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| 11/5/2001 12:00:00 AM

El lado oscuro de las mariposas

La Galería Diners expone la obra más reciente de María Fernanda Cardoso.

Las mariposas son trofeos de caza, tienen el mismo destino que las pieles de cebra, las cabezas de antílope o el esqueleto de los marlin; son los únicos insectos perseguidos por multitudes de cazadores vestidos de blanco y con redes que parecen canastillas de badmington tamaño familiar; los únicos que tienen precio por su belleza. María Fernanda Cardoso va más allá de esa belleza. Es una de las artistas latinoamericanas más importantes de su generación, al lado de superstars como Guillermo Kuitca y Vic Muniz, y la única colombiana que puede presumir de haber expuesto en el MoMa, de Nueva York; en el Reina Sofía, de Madrid, y en el Georges Pompidou, de París. La clave de su éxito se halla en descubrir otras formas de la naturaleza. En domesticarla a su manera. En jugar con las formas de animales y plantas para convertirlas en obras abstractas. En 1990 ganó la Bienal de Bogotá con su Corona para una princesa chibcha, que no era otra cosa que una suerte de aureola hecha con lagartijas disecadas. Su Circo de pulgas le dio la vuelta al mundo y tuvo 8.000 espectadores en el Teatro de la Opera en Sidney. Alguna vez realizó un paisaje submarino con más de una treintena de pirañas disecadas y en otra ocasión convirtió un grupo de estrellas de mar en una esfera.

Ahora es el turno de las mariposas. Cardoso se aprovecha de la geometría de sus alas para crear círculos perfectos o estrellas de cinco puntas. Su trabajo es descubrir la otra cara de esa belleza por la que son tan perseguidas. En una colección de mariposas los pobres bichitos son expuestos con las alas abiertas. Ella también usa el revés de esas alas o realiza un carrusel con un grupo de mariposas rojas con las alas cerradas. O utiliza sus antenas y sus lenguas enroscadas para hacer otras figuras y de paso recordarle al espectador que sus obras vienen de seres vivos.

Hace algunos años esta postura causó conmoción. Sus obras eran vistas como atentados ecologistas o dueñas de una crueldad artística poco convencional. Esa percepción ya fue superada. La literatura crítica que rodea su obra se ha encargado de evitar ese tipo de equívocos. Cardoso utiliza animales industrializados. Animales que se venden por catálogo, como souvenirs turísticos o como material para experimentos científicos. Las mariposas que utilizó para realizar esta obra las compró por Internet y, más allá de las implicaciones conceptuales que guarda, más allá de la reflexión que encierra alrededor de la forma en que se relaciona el hombre con la naturaleza, Cardoso logra atrapar a todo el que se acerca a su obra en un primer golpe de ojo.

Nunca antes las mariposas fueron tan hermosas.
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