Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1984/11/26 00:00

EL HOMBRE QUE "CREO" A MITERRAND

EL HOMBRE QUE "CREO" A MITERRAND

El hombre que "creó" a Mitterrand En 1981, Francois Mitterrand llegó al poder tras una campana organizada en torno al lema "la fuerza tranquila".
Su creador, el publicista Jacques Séguéla, acaba de publicar un libro en el que cuenta su "incursión en política ", su aventura al lado de Mitterrand y los motivos de su separación. El autor explica, igualmente, porqué la clase política gala es, según el, arcaíca..
Jacques Séguéla tiene 50 años y un estilo "americano": pocos franceses tutean tan fácilmente o ponen sus pies sobre su escritorio como él. Séguéla es también un dinámico patrón del tercer grupo francés de publicidad que cuenta con 23 agencias en Francia y doce en el extranjero. SEMANA lo visitó en sus oficinas situadas en Issyles-Moulineaux, cerca de París.
SEMANA: ¿En función de qué parámetro hizo usted la campaña de Francois Mitterrand?
JACQUES SECUELA.: Hacia 1980, los franceses pasaron de la era del tener a la era del "estar mejor".
La época del tener--cada dia tener más--se inició a comienzos de siglo y fue amplificada por las privaciones de la guerra. Nació, pues, de la frustración. El consumo fue descubierto por la proliferación de productos lanzados al mercado en esas catedrales llamadas hipermercados. El fenómeno se extendió casi a nivel mundial.
Llegó 1968. En Francia se llamó Mayo del 68. En China, revolución cultural. En Estados Unidos hippismo. De todas maneras, son siempre los jóvenes los que ponen los relojes a la hora.
Mayo del 68 fracasó pero la revolución cultural triunfó. Por eso se inició, a partir de esc momento, la era del estar mejor del ser. Cada persona quiso encontrar su aventura personal, ser sí misma. ¿Resultado? El nuevo francés es individualista, hedonista, egocéntrico.
S.: Como publicista, ¿qué lo hizo pensar que esos franceses individualistas se reconocerían más en Mitterrand, un socialista, que en Giscard, un liberal?
J.S.: En realidad, no fue Mitterrand quien ganó las elecciones sino Giscard quien las perdió. Los franceses rechazaron el hombre que estaba en el poder. Para ellos, Giscard simbolizaba esa era del tener. Y él lo hizo con ultranza. La opinión le vio cómo un monarca viviendo en un palacio en medio de vajillas de oro. Giscard cometió, por otro lado, muchos errores de comunicación que lo llevaron a simbolizar, aún más, la era del tener.
Invitó, por ejemplo, a los barrenderos de París a desayunar en vajillas de plata. El punto culminante de ese símbolo del tener lo constituyó el escándalo con los diamantes dados por Bokassa. Por eso desde septiembre de 1980, cuando los sondeos le atribuían sólo 34% de votos, dije a Francois Mitterrand: "Señor Presidente, usted ganará porque usted es el único que encarna los valores ascendientes los valores del ser".
Mi ventaja, como publicista, es poder tratar por computador todas las observaciones socio-culturales. La extrapolación de esos datos me permite tener dos o tres años de avance sobre el público. Así, sabiendo que los franceses habían pasado del ciclo del tener a la era del ser y estar mejor "llené" la imagen de Francois Mitterrand con esos valores.
S.: Usted escrihe en su libro que al separarse de Mitterrand perdió la esperanza de ver entrar este gobierno en la era de la comunicación. ¿Por qué?
J.S.: Entrar en la era de la comunicación, hubiera significado para el gobierno, escoger los ministerios en función de socio-estilos y no de la política. Hasta ahora, no se conocian los verdaderos deseos del pueblo. Cada político podía, pues, hacer su de magogia y se equivocaba una vez sobre dos.
Ahora, con las tecnicas de marketing, se sabe qué es lo que quiere el pueblo. Basta satisfacerlo. A los hombres políticos no les gusta este tipo de análisis. Inclusive en los grandes países democráticos --Estados Unidos, Francia, Inglaterra, etc.- los hombres políticos piensan que detienen el secreto de sus países. Así se los enseñó la política tradicional.
S.: ¿Qué le propuso usted al Presidente francés?
J.S.: Hacer ministerios calcados sobre los verdaderos deseos del pueblo. Propuse suprimir los ministros y obtener así una verdadera dicotomía entre la ideología y la acción.
La ideología será siempre el terreno de los políticos. Si hicieran eso únicamente, sin ocuparse de la acción podrían convertirse en verdaderos pensadores; en los verdaderos filósofos de nuestro tiempo. Un jefe de Estado debe ser, en efecto, un visionario. El, como Moisés, debe ser el hombre que indique el camino. A su lado, el Presidente hubiera necesitado tres hombres políticos encargados de hacer respetar esa marcha hacia adelante. Un ministro de la dinámica; es decir, todo lo que hace funcionar el país, (industria, economía,). Otro ministro de la vida (cultura, juventud, comunicación, tiempo libre) y, en fin, un ministro de la protección (seguridad social, defensa, etc.). Por fuera de esos tres hombres, el Presidente habría tenido que rodearse únicamente de profesionales de toda ideología.
Los puestos claves deberían estar entre las manos de expertos, reconocidos como tales. Ellos deberían dar dos o tres años de su vida a hacer avanzar la máquina.
S.: ¿Cómo explica usted que el Presidente francés haya seguido sus consejos durante la campaña pero haya descartado sus propuestas una vez llegado al poder?
J.S.: Lo que es maravilloso en Francia es que un cincuenta por ciento de personas votan por la derecha y la otra mitad por la izquierda. Eso significa que el país se gobierna siempre con la mitad de sus medios, cuando una parte toma el poder, la otra paraliza lo que trata de hacer la primera.
Y viceversa. Cuando uno se lo dice a los hombres políticos y al mismo Presidente, se estremencen, palidecen o miran por las ventanas del Elyseo.
S.: ¿Por qué acusa usted a la clase política de no haber entendido que, frente al futuro, el opinión del pueblo no será el rigor económico sino la imaginación?
J.S.: Porque la crisis actual no es una crisis económica sino una crisis de fe. Está en la cabeza. Toca positivar las cosas. La publicidad muestra siempre las mejores características de los productos.
Los hombres políticos dicen lo contrario. Cada día explican "estamos en plena crisis", "todo va mal", "tenemos aún muchos años de rigor", etc. Preconizo que afirmen que nos encontramos frente a una enorme mutación y a las puertas de un mundo formidable. El planeta de mañana se llama comunicación. Todo está por inventar.
Mi hijo tiene seis años. Cuando termine sus estudios, el conjunto de conocimientos del mundo se habrá multiplicado por cuatro y, por cuarenta cuando tenga mi edad. El 97% de los conocimientos de ese entonces, nos son desconocidos. Tenemos que inventar. Los que inventarán ese 97% de conocimientos serán los dueños del mundo.
S.: Basándose en lo que ya está ocurriendo entre los profesionales de los países industrializados, usted describe el hombre del futuro próximo, como un individuo dueño de sí, capaz de intervenir en los procesos que le conciernen e interconectado gracias al computador. ¿Cuál es el perfil que deberá tener el hombre político compatible con esa mutación?
J.S.: Los franceses ya están viviendo esos cambios. Eso explica por qué en un reciente sondeo, los franceses confesaba su desconfianza ante los hombres políticos y el 80% los calificaban de "mentirosos". El político actual no tiene futuro, pues, no es visionario, no tiene formación ni imaginación. Lo único que sabe es hacer discursos y estrechar manos.
El verdadero hombre político tendrá que ser un experto y un creador. Tendrá que estar armado de los tres cimientos de la nueva inteligencia: el riesgo, el sueño y la risa. Su concepto principal será el equilibrio porque vamos hacia un mundo paradójico en el cual cada nueva invención va a generar su contrario. El video es formidable pero vamos a morir de video.
La publicidad es extraordinaria pero satura. El hombre que triunfará mañana sera alguien que, suceda lo que suceda, tendrá que mantener su equilibrio para ir hacia el concepto de la armonia. Para resumir este perfil diria que el hombre político del futuro tendrá que ser un comunicador. -

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