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| 4/19/1999 12:00:00 AM

EL LIBRO DE OSPINA

Un buen ensayo sobre un poeta malo.

Las auroras de sangre William Ospina Ministerio de Cultura y Editorial Norma Bogotá, 1999 $
29.800 No cabe duda: es una audacia mayor decir que Juan de Castellanos es un gran poeta, precursor
de Walt Whitman, superior a Alonso de Ercilla y par de Dante. Tal audacia la ha cometido William Ospina en
su último libro, titulado Las auroras de sangre. Ospina hace un ensayo de 400 páginas sobre las Elegías de
varones ilustres de Indias, el poema de Castellanos que está señalado como el más largo de la lengua
española y de muchas lenguas más, pues consta de 113.609 versos, rimados en octavas reales. La obra fue
escrita en un lapso de 30 y pico de años, entre 1570 y 1600. Narra hechos del descubrimiento y la conquista
de Venezuela y la Nueva Granada, da descripciones de las costumbres de los indígenas, de los animales
y de la vegetación americanos, cuenta anécdotas, habla de las batallas, hace exhortaciones morales. El
estilo está influido por el 'modo itálico' en boga, vía La araucana de Ercilla, y la forma métrica escogida, la
octava real, era la de moda en el siglo XVI para la épica. Pero Juan de Castellanos es un poeta malo o, mejor,
es un buen versificador y punto. Carece del don de la poesía, no hay ritmo ni música en sus versos y
las imágenes afortunadas se pueden contar con los dedos de una mano. Sin embargo, es un placer leer Las
auroras de sangre, porque Ospina es un prosista muy bueno y además ha investigado bien los hechos y el
ambiente de la época, así como la vida y la obra de Castellanos. Sobre éste no aporta datos nuevos, pero sabe
recrear los que se conocen. Y atrae también su amor por el personaje. En verdad, creo que Ospina se ha
enamorado de este personaje y con razón. La visión que entrega de Castellanos como ser humano y como
escritor es el aspecto novedoso de Las auroras de sangre. Y en lo que a ello atañe, el lector está siempre de
acuerdo con Ospina. Como se recuerda, Juan de Castellanos nació en España en 1522 y a los 17 años
se embarcó para América. Vagó por islas del Caribe, llegó a Venezuela, pasó a Santa Marta, llegó a Santafé,
se ordenó sacerdote en Cartagena, fue cura en Riohacha y Tamalameque y en 1562 se estableció en Tunja.
Había estudiado preceptiva y retórica en Sevilla, fue marinero, comerciante, soldado y _según Ospina_
pescador de perlas en Cubagua. Y hasta el fin de su vida, en 1607, fue el párroco de la catedral de Tunja y tuvo
mucho tiempo por delante _murió a los 85 años_ para escribir su obra. Ospina lo ve con ojos muy humanos y
le hace justicia en ese aspecto. Advierte que, en medio de esa caterva de aventureros rapaces que fueron los
conquistadores _incluso los más notables_ Castellanos no se interesó en el oro ni las piedras preciosas, sino
en observar todo aquello que después iba a poner en verso. Y lo hizo con amor hacia estas tierras y hacia sus
moradores nativos, tomando muchas veces partido por la india o el indio frente al español. Tuvo el valor y la
inteligencia de nombrar este nuevo mundo con palabras de lenguas indígenas y en ese empeño fue de los
primeros. Su propósito fue dejar memoria de lo que había vivido y conocido y como narrador e historiador tiene
mucho mérito. Todo esto lo señala Ospina con profusión de ejemplos. Al terminar de leer Las auroras de
sangre al lector le asalta el pensamiento de que Castellanos fue un pretexto de Ospina para escribir
sobre el descubrimiento y la conquista. El libro tiene muy hermosos textos, que son rodeos y
aproximaciones a Castellanos, en torno a aspectos y temas de la época. Por todo ello: por Castellanos, el
hombre y el escritor, por la buena prosa de Ospina y por su conocimiento de los temas, bien vale la pena
leerlo. n La novedad de Ospina es la visión de Castellanos como escritor Novedades De las restricciones,
del abuso y de la deslealtad en la competencia económica Delio Gómez Leyva Cámara de Comercio de
Bogotá (Fax: 3370559, de Bogotá) Este libro resulta de interés para juristas, estudiantes y personas
vinculadas a actividades que tienen que ver con la economía. Aborda en forma amplia el tema de la
competencia económica y estudia las prácticas restrictivas de la libre competencia, el abuso de la posición
de dominio, la competencia desleal y las acciones para la represión de esta última. En Colombia es aún
muy precaria la normatividad relacionada con este asunto. Sin embargo el autor, que es magistrado del
Consejo de Estado, llena el vacío con el estudio y exposición de una abundante jurisprudencia de otros
países, principalmente de la que rige a la Unión Europea. El estado de la net Peter C. Clemente Traducción
de Cecilia Avila de Barón McGraw-Hill Bogotá, 1999 $ 15.000 Las personas que están conectadas a Internet
y, en especial, aquellas que intentan comprar y vender productos a través de la red, le sacarán mucho jugo
a este libro. A partir de una muestra de 1.000 personas que utilizan Internet en Estados Unidos, establece el
perfil más detallado hasta la fecha de la audiencia de la red, del consumidor y de sus comportamientos en la
línea; hace un balance de las tendencias de acceso a Internet, las aplicaciones más empleadas y los tipos de
contenido preferidos por los usuarios; realiza un análisis por segmentos de la población actual de usuarios,
enfocando cuatro segmentos unificados, que se identifican según su utilización de Internet; presenta una
evaluación de la manera como el uso de la red está cambiando las formas de comunicación del
consumidor y, finalmente, indica cómo desarrollar una estrategia efectiva de mercadeo en la web.
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