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| 10/14/1996 12:00:00 AM

EL INSOPORTABLE

Por una payasada como ésta Hollywood pagó el sueldo más caro a un actor en la historia del cine.

HH HHH Edipo alcalde: A pesar de su gran cinematografía, un ligero abordaje al tema de la violencia colombiana. HH Director: Ben Stiller Protagonistas: Jim Carrey, Matthew Broderick, Leslie Mann, George Segal, Diane Baker, Jack Black al vez guiado por el mismo ritmo frenético de sus interpretaciones, Jim Carrey no admite posiciones medias a la hora de las evaluaciones. Sus admiradores lo adoran, incluso por encima de estrellas de la comedia tan legendarias como Jerry Lewis. Sus detractores, en cambio, no tienen concesiones, simplemente lo detestan, se crispan con sólo escuchar su nombre. Pero independientemente del debate acerca de sus cualidades histriónicas _es evidente que las tiene_ el hecho implacable es que sus películas son taquilleras. Desde cuando se estrenó en la pantalla gigante con Ace Ventura, hace apenas dos años, los productores de Hollywood han encontrado en él una sencilla máquina de hacer dinero. Los éxitos Ace Ventura 2, Tontos y más tontos y La máscara _sin contar tal vez su mejor papel, en Batman eternamente_ lo demuestran, al punto que para su más reciente película, El insoportable (The Cable Guy), Carrey se dio el lujo de cobrar 20,5 millones de dólares, el sueldo más alto para un actor en la historia del cine. Con esa cifra se podrían filmar en Colombia siete películas de alto presupuesto. El monto es, en todo caso, demencial para el resultado de la producción. El insoportable es la historia de un desquiciado instalador de televisión por cable que busca desesperadamente un amigo. Y hará cualquier cosa para conseguirlo. En su interpretación Carrey es insoportable hasta la saciedad, lo cual, para el propósito de la cinta, lejos de ser un defecto es una virtud que el actor sabe explotar. Pero sucede que el personaje está construido a medio camino entre la comicidad y el drama sin que se fusionen con acierto ambos rasgos. La sensación es quizá que hay demasiadas payasadas para el tono decididamente dramático impuesto por el director (el mismo de Reality Bites) y muy poco humor para quienes esperan una comedia desaforada. Todo esto alimentado por un argumento débil y un Matthew Broderick (el amigo obligado del instalador de cable) insulso y perdido en la trama. Carrey se sobreactúa, hace muecas, se tuerce, canta, baila, grita y convulsiona en un afán insólito por hacer notar su astronómico sueldo. Pero la actuación no es suficiente cuando el guión falla. Y hasta el cómico más payaso de todos, el más versátil y carismático, depende de la fuerza de la historia que interprete.
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