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| 1/16/1984 12:00:00 AM

EL HUMOR DE UN DANDY

A 100 años de su muerte, pocos recuerdan a Max Linder,el cómico que precedió a Chaplin en la fama

La pregunta ya es para los bisabuelos: ¿quién, antes de la apación de Chaplin, fue el actor cómico más famoso del mundo? Si todavía funciona la memoria por obligación hay que contestar: Max Linder, de quien alguna vez, y en rapto de sinceridad, el mismo Chaplin aseguró ser su alumno. Pero Max Linder no sale del "music-hall", como su ilustre discípulo, sino del Conservatorio de Burdeos, ciudad donde nació el 16 de diciembre de 1883. A sus 20 años decide trasladarse a París donde actúa en el "Ambigu", teatro especializado en melodramas y después en el acreditado "Varietés", excelente experiencia para el futuro actor cómico. Frecuentó los atareados estudios Pathe en busca de una oportunidad que se le presentó en julio de 1905 en "La primera salida", corto cómico con el que inició su fabulosa carrera.
Pequeño, bastante moreno, ojos oscuros, (Georges Sadoul le encuentra tipo de "español"), en apariencia no parecía que diera las dimensiones de actor cómico que logra al encontrar la fórmula en los contrastes del caballero muy bien vestido, al que le suceden desventuras que ponen en continuo ridículo su presencia y maneras de caballero. Pero nada de contextos sociales, como Chaplin; nunca le preocuparon, aunque se aprovechara de la sociedad para criticarla en su falta de autenticidad y frivolidad. Max hace parte de esa sociedad, participa de sus defectos y hasta los aumenta y corrige cuando le sirven para construir sus admirables trucos cómicos, casi todos concentrados en el gran actor que, a diferencia de otros cómicos del cine, crea pocas veces el correspondiente medio cómico al que trata desde puntos de vista realistas, contraste que sirvió para la elaboración de su propio estilo.
Por fortuna la Cinemateca Colombiana de Bogotá posee en sus archivos una de las obras maestras de Max Linder, no realizadas en Francia, sino en los Estados Unidos, en su segunda estadía, 1921-22: "Siete años de mala suerte", admirable ejemplo que sirve de desesperación al admirador de Max Linder que deseará ver más películas del gran cómico. Es curioso observar que en su personaje de señorito rico y satisfecho, debido a transitoria pelea con su novia, una de esas rubias idealizadas de los 20, le suceden aventuras donde casi que en forma deportiva, el rico hace de pobre, (situaciones diametralmente diferentes las planteadas por Chaplin), un pobre que en cualquier momento puede descubrir su verdadera identidad, y sin embargo, se las arregla para vivir algunos días sin dinero, acosado por todas partes hasta que la policía lo meta la cárcel, donde al fin se ve obligado a ser lo que siempre ha sido: un hombre rico.
En "Siete años de mala suerte" lo aspectos cómicos podrían ser dobles la serie de espléndidos trucos cómico muy bien establecidos en su desarrollo y además, el juego ya señalado sobre las contingencias del señorito rico que de pronto y sólo por diversión pretende ser pobre, lleno de necesidades. El asunto para los radicales puede parecerles algo reaccionario, pero Max Linder en ningún momento transcendentaliza sobre su mismo personaje; le basta establecer la cómica diferencia entre la elegancia y lo que de ridículo, de cómico, tiene esa elegancia. Al comienzo de su carrera lo dirigen varios realizadores franceses, Louis Gasnier, Lucier Nonguet, hasta en alguna ocasión el gran Abel Gance, pero, y de acuerdo con los más importantes actores cómicos en la evolución de su propio estilo, llega a la dirección donde encuentra la comicidad que le corresponde a su tipo hasta crear un estilo personal inequívoco, tan propio como sus vestidos elegantes, su chistera o ese aire de "dandy" característico de principios de siglo.
Su fama, que se extiende hasta la guerra de 1914, fama que permitió se le recibiera en varias ciudades europeas con el mismo fervor que más tarde correspondería a Chaplin, se opaca durante la guerra por falta de continuidad en la producción de sus películas y la aparición de un rival invencible que pronto lo sustituye en todas las pantallas del mundo en popularidad: Chaplin. Cuando regresa al cine el éxito anterior no se repite y a pesar de algunas películas admirables, "Siete años de mala suerte" y otras, nunca recupera su antigua fama. Problemas de salud, abandono, conflictos íntimos, lo conducen a su gran paradoja final: Max Linder, el hombre que había hecho reír al mundo, se suicida con su esposa en 1925, último gesto de gran señor del cine que con este trágico mutis, se despide del mismo mundo que luego lo llora y sigue admirando a través de sus películas, perfectos ejemplos de uno de los estilos de cine cómico más personales, prueba indiscutible del genio nacido hace 100 años y que se llamó Max Linder.
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