Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1993/06/14 00:00

El mito

La Biblioteca Luis Angel Arango, de Bogotá, presenta en junio, por primera vez en Colombia, una completa retrospectiva del más grande fotógrafo de guerra: Robert Capa.

El mito


EL 25 DE MAYO DE 1954 MURIO QUIEN es considerado como el pionero de las agencias de fotografía y el más grande foto-reportero de guerra que se ha conocido hasta el momento. Su nombre de pila era Endre Enro Friedmann, pero para el mundo, que lo vío crecer en una fama casi legendaria a través de sus imágenes, fue simplemente Robert Capa.
Amigo de importantes personalidades, como Pablo Picasso, John Steimbeck, Ernest Hemingway, John Huston, Gary Cooper e Ingrid Bergman (de quien fue su amante) la vida de Capa es tan mítica como su nombre.
Había nacido en Budapest, Hungría, en 1913. Pero pronto fue obligado a salir de su país por participar activamente en diversas manifestaciones socialistas. Ya en Alemania, antes de cumplir los 18 años, comenzó a desarrollar una pasión por la fotografía que no la abandonaría ni siquiera en el momento de su muerte. Había estudiado periodismo en Berlín, pero la subida de Hitler al poder en 1933 produjo tal sacudida en los simpatizantes socialistas, que el naciente fotógrafo no tuvo más remedio que irse para París.
Capa no escaparía a la energía y el embrujo de la capital francesa. Su llegada fue como la premonición de algo grande que debía forjar en otra esfera vital, distinta a la que había experimentado hasta entonces. Pronto se ubicaría como fotógrafo social y político, pero sabía que su gran aventura estaba a punto de hacerse realidad. Endre Friedmann no era más que un reportero estático al que le pagaban menos de lo que merecía por sus reproducciones, hasta que conoció en París a Gerda Taro, una fotógrafa polaca con un espíritu similar al de él: intenso, irónico y arriesgado. Ambos urdieron un plan que haría historia. Con la complicidad de Gerda, Friedmann se transformó de repente en Robert Capa, un prestigioso fotógrafo llegado de Norteamériea atraído por los acontecimientos europeos del momento. Era 1936 y la guerra civil española era ya un hecho inevitable. Los medios de comunicación se tragaron el anzuelo rápidamente, no solo porque el nombre de Robert Capa les sonaba como a estrella de cine sino porque Capa fingió una importancia inhabitual. Nadie lo había visto nunca, no pasaba al teléfono y cobraba tres veces más de lo normal por sus servicios.
España sería el lugar donde Robert Capa estrenaría su nueva identidad, con la que también iniciaría una vida digna de Hollywood y crearía todo un mito alrededor de ella. En el transcurso de su travesía de cerca de 20 años por los diversos frentes de guerra en España, Francia, Inglaterra, Italia, el norte de Africa e Indochina, Capa se forjó una imagen que ya nadie olvidaría. La de aquel enigmático personaje derrochador, que rondaba siempre los mejores hoteles y a las personas más importantes, irónico pero sensitivo, vestido a lo Humphrey Bogard, jugador empedernido, con aptitudes innatas para lograr las mejores fotos, aun a riesgo de perder la vida. Su fama llegó a tal punto, que Ingrid Bergman quedó enamorada cuando logró conocerlo en Francia durante una gira por Europa, en 1945. El romance duraría dos años, en medio de los cuales Capa abandonó la fotografía para irse con ella a Hollywood.
Pero lo mejor de él estaba al otro lado. Su trabajo en España y la Segunda Guerra Mundial, construyeron una leyenda que llegaría a ampliarse aún más el día de su muerte. Su lema siempre había sido el de "si tus fotografías no son lo bastante buenas, es que no estás lo bastante cerca ". Su propia novia, Gerda Taro, su amor de toda la vida, había muerto en 1937, en España, aplastada ante sus ojos por un tanque republicano, por seguir la norma.
Tiempo después, en 1954, en lndochina, Capa sufriría las mismas consecuencias de su lema. Durante un bombardeo, luego de haber tomado una fotografía de reconocimiento, Capa se acercó a una loma, en busca del sitio ideal para captar el enfrentamiento, sin advertir la presencia de la mina que había de matarlo. La única pertenencia que dejó al mundo fue su cámara leica y el cúmulo de testimonios documentales de sus fotos.
Al margen de cualquier consideración sobre su trágico final, lo cierto es que para los españoles, como para todo el mundo, la guerra civil en el país ibérico, así como el conflicto mundial de 1939, no habrían sido las mismas sin Capa. El se encargó de reproducir en el papel fotográfico toda la intensidad, el drama y la condición humana de los conflictos. Capa creó un estilo que sería imitado más tarde por los demás fotógrafos de guerra: el de mostrar la tragedia escondida detrás de las armas y los tanques; la dramática cotidianidad del campesino, del obrero y del niño, acorralados en la mitad de la hecatombe; el terror del soldado ante la muerte... y la muerte misma.
Sus mejores reportajes fueron publicados en la revista Life, antes de que él mismo creara en 1947 su propia agencia fotográfica, la Magnum, una afamada corporación para la cual trabajan actualmente los más prestigiosos reporteros gráficos del mundo.
La retrospectiva de Capa, presentada con el nombre de Testimonios de Fuego 1932-1954, no hace sino reconocer el trabajo y la fuerza sensitiva de quien logró describir en imágenes un período crucial para el mundo. -

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