mucho más ambiguos, que les dieran espacio a la incertidumbre y la duda, en una sociedad en la que se imponen las certezas y el miedo por cuenta de fenómenos como el extremismo, el terrorismo o el populismo.

Así, Morin se convirtió en una corriente de pensamiento que, con seguidores en todo el mundo, ve en sus tesis la posibilidad de acercarse al conocimiento desde un lugar menos cerrado, más humano, y que aboga por una ética del hombre capaz de autoexaminarse y sumergirse en la educación de una manera mucho más placentera, según las búsquedas y las intuiciones propias.

En Colombia, el pensamiento de Morin cuenta con discípulos desde los años 70. Entre ellos, el ex alcalde Antanas Mockus, quien participará en el coloquio que se realizará en Cartagena y el sociólogo y decano de la facultad de ciencias humanas, Fabián Sanabria, quien sintetiza el pensamiento de Morin como "uno de los primeros científicos sociales que cuestionaron la idea de naturaleza, aceptando que esta es una construcción social compleja. Morin entendió que la contemporaneidad es profundamente transdisciplinaria, y también indisciplinada no por falta de rigor, sino en contraposición al positivismo de los análisis cerrados. Su teoría cuestiona las jerarquías, los órdenes arbitrarios, para desentrañar el estado de las cosas".

Por esos aportes y por considerar que Morin ha sido fundamental para el estudio de las ciencias sociales en el país, este 4 de septiembre recibirá un doctorado honoris causa y participará en debates sobre la educación en Barranquilla, Medellín, Montes de María, y el 21 en un ciclo de conferencias en torno a su pensamiento en la Universidad tecnológica de Bolívar. Un merecido homenaje.

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