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| 5/5/2003 12:00:00 AM

El jefe de la oposición

Pocas celebridades en Estados Unidos han sido tan críticas con el presidente George Bush como el cineasta Michael Moore, considerado como el mejor documentalista del mundo.

Por lo general los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (los jurados anónimos de los premios Oscar) prefieren mantenerse lejos de la controversia. Por eso las películas que premian son historias sencillas que exaltan las buenas acciones. No en vano películas como Forrest Gump y Titanic han acaparado la mayoría de premios. Pero en la pasada entrega de los Oscar las cosas no fueron así: la Academia decidió premiar a Michael Moore, uno de los personajes más controvertidos en la actualidad en Estados Unidos. Y es que no podía ser de otra forma. Bowling for Columbine, el documental de Moore premiado esa noche, es ya un hito en la historia del cine. Desde que se estrenó el año pasado ha ganado más reconocimientos que cualquier otro documental anterior. Uno de los más impresionantes se produjo en el Festival de Cannes (el más prestigioso en Europa), donde el jurado decidió crear un premio especial para Moore. El premio fue llamado Premio Especial de Aniversario y es la única vez que será entregado a alguien. La noche de la premiación Moore recibió una ovación de más de 15 minutos. Además la respuesta del público en todo el mundo ha sido fenomenal. De hecho, Bowling for Columbine es el documental que más dinero ha recaudado en la historia del cine (alrededor de 20 millones de dólares). Para completar el éxito, la Asociación de Documentalistas Norteamericanos decidió clasificarlo como el mejor documental jamás filmado. Las razones de este éxito son fáciles de explicar. El documental de Moore trata de una manera original e inteligente uno de los temas más controvertidos en Estados Unidos: el del uso de las armas y la violencia. Para abordar este tema Moore parte de la matanza del 20 de abril de 1999, cuando dos estudiantes de la escuela de Littleton, en Colorado, mataron a más de 20 personas. Dylan Kleebold y Erik Harris entraron a su colegio armados hasta los dientes y comenzaron a abrir fuego contra todo el que se moviera. Ese día murieron 12 estudiantes y un profesor. La matanza despertó un rechazo enorme entre la opinión y, como nunca antes, se abrió una polémica sobre la violencia en la sociedad norteamericana. Para Moore la razón más obvia es que cualquier persona en Estados Unidos puede conseguir armas. De hecho, los jóvenes asesinos compraron las balas en un centro comercial del pueblo. Pero esta no es la única explicación: Moore también culpa a la paranoia que infunden los medios de comunicación y al odio racista que se maneja en ese país. Uno de los hechos escandalosos que revela el documental es que en Estados Unidos hay alrededor de 11.000 asesinatos al año con arma de fuego. En otros países donde también es posible conseguir armas de fuego -como en Canadá o en Alemania- no hay más de 100 al año. La respuesta que da Moore es que el problema no está en la facilidad de comprar armas sino en la mezcla de esta facilidad con el odio y el miedo. Pero esta no es la primera vez que Michael Moore da de qué hablar. En el año 2002 publicó un libro llamado Stupid white men (Estúpidos hombres blancos), que fue la obra de no ficción más vendida del año. Según el texto, uno de los graves problemas en Estados Unidos es el alto grado de agresividad y de irresponsabilidad de la policía. Para Moore, los policías se dedican demasiado tiempo a perseguir ladronzuelos latinos y negros mientras que deberían perseguir a los ladrones verdaderos: los presidentes de las grandes compañías. El cineasta también ha atacado a las principales figuras políticas de su país, desde un programa televisivo llamado The awfull truth (La horrorosa verdad). En el espacio, dirigido y presentado por Moore, se ha ridiculizado a figuras como Dick Chenney, Rudolph Giulliani y Kenneth Starr. Estos personajes han demandado a Moore por hostigamiento en varias ocasiones. Sin embargo ninguno se ha atrevido a denunciarlo por difamación, tal vez por el miedo de que se corrobore que lo que dice Moore es cierto. Desde luego no todo el mundo está con Moore y las críticas no se han hecho esperar. Los sectores más conservadores (que son mayoría en Estados Unidos) ven en él una figura peligrosa. Los republicanos lo consideran un payaso en busca de propaganda. El ex senador republicano Fred Thomson le dijo a The New York Times sobre Moore: "En un par de años nadie recordará al señor Moore y éste se dedicará a hacer películas de entretenimiento". Moore también se ha dedicado a defender los derechos de los homosexuales. El año pasado el documentalista pintó un carro de color rosa y lo bautizó el 'sodomóvil'. En él se dedicó a recorrer los estados de su país en donde todavía se considera que la homosexualidad es un crimen. Acompañado de gays y travestidos, Moore ha visitado estados como Arkansas, Illinois y Missisipi, donde ha sido recibido por campesinos indignados que le lanzan gritos de odio y agitan Biblias. Claro que, hasta ahora, la noche de los Oscar ha sido su momento cumbre. Cuando fue llamado a recibir su premio el documentalista subió acompañado de otras 20 personas (los otros nominados) y comenzó su polémico discurso. En realidad, más que un discurso fue una diatriba contra el presidente Bush y la guerra. Los organizadores de los premios les habían pedido a los artistas que no hablaran de política. Por eso, cuando Moore empezó a hablar, decidieron cortarlo. La música empezó a sonar y el director tuvo que bajarse del escenario en medio de algunos abucheos, pero también de muchos aplausos. Al otro día la prensa reseñó el hecho como el momento más espectacular de la noche. Por ahora Moore se autoproclamó jefe de la oposición. Y su próximo proyecto promete ser muy controvertido: un documental llamado Fahrenheit 9?11. Este será una reflexión sobre todas las mentiras que, según Moore, se han dicho con respecto a los ataques del 11 de septiembre de 2001.
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