Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2000/07/10 00:00

El inhumano

Su prosa revolucionó la literatura . Veinte años después de su muerte Henry Miller, el escritor más crítico que haya tenido la sociedad estadounidenese está más vigente que nunca.

El inhumano

No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, creía que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí”, confiesa Henry Miller al comienzo de su libro Trópico de cáncer, el cual estuvo prohibido durante más de 30 años en Estados Unidos. Era consciente de que su literatura no era similar a la de nadie y así se lo advertía a los lectores: “Este no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el sentido ordinario de la palabra. Es un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo a Dios, al hombre, al destino, al tiempo, al amor, a la belleza...”.

Su amigo Lawrence Durell advirtió hace más de 50 años lo que Miller produciría con sus escritos: “Sus libros publicados en Estados Unidos han de sacudir hasta la médula la psiqué nacional mediante una descarga de 1.000 voltios”. Y así fue. Miller odió hasta el último minuto de su vida a la sociedad norteamericana, que sólo reconoció su grandeza cuando el escritor ya superaba los 70 años de edad. En las páginas de Trópico de capricornio, su signo zodiacal, lo deja entrever: “He recorrido las calles de muchos países del mundo, pero en ninguna parte me he sentido tan degradado y humillado como en Norteamérica”.

Miller siempre huyó de la educación tradicional. Sostenía, al igual que Rimbaud (uno de los poetas que más admiraba), que “todo lo que se enseña en la escuela es falso”. Vivió como un pandillero y desde su infancia en Nueva York, ciudad en la que nació en 1891, protagonizaba todo tipo de escándalos. Cuando su padre, un sastre alemán, le dio dinero para que ingresara a la universidad, Miller prefirió gastarlo con una amante que lo doblaba en edad. Trabajó en el campo. Fue minero y empleado de una oficina de correos. La pobreza y la miseria lo acompañaron siempre. Incluso cuando vivió en París, al lado de una prostituta, en una residencia en el barrio Montparnasse. Vivió alimentado por sus amigos. Dicha experiencia está condensada en Trópico de cáncer.

Sus libros por lo general estuvieron rodeados del repudio y de los escándalos. Pero a él no le importaba nada. Su amigo, el fotógrafo Gyula Halasz, más conocido como Brassai, fue testigo de un fallo que llegó a las manos de Miller en el que se prohibía definitivamente la distribución de su novela Sexus en Suecia. El libro fue tildado de pornográfico. Miller había apelado argumentando que otro libro sueco de las mismas características se encontraba en las librerías. El dijo a su amigo “según los jueces el libro sueco, que sin embargo es francamente puerco, sólo debe contener un 10,3 por ciento de obscenidades y Sexus un 15,7 por ciento. De modo que mi libro es un 5,4 por ciento más cochino.... ¡La verdad es que resulta de lo más cómico! Imagínate a todos esos magistrados de cara seria, a esos sumos sacerdotes de la justicia, metiendo la nariz en mi novela, revolviendo, analizando cada página, cada frase para sacar el porcentaje de obscenidades...”.

Cuando se levantó la censura a sus libros en Estados Unidos y Gran Bretaña en 1961 y 1963, respectivamente, la crítica se dividió. El diario The New York Times no dudó en atacarlo: “Esta es la obra de un bocasucia a quien le encantan las porquerías”. Pero pronto los análisis trascendieron y exaltaron lo revolucionario de su prosa. Es precisamente el aporte que muchos escritores norteamericanos agradecen en la actualidad. Miller invitó a hablar sin tapujos, no sólo del sexo sino también de cuanto hecho se desarrolla en una sociedad “podrida, como una cloaca de mierda”.

No se consideraba pornográfico a pesar de que sus libros están plagados de relatos en torno del sexo. Sus crudas descripciones siguen causando el rechazo de algunos lectores. Pero su importancia radica en que fue él realmente el encargado de romper con convencionalismos y con los tabúes del sexo. Su calidad literaria no sólo se puede identificar en su famosa Crucifixión rosada compuesta por Sexus, Nexus y Plexus. Para los expertos su mejor libro es El coloso de Marusi, en el cual describe las experiencias que vivió en su viaje a Grecia antes de regresar a Estados Unidos.

Allí alcanzó la felicidad y a su amigo Brassai se lo hizo saber más de una vez al añorar su travesía: “Vivir al más bajo nivel, sin pensar en ganar dinero... Me iría directo a esas aldeas donde sólo hay gente ignorante y admirable... Si dispusiera de una choza en una colina, creo que me haría ermitaño...”.

Miller murió hace 20 años, el sábado 7 de junio de 1980, en Pacific Palisades, California. Solo. Ni Mona, ni Martha Lepska, ni Evie McLure, ni Hoki, quienes fueran sus esposas, estaban ya. Murió consciente de su grandeza, aburrido del mundo. Su rebeldía estará presente en sus libros: “Hoy me siento orgulloso al decir que soy inhumano, que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos, que no tengo nada que ver con credos ni principios... ¡soy inhumano¡ lo digo con una sonrisa demente”.

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