Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1999/06/14 00:00

EL LADO PROFUNDO DEL MAR

La historia de la desaparición de un hijo y los consecuentes traumas familiares.

EL LADO PROFUNDO DEL MAR

Quizá no sean necesarios mayores detalles para describir el drama de una familia ante la
desaparición de un hijo. Sin embargo, ¿qué sucedería si ese hijo apareciera mucho tiempo después, cuando ya
se han perdido las esperanzas? Una de las tantas respuestas la ofrece El lado profundo del mar, película
dirigida por Ulu Grosbard, basada en la novela homónima de Jacquelyn Mitchard y protagonizada por Michelle
Pfeiffer. La actriz hace el papel de una madre de tres infantes que, por cuestión de minutos, deja a su hijo
de tres años al cuidado de su hermanito mayor en un hotel atiborrado de gente mientras ella se registra.
Cuando regresa el pequeño ha desaparecido. Tras una búsqueda exhaustiva, que se prolonga por
semanas, la familia debe empezar a asumir la realidad de la pérdida, un duelo que sólo quienes lo han sufrido
pueden llegar a comprender en toda su dimensión. Nueve años después, y por casualidades que desafían la
probabilidad, el niño aparece. La familia está estrenando barrio y de pronto él toca a la puerta a ofrecer sus
servicios como improvisado jardinero, un oficio que los jóvenes de su edad suelen practicar para ganarse
algunos dólares. La película, entonces, cambia su rumbo y, finalizado el drama de su desaparición,
comienza el de su reencuentro. ¿Cómo forzar al niño a cambiar de hogar cuando ha crecido al lado de otro
padre, de otra madre, de otros tíos y abuelos... en fin, rodeado del cariño de cualquier otro niño semejante?
Quienes juzguen la cinta como un lacrimoso melodrama sin duda habrán acertado. Pero esta calificación
no es de por sí un defecto. Es más bien su recurso ideal en aras de desarrollar a cabalidad tan angustiante
argumento. La excusa de la desaparición del niño _un secuestro que raya en los límites de la fantasía_ y su
azaroso encuentro hacen tambalear la estructura de la película. Pero en realidad poco importa si el deseo
del director es concentrarse en el drama mismo antes que en su justificación. Y lo cierto es que el drama
termina ganando la partida.

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