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| 4/16/2011 12:00:00 AM

El maestro de las verdades incómodas

Más que entretener, Sidney Lumet siempre buscó que sus películas dejaran preguntas abiertas. Pero logró ambas cosas y por eso será recordado como uno de los grandes.

Desde su debut como director en 1957 con 12 Angry Men, película sobre un juicio en el que un miembro de un jurado, interpretado por Henry Fonda, logra convencer a sus compañeros de la inocencia de un presunto asesino, Sidney Lumet dejó claro su sello: historias no exentas de dilemas morales, películas con raíces en los problemas cotidianos de la sociedad norteamericana. Una declaración de principios que tuvo lugar en un momento en que el estilo Hollywood, el del entretenimiento sobre todas las cosas, parecía ser la única alternativa. Y si Lumet marcó distancia de esa corriente fue porque miró hacia Europa y encontró allí una forma de asumir el cine en la que los directores podían optar -sin reparos del productor- por temas más cercanos a los conflictos cotidianos del público, con actuaciones realistas.

Todo esto se dio en una época en la que los estadounidenses debieron vérselas con serios problemas de carácter político pero también existenciales. A este director le preocupaban la moral jurídica, la corrupción y el sistema policial, así como el fracaso institucional de administraciones como la de Nixon. También cuestionaba el talante de una sociedad que parecía condenada a la injusticia y al despotismo.

A través de personajes osados que enfrentaban a una organización opresora, Lumet ratificó su propósito: "Mientras el objetivo de todas las películas es entretener, el tipo de filme en el que yo creo va un paso adelante. Obliga al espectador a examinar un aspecto u otro de su propia conciencia. Estimula el pensamiento…". Aun así, sus historias siempre se las arreglaron para conectar con el público. Algo en lo que seguro ayudó la participación de actores afamados como Paul Newman, Jane Fonda y Keanu Reeves. Todo esto junto garantizó la viabilidad de sus películas llegada la hora de las cuentas.

De su obra, compuesta por 44 largometrajes, se destaca Network (1976), que obtuvo diez nominaciones al Óscar y de la que hoy más de un crítico se ha referido como la "red social" de su época. En ella, William Holden, Faye Dunaway y Peter Finchque protagonizan una historia en la que un presentador de televisión lanza diatribas al aire en contra de lo que él considera como la hipocresía de la sociedad estadounidense. También sobresalen Serpico (1973), sobre un detective que se esfuerza por cambiar el sistema policiaco de Nueva York y Dog Day Afternoon (1975), historia de un robo a un banco en Brooklyn. Estas dos protagonizadas por Al Pacino.

Nueva York, ciudad en la que vivió desde los dos años, fue su locación predilecta, y el sistema de justicia, su gran tema. Varias veces explicó por qué su gusto por la Gran Manzana: "Nueva York tiene cualquier atmósfera que uno se pueda imaginar para contar una historia. Las locaciones son los personajes de mis películas. Una ciudad que es capaz de retratar la emoción que una escena requiere". Woody Allen, quien como Martin Scorsese y John Cassavetes también ha retratado el alma de esta ciudad, dijo a The New York Times que Lumet fue "el cineasta por excelencia de Nueva York".

Cuatro veces estuvo cerca de llevarse la estatuilla como Mejor Director. Fue con 12 Angry Men, Dog Day Afternoon, The Verdict y Network, pero tuvo que esperar hasta 2005, cuando la Academia reconoció su trayectoria con un Óscar honorífico. El sábado 9 de abril falleció en Manhattan. Su último trabajo data de 2007: Antes que el diablo sepa que has muerto. Una película sobre el hijo drogadicto de una familia en apariencia feliz que decide asaltar la joyería de sus padres. Un argumento que es prueba de otro gran logro de su vida: ser coherente hasta el final.
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