Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/07/29 00:00

EL JOROBADO DE NOTRE DAME

LA VERSION DE DISNEY DEL CLASICO DE VICTOR HUGO ES UNA METAFORA ALREDEDOR DE LA TOLERANCIA., 29566

EL JOROBADO DE NOTRE DAME

La versión de Disney del clásico de Víctor Hugo es una metáfora alrededor de la tolerancia. Director: Gary Trousdale Protagonistas: Quasimodo, Frollo, Esmeralda, Febo, Víctor, Hugo y Laverne, personajes en dibujos animados. A desabrida producción de Pocahontas ha sido tan sólo un paso en falso en la trayectoria reluciente de la Disney. Para la muestra, la famosa realizadora de dibujos animados lanzó hace pocas semanas la que sin duda será el gran acontecimiento cinematográfico de la temporada de vacaciones. Más de 1.000 salas de cine se unieron al estreno de El jorobado de Notre Dame, la versión Disney del clásico de Víctor Hugo sobre el monstruoso campanero de la catedral de Nuestra Señora de París, inmortalizado en su novela por el escritor francés y popularizado en el celuloide en más de siete oportunidades. Los genios de la Disney, caracterizados por hacer de sus películas una mina de oro, también han demostrado en esta ocasión sus virtudes para lograrlo. Su historia de Quasimodo ha transformado la desoladora visión que Hugo plasmó en su novela sobre el marginamiento social de la París del siglo XV, en una fiesta alrededor de la reivindicación de la tolerancia. Condenado por el malévolo y racista juez Frollo a vivir encerrado en el campanario de la iglesia de Notre Dame, el tierno, ingenuo y feo Quasimodo sueña con bajar algún día a la plaza para disfrutar de la libertad. Detrás de sus deformaciones físicas se esconde un ser bondadoso que sólo pretende la aceptación de los demás. En esta aventura contra la intolerancia lo acompañan tres simpáticas gárgolas de la catedral, la hermosa gitana Esmeralda, quien también sufre de las persecuciones racistas de Frollo, y el valiente y justiciero Febo, el soldado de confianza de Frollo, quien termina rebelándose a las perversidades del juez en defensa de los desprotegidos. En este himno a la tolerancia Disney no ha escatimado esfuerzos. La minuciosa reproducción de la iglesia de Notre Dame es tan imponente como inverosímil; el movimiento del dibujo es tan auténtico como admirable, y el ritmo de la película es tan armónico como alegre. Los profundos planos y los colores alimentan a la par la maravilla de un milagro tecnológico que ha sido capaz de hacer las tomas de multitud más grandiosas de la historia de los dibujos animados. Sin embargo, tal vez obnubilados por la magia digital, los realizadores terminaron abandonando al protagonista: Quasimodo. En la versión de Disney el héroe trágico de Víctor Hugo se desvanece en la figura de un simpático personaje que no llega a reflejar su condición de marginado como lo hizo, por ejemplo, la bestia de La bella y la bestia. Y aunque esta ligereza no va en detrimento de una producción capaz de hacer divertir a adultos y niños por igual, es notorio que los expertos de Disney _quizás subestimando el poder de discernimiento de los infantes_ prefirieron apostar a la fija con un divertimento que aventurarse en el reto de interpretar el drama de Hugo en su justa dimensión.

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