Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/03/10 00:00

El laberinto del fauno

Una fábula violenta que hace parecer nuevos todos los mitos que hemos visto hasta el cansancio.

Ofelia (Ivana Baquero) encuentra un mundo secreto en la frontera de la casa de su temible padrastro.

Título original: El laberinto del fauno.

Año de estreno: 2006.

Dirección: Guillermo del Toro.

Actores: Ariadna Gil, Ivana Baquero, Sergi López, Maribel Verdú, Doug Jones, Alex Angulo.

Lo mejor de esta fábula es que su moraleja no es una verdad contundente, una lección de aquellas, sino una sospecha que pondrá incómodo a todo el que la vea: la sospecha de que sólo en la imaginación es posible vivir la vida que se quiere. Corrijo: lo mejor de esta parábola sombría es esa ambientación que bordea lo gótico (y que recibió tres honrosos premios Oscar de la Academia de Hollywood), y son también esas elaboradas secuencias de suspenso que obligan a cerrar tanto los ojos, esos efectos especiales que se limitan a hacer más verosímiles los escenarios y esa manera de ir de una realidad horrenda a una fantasía lúgubre, como si se dudara todo el tiempo de en qué lugar puede uno estar a salvo. El laberinto del fauno es un cuento de hadas con todas las de la ley, violento, inesperado, perturbador, una pesadilla de la que despertamos aliviados, pero es, sobre todo, una proeza en términos cinematográficos, una de esas producciones que hacen parecer nuevo lo que hemos visto hasta el cansancio.

La guerra civil española ha terminado. Comienza, ahora, una larga jornada en la oscuridad marcada por el final de la Segunda Guerra Mundial, la mirada amenazante de la dictadura y la persecución sangrienta a las personas que se resisten al régimen. Ofelia, la protagonista, también emprende una nueva vida: viaja a la brumosa casa del capitán Vidal, el temible capitán Vidal que ha decidido casarse a la fuerza con su madre Carmen, empeñada en no olvidar jamás a su difunto padre, en soportar ese temor que se siente en todas las esquinas de España y en no perder de vista los relatos maravillosos que la han acompañado desde que tiene uso de razón. Desde las primeras escenas de El laberinto del fauno es claro, pues, que sólo alcanza la fantasía aquel que la merece, que sólo soporta las arbitrariedades, las opresiones, los franquismos de la realidad, quien se atreve a tener fe en las ficciones.

Se puede decir, sin ningún temor, que estamos ante la más conseguida obra del cineasta mexicano Guillermo del Toro. Ver este drama inagotable (que, ojo, ni es una película para niños ni es una película para espectadores impresionables) es descubrir que del Toro, autor de largometrajes tan extraños como Mimic, El espinazo del diablo y Hellboy, ha conseguido filmar un mundo que no se parece a ninguno, aunque al tiempo se parezca a tantos. Las actuaciones de todo ese elenco de estrellas españolas, comandado por la niña Ivana Baquero, están a la altura de una producción que consigue ir de una trama a la otra sin perder el interés de los espectadores. La fotografía de Guillermo Navarro, la dirección de arte de Eugenio Caballero y Pilar Revuelta, y el maquillaje de David Martí y Montse Ribé (es decir, los tres Oscar recibidos) no nos dejan salir de ese universo hasta cuando la lección de la imaginación queda aprendida.

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