Sábado, 20 de septiembre de 2014

| 1993/05/10 00:00

El lenguaje del 2000

La Garcés Velásquez expone la obra reciente de tres artistas de quienes se hablará mucho en los próximos años.

El lenguaje del 2000

NO ES UNA SIMPLE COINCIDENCIA que los nombres de Becky Mayer, Hugo Zapata y Consuelo Gómez aparezcan juntos en la exposición que tiene abierta por estos días la Galería Garcés Velásquez de Bogotá. Si bien se trata de trabajos diversos, en los cuales descubrir un hilo conductor podría aparecer como un acto de pedantería, hay algo sin embargo que salta a la vista: en los tres artistas parece haber aflorado la madurez plástica. Dicho de otra manera, los tres han comenzado a manejar un lenguaje que empieza a dejar huella y a abrirse camino en el arte colombiano, luego de varios lustros de incesante búsqueda. Búsqueda productiva, por supuesto, incluso cuando no fue más que búsqueda.
Sus nombres vienen sonando de tiempo atrás. Becky Mayer ha alcanzado ya un lugar preponderante en el arte contemporáneo,por la manera acertada como ha sabido incorporar la fotografía a los géneros tradicionales de las artes. Hugo Zapata y Consuelo Gómez, por su parte, están reconocidos como dos de los escultores que han sabido aprovechar al máximo la herencia de Negret y de Ramírez Villamizar.
En esta ocasión, Becky Mayer presenta un interesante trabajo titulado "Eros y Thanatos". Un total de 20 fotografías, agrupadas en dos secciones. En la primera, las imágenes borrosas de la copulación, en primer plano, se exhiben en portarretratos elegantes que deben ser abordados por medio de la lupa... al fin y al cabo se está hablando de la intimidad.
La segunda sección está conformada por una serie de N.N., rostros de hombres y mujeres a los que se les ha arrebatado trágicamente la vida. La relación que guardan una sección y otra es asunto que debe interpretar, a la medida de sus experiencias, cada espectador.
Hugo Zapata sigue buscando las historias de otros siglos, las raíces de su mundo -a través de las leyendas que los precolombinos dejaron bajo tierra-, y alcanza en esta oportunidad la plenitud de un lenguaje poético frente al cual no hay que romperse la cabeza tratando de buscarle interpretaciones. Sencillamente, a partir de las rocas y del hierro que Zapata ensambla como si siempre hubieran sido un solo cuerpo, el observador puede perderse en la historia de los hombres para, finalmente perderse en su propia historia.
Consuelo Gómez sigue explorando las formas de la geometría, camino a la abstracción pura. De ahí que, como aseguró sobre su trabajo el crítico Axel Stein, se haya visto en la necesidad de renunciar a la expresión. A partir de su obra se podría resucitar el viejo debate de si los artistas están obligados a promover la reflexión, a denunciar o a ofrecer un mensaje a través de su trabajo. Luego de ver la obra reciente de Consuelo Gómez, podría pensarse que también es válido renunciar a la palabra y centrarlo todo en la forma. Es una opción.
La Galería Garcés Velásquez se anota un verdadero hit: estos tres nombres seguirán sonando, y cada vez más.

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