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| 2/6/2010 12:00:00 AM

El liberalismo trágico

Los mejores ensayos de Isaiah Berlin, uno de los grandes pensadores políticos del siglo XX.

Isaiah Berlin
El estudio adecuado de la humanidad
Fondo de Cultura, 2009
601 páginas


Isaiah Belin fue un pensador que incomodó por igual a los conservadores, a los comunistas y a los liberales. Porque no es posible reducirlo ni etiquetarlo a una visión unitaria del mundo. Las utopías, los dogmas, la historia de la humanidad con un propósito claro y definido, nunca estuvieron en su horizonte. Para decirlo en una metáfora cara a su pensamiento, no fue un erizo que supiera una sola cosa grande, sino un zorro que supo muchas cosas. Y podemos empezar por ahí, por el célebre ensayo El erizo y el zorro, que profundiza en la visión de la historia de León Tolstoi, principalmente en su gran novela La Guerra y la paz: “La hipótesis que quiero presentar es que Tolstoi era, por naturaleza, un zorro, pero creía ser un erizo; que sus talentos y su obra son una cosa, y sus creencias (y en consecuencia su interpretación de su propia obra) son otra”.
Ejemplos de erizos: Dante, Platón, Pascal, Hegel, Dostoievski, Nietzsche. Ejemplos de zorros: Shakespeare, Aristóteles, Montaigne, Erasmo, Goethe y Balzac. De un lado, intelectuales y artistas que aspiran a un sistema coherente de interpretación de la realidad; del otro, intelectuales y artistas con ideas contradictorias acerca de una realidad siempre diversa. Por supuesto, dicha clasificación, a la larga, se convierte en una dicotomía artificial. Resulta cómoda y, por lo tanto, académica. Isaiah Berlin, como buen zorro, huye de ella. Podemos, entonces, seguir con los otros ensayos –este libro, valga la aclaración, es una antología de los mejores– para apreciar en toda su dimensión un espíritu antidogmático, un pensamiento que se niega a caer en las fáciles certezas. El liberal racionalista que es, heredero de los grandes logros de la ilustración, al darse cuenta de los límites de la razón para resolver los conflictos humanos, es capaz escuchar pacientemente los argumentos de sus críticos más enconados –Herder, Joseph de Maistre– y de ponerse en su lugar. ¿Relativismo? No, pluralismo real, liberalismo agonístico, trágico, que reconoce el enfrentamiento de valores y de culturas y el imperativo de resolverlos sin ninguna clase de fundamentalismos.
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