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| 4/28/2007 12:00:00 AM

El ‘lord’ de la arquitectura

Richard Rogers acaba de recibir el premio Pritzker, el principal reconocimiento que puede recibir un arquitecto. Esta es la historia del creador del centro Georges Pompidou.

El arquitecto británico-italiano Sir Richard Rogers (Florencia, 1933) mantiene intacto el espíritu joven y revolucionario que lo ha caracterizado a lo largo de su carrera. Por eso, sus edificios son ante todo una manifestación ideológica de su concepción de un mundo más igualitario.

Ni siquiera el título de Lord, otorgado por su aporte intelectual al Reino Unido, ha hecho mella en su espíritu político de izquierda. "Ser Lord no implica una elección sino una selección del Primer Ministro. Pero ser de izquierdas supongo que significa sentir la responsabilidad de lograr una mayor calidad de vida para el mayor número de ciudadanos posible".

Richard Rogers cuenta con una extensa y valiosa obra fácil de distinguir gracias a su poder escultórico y su exacerbada funcionalidad. La contundencia de sus planteamientos ha influido en generaciones enteras de arquitectos alrededor del mundo. Por eso, la fundación Hyatt acaba de otorgarle el premio Pritzker, la máxima distinción que puede recibir un arquitecto.

Rogers inició sus estudios en la Architectural Association de Londres y se graduó en 1962 en la Universidad de Yale. Allí tuvo la fortuna de aprender al lado de maestros como Philip Johnson, quién moldeó el carácter contestatario de su arquitectura. En los talleres de Yale se hizo amigo del también británico Norman Foster, con quién fundó, a su regreso a Londres, el estudio Team 4.

Para finales de la década del 60 Europa era un hervidero de ideas revolucionarias y de reivindicación de derechos sociales. En ese escenario, Rogers y Foster iniciaron la búsqueda de nuevos conceptos de diseño que hicieran más eficientes los servicios que la arquitectura presta a la gente. Dentro de esos primeros bocetos también se podían leer ciertos rasgos que reflejaban la fascinación que esta pareja sentía por el movimiento moderno, entre ellos la idea de considerar los edificios como "máquinas funcionales con un acertado tratamiento de luz y plena integración de los espacios públicos y privados", tal como reza el manifiesto modernista.

El reconocimiento del Team 4 llegó tan pronto como su disolución. "Los primeros cuatro años fueron fantásticos, pero los dos tenemos caracteres muy fuertes y esto, a la postre, siempre complica las cosas. Fue cuando empecé a trabajar con Renzo Piano", afirma Rogers.

Al lado de su nuevo socio italiano, Richard Rogers construyó en 1971 su obra más reconocida: el centro Georges Pompidou de París, un entramado de redes y columnas de acero a la vista que rápidamente se convirtió en un hito de la ciudad. Para los críticos, este edificio significó el punto de partida del movimiento High Tech, un estilo en el que la tecnología define el concepto general de la arquitectura.

La funcionalidad de sus edificios y el despliegue tecnológico del centro Pompidou hizo que a Rogers se le encasillara como la cabeza de este movimiento tecnológico, hecho que él rechaza enfáticamente. "Las etiquetas nunca las inventan los creadores sino los historiadores, a quienes les encanta empaquetar lo que otros crean. La idea parte de un movimiento británico que pretendía utilizar la tecnología como un tipo de lenguaje".

A partir de ese momento Rogers entró a la elite de la arquitectura mundial. Pasó a construir enormes edificios en diferentes lugares del mundo, entre ellos obras como el edificio Lloyd's de Londres; el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en Estrasburgo; el Palacio de Justicia de Burdeos; las Terminales 5 del aeropuerto de Heathrow, de Londres, y T4 del aeropuerto Barajas, de Madrid.

En la actualidad trabaja con cerca de 150 arquitectos repartidos en sus oficinas de Londres, Madrid, Tokio y Barcelona. Se encuentra terminando el diseño de uno de los nuevos rascacielos que se levantarán en la zona cero de Nueva York y diferentes edificios públicos alrededor del mundo.

Además de su prolífica carrera como arquitecto, Richard Rogers es reconocido por sus aguerridos planteamientos urbanos que predican una férrea defensa del espacio público y el medio ambiente en las ciudades. Bajo esta faceta se desempaña como asesor urbano de las ciudades de Londres y Barcelona. "Me gusta muchísimo el urbanismo, pero de hecho estudié y trabajo como arquitecto. Es un error hacer un edificio sin tener en cuenta cómo va a condicionar el espacio público. La arquitectura es un problema urbanístico y también una cuestión política".

Es común escuchar cada año enérgicas voces de protesta cuando se anuncia el ganador del Pritzker. Los críticos generalmente argumentan que estos premios se han convertido en una revalidación de lo que consideran el "peligroso fenómeno de globalización de la arquitectura y el surgimiento de grandes estrellas mediáticas", según palabras del español Luís Fernández Galiano. En el caso de Rogers, las reacciones han sido más contundentes, ya que es cuestionado por las grandes y costosas estructuras que proyecta alrededor del planeta y por el amplio despliegue que tiene su nombre en los medios.

Pero él se ha mantenido al márgen de esta polémica. Al fin y al cabo, Rogers ha construido en los últimos 50 años una obra sólida y sin fisuras. Por eso el jurado que le otorgó el Pritzker justificó su decisión en "el rigor formal y el compromiso con el ciudadano que tienen sus proyectos. Nos recuerda que la arquitectura es el arte de mayor calado social y a través de su larga e innovadora carrera nos enseña que el papel más importante de la arquitectura quizá sea fomentar la ciudadanía".
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