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| 10/25/2008 12:00:00 AM

El malestar del Sargento

En su libro 'Esto no es música', el filósofo español José Luis Pardo explica el deterioro del Estado de Bienestar, y toma como base la portada del álbum ´Sargento Pimienta', de los Beatles.

Hace ya más de cuatro años, agotado después de haber terminado de escribir su libro La regla de juego, el filósofo español José Luis Pardo salió de su céntrica casa madrileña con la intención de comprarse un par de discos de los Beatles. Las canciones de los 'fab four' de Liverpool habían jugado un papel importante en la escritura de este libro con el que se ganó en 2005 el Premio Nacional de Ensayo en España. En la tienda se topó de frente con la portada del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, que no había visto en años, y miles de ideas empezaron a rondar por su cabeza.

"Estaba allí, como hace 40 años, transmitiendo esa sensación de desjerarquización, de revoltijo. Marilyn Monroe con Oscar Wilde, Stockhausen con Sonny Liston, Marx con Stan Laurel", cuenta. De esta inocente salida de compras le surgió la idea de escribir Esto no es música (Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores), en donde toma como pretexto la carátula del Sargento Pimienta y los personajes que aparecen en ella para reflexionar desde la filosofía acerca del fracaso de la cultura del bienestar.

Reparó en la posible interpretación que hoy alguien podría hacer de esa carátula: "Ese desprecio de la jerarquía y de la selección nos ha traído la crisis de la autoridad, el todo-vale posmoderno, los alumnos apedreando a sus maestros, los jueces que quieren ser estrellas y las estrellas que quieren ser jueces". Pero él guardaba en la memoria el recuerdo de cuando la vio por primera vez y sabía que no se trataba de eso. "Sentí una urgencia inaplazable de contar eso que yo sabía, de contrarrestar la posible confusión, y para ello empecé a hurgar en la portada".

Pardo, escritor y columnista de algunos medios españoles como El País, también es profesor de filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, y será uno de los invitados al próximo Hay Festival. de Cartagena de 2009. Catalina Gómez, de SEMANA, habló con él en Segovia, España.

SEMANA: ¿Qué vincula a 'Sgt. Pepper' con el Estado de Bienestar?

JOSÉ LUIS PARDO: Entre las escasas indicaciones que el Sgt. Pepper ofrecía sobre aquella banda de ficción (el "Club de los Corazones Solitarios") se cuenta que se había constituido en 1947. No es una fecha cualquiera. Señala uno de los momentos clave del proyecto político del Estado Social de Derecho, también conocido como "Estado del bienestar". Europa acababa de dejar de ser una potencia colonial. El Viejo Continente, incapaz ya de exportar su población sobrante a ultramar, tuvo que encontrar la manera de ofrecer una oportunidad a quienes hasta ese momento no habían tenido ninguna, al convertir la reducción de las desigualdades sociales en una prioridad política. Ya sé que la fórmula "Estado del bienestar", pronunciada hoy día evoca al adolescente tardío y obeso atiborrándose de grasas saturadas en el sofá mientras contempla embrutecido programa tras programa de televisión-basura; pero el hecho de que identifiquemos el bienestar con esa existencia indeseable explica por sí solo hasta qué punto hemos olvidado de qué se trataba.

SEMANA: Los Beatles mostraron una sociedad donde todos podían luchar por lo mismo, por salir adelante. ¿Hoy esto es posible?

J.L.P.: En el proyecto del Estado Social de Derecho, la frontera entre la alta y la baja cultura debería tender a desaparecer debido al acceso a la educación superior de las clases que antes la tenían negada, lo cual fue el factor principal de constitución de la "cultura popular". Sería completamente hipócrita decir que la supuesta desaparición de la frontera que hoy vivimos obedece a que ya hemos superado la diferencia de clases en nuestras sociedades. En algún sentido es visible que la diferencia cultural tiende a aumentar y a agravarse más que nunca. La brecha entre una minoría que escucha a Boulez y lee a Joyce y una mayoría que se nutre de productos culturales equivalentes a la "comida-basura" es mucho más pronunciada en las sociedades posmodernas que en las modernas.

SEMANA: ¿Cuáles son las claves de ese paraíso perdido de igualdad?

J.L.P.: Quizá conviene volver a mirar la foto. En ella aparece un montón de cómicos herederos del 'music hall', el ruidoso trasfondo de los escasos ocios de las clases trabajadoras de finales del siglo XIX y comienzos del XX, y que constituye la otra fuente de la música popular contemporánea. Sus logros nos pueden parecer ridículos comparados con las grandes obras de la historia universal y los monumentos de la industria mundial, pero contienen un mensaje añadido: el genio de Laurel & Hardy, de Lenny Bruce o de W. C. Fields expresa soberbiamente lo que tiene de ridículo, de absurdo y hasta de inicuo y canallesco todo eso de "llegar a ser alguien". En mi libro recuerdo que el año de nacimiento del rock'n'roll en Memphis (1954) coincide con la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos que declaró incompatible con la cuarta enmienda la segregación de los negros en las escuelas. Elvis Presley grabó That's all right, mama porque se olvidó de que era un joven blanco. Por esa misma razón -no reparó en que era un blanquísimo adolescente británico-, John Lennon añadió al repertorio de su grupo de Liverpool temas de Chuck Berry. Ambos pudieron olvidarse de su identidad y elevarse a un plano de individuación virtualmente universal. El éxito de sus fórmulas musicales es una apuesta por un mundo en donde ese olvido de la identidad es posible.

SEMANA: Usted plantea que ahora estamos en la era del triunfo de la identidad.

J.L.P.: El triunfo omnímodo de la identidad como "marca" política de referencia es una consecuencia de ese nuevo malestar que ha invadido la sociedad en la época de la descomposición del proyecto del Estado Social de Derecho. La música pop fue posible, entre otras muchas cosas, porque tanto la música de los afroamericanos estadounidenses como la que se hacía en los 'music halls' y en los tugurios de la cultura popular europea consiguieron salir de sus respectivos territorios de exclusión y ascender a la superficie de la ciudad moderna, e inundarla con su estruendosa reclamación de una felicidad que durante siglos les fue sistemáticamente negada a esas clases. Lo que vemos actualmente es que, al no poder encontrar solución en el espacio público, la desigualdad se experimenta como un problema privado, como una diferencia constitutiva de identidad. Eso provoca inmediatamente malestar, pues la identidad así percibida es forzosamente antagónica y genera un retorno suavizado pero innegable a los territorios de la exclusión.

SEMANA: ¿Por qué hoy produce descontento la portada del 'Sgt. Peppers'?

J.L.P.: La inquietud no procede exclusivamente de la nostalgia. La igualdad que muestra la portada se nos ha vuelto hoy insoportable, demasiado costosa para la nueva condición de miseria en la que nos hallamos en plena opulencia tecnológica. Al verla se hace evidente que un malestar completamente nuevo se ha instalado entre nosotros. Su origen inmediato se encuentra en los desperfectos producidos por el repliegue de la democracia social y su sustitución por el Estado de bajo costo, la fluidez laboral, la fluctuación financiera y las políticas de la identidad, mucho más adecuado a las querencias diabólicas de los Rolling Stones, que por este motivo han sobrevivido sin dificultad a la crisis. El malestar comienza cuando el Estado deja de ofrecer refugio contra la desigualdad, porque se pudre el vínculo social y cada vecino se convierte en un competidor que hay que abatir o en una carga de la que hay que desprenderse.
 
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