Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/04/15 00:00

El largo camino del Jazz

Un alemán y un norteamericano surcaron de costa a costa Estados Unidos en busca de las grandes figuras del jazz. El resultado es un libro de gran formato y que nos descubre el alma de este género.

El largo camino del Jazz

Octubre, 1959. El fotógrafo William Claxton contesta una llamada exótica. Del otro lado de la línea, y del mar, está Joachim-Ernst Berendt, reconocido -y para él desconocido- musicólogo alemán. En perfecto inglés Berendt le hace una propuesta: quiere recorrer los pueblos y ciudades cuna del jazz norteamericano (evidente redundancia; no de Berendt: nuestra) y publicar un libro con textos suyos y muchas, muchas fotos. Ya tiene la idea, el presupuesto y los arrestos. Le falta solo el fotógrafo. "¿Por qué yo?", pregunta Claxton. "Porque sus fotos tienen alma", le contesta el alemán, y termina de alimentar su ego cuando le deja saber que el plato fuerte del libro no serán los textos sino las fotos. Cumpliría su palabra.

Jazz Life es un trabajo de considerables dimensiones… y no solo en sentido figurado: mide 42x30 centímetros (la mayoría de los libros que se imprimen en Colombia no pasan de 15x25 centímetros) y pesa ocho kilos, lo que podría pesar un niño de algo más de un año, el tiempo que la pareja gastó en seguirle las huellas al jazz y aproximarse a su naturaleza. Berendt, muy práctico, comenzó reconociendo que no lograr el objetivo era parte del juego, pues, según escribió "uno puede definir la naturaleza del jazz exactamente como desee".

De todas maneras, a la búsqueda de esa naturaleza y del jazz feeling (imposible de definir, menos de traducir) fue que se lanzaron Claxton y Berendt, y lo hicieron con absoluto rigor -que no siempre riñe con el feeling-, pues recorrieron con cámara, libreta de apuntes y genuina curiosidad todos aquellos lugares donde el jazz fue y es y seguirá siendo siempre jazz: Nueva Orleans ("una síntesis del encanto francés, el amor latino por la vida, la racionalidad norteamericana y la vitalidad negra"), St. Louis ("que fuera la capital del 'ragtime' en Estados Unidos"), Kansas City ("después de Nueva Orleans, la más importante ciudad en la historia del jazz"), Chicago ("capital del blues, capital de la música gospel y moderno centro de jazz"), Hollywood ("casi todos los músicos que Hollywood ha proyectado en sus filmes son estereotipos de la vida real") y Nueva York ("en ninguna otra parte hay una concentración así de jazzistas de primera línea"). Para cada ciudad una frase… ¡fraseo de jazz!

Y para todo punto de la jornada, un texto (en inglés, alemán y francés), y cada texto con fotos que conceden al lector la gracia enorme de disfrutar el libro aunque no hable inglés, francés o alemán. ¿Es posible señalar las mejores? Sin duda: Bill Evans doblado sobre su piano y su tristeza (página 10); Chet Baker imitando el velamen de un clipper (página 336); Art Pepper, con saxo y cigarro, trepando la colina de Fargo Street, en Los Ángeles (página 358); Billy Preston con saco rosado sin cuello, tres años antes de que los Beatles usaran los collar-less de Pierre Cardin, y nueve años antes de que los cinco trabajaran juntos en Let It be (página 388); Ray Charles 'tocando' por primera vez un estuche de arpa y un kettle drum… "Nunca he visto ni un estuche de estos ni un tambor así. Muéstreme dónde está", dice Charles (página 422); Thelonious Monk tomando champaña bajo efectos del alcohol y bajo su infaltable sombrero de cuadros (página 461) y Cal Tjader, acostado, percutiendo dos latas de café (página 464).

Todo en ocho kilos, de los cuales algunos gramos están dedicados a un CD que presenta con decoro la colección de grabaciones (extractos) que Claxton y Berendt registraron durante sus meses de correría. Más novedades: Claxton escribió para la nueva edición una introducción con detalles poco conocidos y, como se acostumbra en estos casos, aportó un puñado de fotos inéditas que, sumadas al hecho de que es imposible conseguir la edición original, pretenden animar al comprador a gastar 780.000 pesos (precio en Colombia).

¿Que si es un buen libro? Sí, lo es. Excepto por la foto de Roland Kirk con tres saxos entre la boca. X

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