Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/02/19 00:00

EL MUSEO EN LA MIRA

Un informe en la procuraduría inició la polémica alrededor de posibles irregularidades en la administración del Museo del Oro. ¿Cuál es la realidad del problema?

EL MUSEO EN LA MIRA

UNA NOTA APARECIDA EL 29 DE DIciembre de 1995 en la primera página de 'El Tiempo', causó desconcierto en los pocos colombianos que no estaban disfrutando de las vacaciones de fin de año. La noticia titulada "Caos y folclore en el manejo del Museo del Oro", resumía las conclusiones a las que había llegado la investigación de la Procuraduría General de la República, respecto a las denuncias hechas por el representante a la Cámara Pablo Victoria, acerca de posibles irregularidades en la administraci6n del Museo del Oro. El debate lo había suscitado el representante un año antes, en el marco de la investigación que adelantaba en esa época la Comisión Accidental del Senado sobre los sucesos que tuvieron que ver con el millonario robo de la sede del Banco de la República en Valledupar.
Luego de hacer un recuento de las fallas detectadas por la Procuraduría entre robos de obras, piezas extraviadas o mutiladas e inventarios incompletos, el informe de 'El Tiempo' concluía que así las cosas "las piezas precolombinas, que representan uno de los patrimonios históricos de la cultura nacional, están en peligro de extinción". Aunque la noticia pasó un tanto inadvertida por haber aparecido en época de vacaciones, en el medio cultural la denuncia tomó visos de escándalo. Mientras en las diferentes emisoras del país se comentaba el documento, el clavicembalista Rafael Puyana, en las páginas editoriales de 'El Tiempo' del 6 de enero de este año, se encargó de avivar la polémica diciendo que de ser ciertas las denuncias de la Procuraduría, todo el peso de la ley debía caer sobre Ios responsables de semejante atropello al patrimonio; pero, de no ser así, cabía la sospecha de que todo fuera una patraña política destinada a aprobar en el congreso el que Puyana considera 'mico-Min cultura'.
Y la verdad es que, tomadas fuera de contexto, las irregularidades que contempla el documento de la Procuraduría son capaces de armar un escándalo. Palabras más, palabras menos, el informe habla de casos tan graves como el robo de piezas, el extravío de otras e incluso de la mutilación de algunas de ellas, todo esto alimentado por el hecho de que el único inventario oficial que había hecho el museo de su colección de orfebrería en 50 años, databa de 1990, antes de que en 1995 se hiciera un inventario general con confrontación física de las 33.460 piezas que la conforman.
Ninguna de estas denuncias es falsa. En 1975 desaparecieron cuatro piezas del segundo piso de la sede de Bogotá. Otra pieza más, que pertenecía a la muestra que viajó a Caracas en 1981, resultó extraviada cuando se preparó la misma muestra al año siguiente con destino a Canadá. Finalmente en 1989, con ocasión del inventario general que culminaría en 1990, dos funcionarios del museo detectaron que en la sucursal de Ipiales faltaban dos piezas que nunca volvieron a aparecer. Así mismo, el inventario del 90 arrojó el saldo en rojo de 11 piezas, las cuales hasta el momento se encuentran refundidas. Sin embargo, afirmar que por esto el patrimonio arqueológico del museo está al borde de la extincion puede resultar un tanto exagerado. Si bien el número de piezas involucradas en las desapariciones no es insignificante, en comparación con la totalidad de la colección y la antiguedad del museo, los casos son más bien aislados.
"Por supuesto-comenta Clemencia Plazas, directora del museo-, esto no significa que no se deba mejorar en el control de inventarios. Cualquier sugerencia de este informe al respecto es positiva".
De las irregularidades, quizás la más dolorosa es la de las mutilaciones. En 1991, mientras adelantaban los estudios de condición de las piezas que viajarían a una exposición en Suiza, un grupo de arqueólogos del museo detectó que 12 piezas habían sufrido una disminución en el peso. "Gracias al estricto control del movimiento de las piezas, dice la directora, pudimos detectar en un mes que el causante del brutal atropello había sido el fotógrafo del museo, Roberto Alfaro, quien antes había trabajado en el departamento de seguridad". Meses más tarde aparecieron otras 17 piezas que habían pasado por las manos destructoras de Alfaro, quien aprovechaba las sesiones de fotografía para mutilar las obras y terminó expulsado de la institución.
Si bien ningún museo en el mundo está exento de que sucedan anomalias de esta clase, lo que más ha preocupado a la Procuraduria es el manejo que se les han dado a las irregularidades. Según el informe, que de los cuatro casos-Ios robos, los extravios, Ios faltantes de inventario y la mutilación-uno solo haya llevado a su resolución, es algo que hace pensar en la debilidad del museo en su parte administrativa. Sobre todo cuando existe como antecedente un solo inventario en 50 años. Sin ir más lejos, en Ipiales, en la época de la desaparición de las dos piezas, los investigadores pudieron comprobar que en los revelos, de la dirección de la sucursal, el inventario de entrega era firmado simplemente como un acto simbólico, sin que el conteo de las piezas se hiciera efectivo en realidad.
Precisamente, lo que más llama la atención del informe es Io del único inventario en 50 años, al fin y al cabo una falla que bien pudo precipitar las demás irregularidades. No obstante, algunos funcionarios del Banco de la República consultados por SEMANA han asegurado lo contrario. El iniciador del museo, Luis Barriga del Diestro, confirmó que durante su dirección los inventarios se hacian cada dos años y en ocasiones cada seis meses. Por su parte, el actual Subdirector Técnico del museo, Roberto Lleras, comentó a SEMANA que "hay plena certeza de que los inventarios se realizaron, pero los documentos que lo certifican desaparecieron quizás durante la reorganización del archivo, ocurrida entre 1989 y 1990.
En cuanto a las denuncias del documento respecto al extravío de piezas porque posiblemente fueron aspiradas durante el aseo, al desorden en la clasificación de las obras y la imposibilidad de saber con exactitud el número total de piezas que conforman la colección de orfebreria, la directora del Museo del Oro es enfática en afirmar que nada de eso tiene fundamento: "Decir que las piezas se han perdido entre una aspiradora es una ligereza sin consistencia alguna. En segundo lugar, no es cierto que no podamos saber con exactitud el número de piezas de la colección de orfebreria. Las piezas de cobre y las de orfebrería están catalogadas arqueológicamente en una sola clasificación porque, entre otras cosas, todas las piezas de oro tienen un porcentaje significativo de cobre. Pero aun así, es perfectamente posible separar en un conteo cuántas son de cobre y cuántas son de orfebrería. Por último, el hecho de que una fracción de tela aparezca en la colección no quiere decir que ésta esté desordenada. Se trata de una faja bordada con cuentas de oro. Arrancarlas de la tela sería un despropósito".
Con todo, a pesar de las fallas detectadas por el informe, según Clemencia Plazas el museo se halla lejos de estar sumido en un caos administrativo, como han afirmado algunos medios.
"En más de 50 años el museo ha realizado más de 300 exposiciones que han recorrido elpaís y el mundo sin que haya habido anomalías de ninguna especie", comenta la arqueóloga. Y en materia de seguridad, salvo los casos aislados de que habla el informe, el Museo del Oro le lleva ventaja a cualquier otro museo del país".
Tal vez por eso mismo es que la Procuraduría advierte que los riesgos "están más al interior que al exterior del Museo del Oro". Y si bien es exagerado afirmar que el patrimonio orfebre colombiano está al borde de la extinción y la misma Procuraduría reconoce que el museo ha hecho esfuerzos Ioables por perfeccionar sus sistemas de seguridad interna, Io cierto es que a los ojos de la Procuraduría, desde el punto de vista administrativo hace falta un control más estricto para que no se vuelvan a repetir las irregularidades de antaño. Porque como dijo un delegado del Ministerio Público, "es mejor ser insaciable a la hora de exigir controles, antes de que un día amanezca y la balsa muisca haya desaparecido".

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