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| 5/16/1988 12:00:00 AM

EL JUEGO DE LA MUERTE

Desde la óptica infantil, el autor alemán Gudrun Mebs narra el final de una niña condenada por el cáncer

En alemán, la palabra Krebs significa indistintamente cáncer y cangrejo. Jugando con esa dualidad funesta y tierna, Gudrun Mebs ha escrito un libro que escasamente alcanza las 56 páginas y con un título explícito, "Birgit, historia de una muerte", ganador del premio alemán de Literatura Juvenil. No es una crónica sobre hadas, duendes, cervatillos o bosques encantados. Es un libro para que los lectores más jóvenes se acostumbren al fenómeno natural de una muerte en la familia, lo que ocurre cuando a Birgit, una muchachita que debe andar por los doce años, se le mete un cangrejo en la cabeza, le tumba el pelo, la postra en una cama de hospital y deja solitaria a su hermana menor quien cuenta la historia.
Leyendo este libro, que provoca toda clase de reacciones porque asistimos al espectáculo de una niña hablando de temas duros, salvajes e insoportables con la misma simplicidad con que relata la preparación de las comidas cotidianas o la rutina del colegio o la soledad de esa habitación donde ahora podrá hacer todo el desorden que quiera sin la amenaza de la hermana mayor, uno piensa en otros autores que han adoptado la voz infantil para narrar los peores horrores, como Vonnegut, o Grass, o García Márquez o Fuentes, horrores que adquieren más dramatismo y violencia cuando son despojados de la trascendencia de los testigos adultos y adquieren el contorno simplista de un niño. Por eso, el drama que se vive en esa casa, impacta más porque es mirado con los ojos ingenuos de esa niña a quien la hermana mayor se le convierte en la compañera lejana, que ahora, duerme en una cama con sábanas que cambian todos los días, consentida por papá y mamá, recordada por la abuelita y buscada incansablemente en el insomnio de la madrugada. Basado en un suceso real, el relato describe con una fascinante economía de palabras, ahorrándose descripciones inútiles, todo ese infierno puesto en marcha desde esa mañana cuando se presenta esa escena cómica, descrita así por la muchachita:
"Todo empezó de una manera divertida. Una mañana, me parece que hace tres semanas o así, Birgit se despertó y puso los ojos torcidos. Tenía una cara tan extraña que yo me eché a reir y también a Birgit le entró la risa cuando se vio en el espejo. Pero mamá no se rio. Se llevó un susto terrible y llamó a papá y al médico, y luego dijo que no iríamos al cole, porque tenía que ir inmediatamente con Birgit al médico...".
De ahí en adelante pasa de todo. Las escenas más dolorosas comienzan a sucederse. La hermana menor, primero se queda con una vecina quien intenta mimarla y luego aparece la abuela, que es experta en narrar historias y preparar pasteles. Eso es lo que impacta a la niña, que su rutina se ha alterado, que en el colegio las compañeras y los maestros la tratan de una manera diferente, le permiten algunas faltas, no la reprimen, sólo porque Birgit está en un hospital. Sabe que algo malo está pasando, no en tiende cómo un cangrejo ha podido entrar en la cabeza de Birgit pero trata de explicárselo a sus amigas. Con su lenguaje tierno y directo, cuenta lo que descubre en el hospital, narra lo que para los padres y la enferma está siendo lo peor: el pelo que se ha caído del todo, la venda en la cabeza, la sonrisa triste, los tubos que entran y salen de la nariz y la boca, las lágrimas de los padres, las conversaciones en susurros, la desaparición total de la madre quien se ha mudado al hospital, el empeoramiento de la enfermedad, el cangrejo que hace destrozos, las canciones que preparan la abuela y la nieta para cuando la otra regrese, el descubrimiento de términos medicos y dolores y angustias que la niña trata de tamizar con su ignorancia, el cuarto demasiado grande para una sola, los juguetes, la preocupación que más acosa a la hermana menor, que Birgit no tenga su cordero de peluche junto a su cangrejo, que esté sola en ese hospital a pesar de la vecindad de la madre. Poco a poco la niña va acostumbrándose a la ausencia de la hermana mayor y se emociona y se siente muy importante cuando le explican que la enferma está siendo alimentada por medio de tubos, como los astronautas, y en el recreo se encargara de proporcionar toda la información posible a sus asombradas compañeras y se siente orgullosa de la hermana mayor.
Coincidencialmente la cartelera cinematográfica actual tiene dos títulos que hablan de la visión de dos niños ante el espectáculo de la guerra. En el uno, el menor se alegra de las bombas alemanas sobre Londres porque el colegio estará cerrado, y en el otro, más angustioso, un pequeño asiste a la cópula desesperada de una pareja, en el campo de concentración, como única manera de sentirse vivos. En este libro, la muerte está presente desde la primera página pero no es fea ni desagradable ni angustiosa, es tierna y aceptable porque es reconstruida con las reacciones de esta pequeña que se queda sola y después de varios días de incertidumbre y pasteles a deshoras sabe que algo ha empeorado porque el padre se encierra y no habla con nadie, y la madre la mira con más ternura y luego, cuando no la llevan al sepelio queda conforme porque le aseguran que el cordero de peluche está dentro de la caja, que Birgit no estará sola y que de ahí en adelante habrá que recordarla para que siga viviendo. Recordar cómo era, qué dijo y qué cosas le gustaban y qué cosas no.--
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