Jueves, 19 de enero de 2017

| 2010/10/30 00:00

El momento de la verdad

En un concurso digno de un 'reality', los aspirantes a estímulos económicos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico 2010 presentaron sus proyectos, en un examen capaz de cambiar sus vidas.

Después de escuchar a cada participante, los miembros del jurado votaron para decidir cuáles de sus proyectos serían premiados. En la foto se encuentran la libretista colombiana Juana Uribe y el guionista chileno Orlando Lubbert.

El lobby del Hotel Embassy Suites en Bogotá fue, esta semana, un desfile de nervios. Los 29 jurados internacionales designados por el Consejo Nacional para las Artes y la Cultura en Cinematografía (Cnacc) se encontraron cara a cara con los participantes preseleccionados para recibir estímulos destinados a financiar sus proyectos fílmicos. Los nombres eran impresionantes, pues allí se sentaban, por ejemplo, personajes como Vanessa Ragone, productora de El secreto de sus ojos, ganadora del Óscar de 2010 a Mejor Película Extranjera; Sergio Wolf, crítico, realizador y director artístico del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici); Clara María Ochoa, productora colombiana, y Samuel Chauvin, productor francés.

Ante semejante panel, los cineastas y productores experimentados, como los jóvenes que se presentaban por primera vez, caminaban de un lado a otro, esperando su turno para pasar al paredón. Cuando los llamaban, tenían 15 minutos para convencer a los miembros del jurado, en su mayoría extranjeros, de que su proyecto merecía alguno de los estímulos económicos en disputa.

Minutos antes de su presentación, un joven director apuntó un diagnóstico grupal: "Estamos todos con el estómago chiquito". Pero además de los nervios, los participantes tenían otra cosa en común. Ganarse el premio era la diferencia entre realizar sus largometrajes o documentales, o quedarse con los crespos hechos. "Si no ganamos, es posible que la película no se haga", dijo a SEMANA el director vallecaucano Andi Baiz, quien concursaba para financiar una adaptación de El crimen del siglo, el libro de Miguel Torres sobre Juan Roa Sierra, el asesino de Jorge Eliécer Gaitán.

Uno por uno, los aspirantes presentaron propuestas cargadas de ilusiones creativas y profesionales. Una joven de menos de 25 años defendió con voz temblorosa pero decidida un proyecto de documental sobre el turismo carcelario, que transporta a las familias de los presos al entorno de la prisión en que se encuentran. Otro quería hacer una película sobre la vida en un montallantas. Algunos salían con la cara larga, convencidos de haber sido derrotados por las agudas preguntas de los jurados. Otros, con una sonrisa equívoca, y algunos, con la seguridad de haber ganado. Pero todos, con un ataque de nervios más o menos disimulado.

Por fin, el jueves el jurado escogió, en la Biblioteca Virgilio Barco, 31 proyectos en tres modalidades distintas. En total, el Cnacc entregó  6.940 millones de pesos. Claudia Triana, directora de Proimágenes Colombia, entidad mixta sin ánimo de lucro que organiza la convocatoria, explicó a SEMANA que el dinero es un porcentaje de los ingresos de los distribuidores, exhibidores y productores, y añadió que sin el fondo no habría cine colombiano, pues todas las películas que se hacen hoy en el país tienen estos estímulos. Todo gracias a la Ley 814 de 2003, con la que nacieron tanto el fondo como Proimágenes Colombia, para que el cine colombiano pasara de arrastrarse a caminar.

Ragone dijo a SEMANA que admira el sistema colombiano ya que integra "de manera efectiva" la administración pública con la privada. En cualquier caso, explicó que los proyectos premiados debían ser realizables en la producción, contar una "historia fuerte" más que "una reflexión demasiado íntima sobre el mundo" y tener un sello personal. Finalmente, elogió el concurso por darles "la oportunidad a todos los cineastas y productores colombianos de presentar su proyecto en igualdad de condiciones".

Wolf atribuyó la transparencia de los veredictos a la heterogeneidad del jurado. En el grupo, conformado por colombianos, alemanes, mexicanos, brasileños y estadounidenses, entre otros, había desde productores y directores hasta novelistas y dramaturgos. "Esto da multiplicidad de miradas y hace que haya una enorme libertad de decisión, sin criterios impuestos de ningún tipo", dijo Wolf.

Al parecer, la estrategia ha funcionado. El director Óscar Ruiz Navia expresó su confianza en un juicio limpio, con palabras simples pero expresivas: "Esto no es a dedo".

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