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| 7/21/1997 12:00:00 AM

EL MUNDO PERDIDO

La continuación de 'Parque jurásico' es la excepción a la regla según la cual nunca las segundas partes fueron buenas.

Director: Steven Spielberg Protagonistas: Jeff Goldblum, Julianne Moore, Pete Postletwaite, Arliss Howard, Richard Attenborough. Entretenido en fundar una de las empresas más envidiables de la industria cinematográfica, Dreamworks, el director y productor Steven Spielberg no había vuelto a filmar desde 1993, cuando dio a luz La lista de Schindler y Parque jurásico, esta última una fascinante aventura en tecnología visual que hizo realidad el sueño de revivir a los gigantescos dinosaurios que desaparecieron del planeta hace 65 millones de años. Pero aunque fue un verdadero fenómeno en taquilla, en realidad la película no respondió a las expectativas y, aparte de la demostración digital en el diseño y movimiento de las criaturas, el tema y su desarrollo dejaron mucho que desear. Quizás por eso, y porque en el fondo Spielberg quería seguir explorando hasta dónde podía llegar con la revolucionaria técnica computarizada, el director de E.T. se le midió al reto de una segunda parte. El resultado es El mundo perdido, una película que desde ya ha convertido a su antecesora en un simple ensayo en comparación con la elaborada fantasía que ofrece al espectador el nuevo capítulo jurásico. Aunque de la primera parte sólo sobreviven Richard Attenborough, como el audaz empresario que quería montar el parque jurásico como atracción turística, y Jeff Goldblum, como el excéntrico científico experto en la teoría del caos, El mundo perdido es una verdadera continuación, a pesar de que no es necesario haber visto la primera para disfrutar la segunda. Ahora se trata de volver a la isla de Costa Rica, donde se llevó a cabo el proyecto, no sólo para analizar al natural la vida de estas misteriosas y enormes criaturas, sino para impedir que algunos inescrupulosos empresarios alteren el orden de la isla y decidan secuestrar algunos de los animales para abrir un zoológico en la ciudad. Esta última idea _la de hacer trotar y gruñir a un tiranosaurio en plena urbe_ es quizás la más estrafalaria y se asemeja con patetismo a las numerosas versiones de Godzila. Sin embargo, el desenlace de la trama es lo de menos, pues antes de esto Spielberg ha envuelto al espectador en una historia _con mensaje ecológico de fondo_ digna de las mejores películas de terror. El hombre ha invadido el territorio de los dinosaurios y tendrá que atenerse a las consecuencias, parece ser la consigna. Y a través de unos efectos especiales tan auténticos como sobrecogedores, las criaturas jurásicas de El mundo perdido ponen a temblar al público de una manera tan real como nunca antes se había visto en pantalla. No cabe duda. El trabajo de Spielberg y su gente, independientemente de la historia y su desenlace, son dignos de aplauso. Gracias a Spielberg, los dinosaurios han revivido de verdad.
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