Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/07/17 00:00

El navegante

En ‘La carta esférica’, su más reciente novela, el español Arturo Pérez-Reverte explora los dos temas que más lo apasionan: el mar y la mujer.

El navegante

Para Arturo Perez-Reverte el hombre debe permanecer preso de las aventuras, y sus novelas siempre giran en torno a esa idea. La carta esférica, su más reciente libro, no es la excepción. Coy, un marinero sin barco, se ve envuel-

to por una mujer que lo incita a la búsqueda de un misterio que está sepultado en el fondo del mar desde 1767. Las intrigas y los intereses de otros personajes en hallar lo mismo desencadena un interesante relato que, además, se convierte en un repaso a la literatura náutica. Pérez-Reverte no sólo es conocido por novelas como Territorio comanche, El club Dumas, El capitán Alatriste, entre otras, sino también por su labor como reportero en las guerras del Líbano, Las Malvinas, El Salvador y Nicaragua. Varias de sus obras han sido llevadas al cine. El escritor, también, es un navegante por excelencia.

Semana: ¿Cómo nació la idea de la novela?

Arturo Perez-Reverte: Yo estaba en una subasta de objetos náuticos en Barcelona, pujando por una carta náutica, y entonces me di cuenta que estaba viviendo el comienzo de una novela. Salí de la subasta, me puse a tomar una copa y a medida que la iba tomando vi la historia: un marino sin barco, una carta, un misterio, un tesoro, un barco hundido.

Semana: En este libro se repiten elementos de sus novelas anteriores, como la aventura, el misterio, la mujer...

A.P.R.: Es cierto. Yo digo que siempre escribo la misma historia. Lo que pasa es que va cambiando a medida que mi vida cambia. Yo tengo un territorio en el que me muevo y es tan concreto que cualquier lector lo reconoce. En esta novela hay un triángulo que es vida-mujer-mar. Para mí los tres son sinónimos. Hay que arriesgarse y moverse con ellos para hacerse más sabio.

Semana: ¿Por qué insiste en la aventura?

A.P.R.: El ser humano siempre tiene posibilidad de aventura. Parece que el hombre solamente sueña viendo la tele, pero no debe ser así. No tienes que irte al Himalaya, ni atacar un barco pirata para buscar la aventura. Tú sales a la calle y te enamoras. Una mujer, un libro, una copa, una borrachera, un viaje, un tesoro, todo es posible en la vida. En la novela uno sabe que de A se llega a B pero lo importante no es llegar a B para ver si hay tesoro o no. Lo importante es que durante el recorrido vives, te transformas, peleas, luchas, sueñas, justificas el hecho maravilloso de estar vivo. Y en ello influye la Mujer. La mujer con mayúscula. La Mujer como misterio, enigma, secreto, memoria.

Semana: Precisamente usted crea un personaje femenino muy bello que es Tánger, eje de la aventura.

A.P.R.: Para mí siempre es la misma mujer. Lo que sucede es que voy haciendo prolongaciones de un tipo de mujer que me interesa. Tánger es el resumen de mi vida como lector y de mi vida personal. En ella está todo. Coy sabe que es una hija de puta y ella lo admite. El sabe que tiene que seguirla. ¿Quién no seguiría a Tánger aun sabiendo que te lleva no sé dónde? En ese terreno la mujer es la mejor aventura. Ningún hombre, inteligente o no, que conozca una mujer inteligente o no inteligente, al terminar su relación es el mismo que cuando empezó. Al menos en mi caso mis grandes progresos fueron a través de mujeres. La gran aventura hasta para el tipo más sedentario, más tímido, es la mujer.

Semana: Entonces, ¿la mujer sigue siendo el gran misterio?

A.P.R.: Sin duda. Para un tipo lúcido la mujer es la gran tentación, insisto, aunque no te la vayas a tirar. Siempre recuerdo cuando estaba en Mozambique. Iba con los guerrilleros y tenía una sed espantosa. Ibamos a sacar agua de un pozo y en ese momento llegó una chica joven, guapísima, negra como el carbón y me ayudó a sacar el agua. Sonrió y vi una luz que le resbaló por encima del brazo y que le resbaló por los ojos y la cara. Vi tal armonía que parecía un cuadro. De eso han pasado veintitantos años y todavía la tengo en la cabeza. Yo te aseguro que cuando vi esa sonrisa y ese gesto yo cambié. No volví a ser el mismo.

Semana: ¿Usted también se propuso hacer un homenaje a la literatura que se refiere al mar?

A.P.R.: Yo no diría homenaje. Lo que hay en la novela es un afán por recuperar todos los libros que amé y hacer un recorrido por todos ellos, esta vez sobre el mar. Yo elegí tres libros para contar esta historia y la vida del protagonista. La etapa de la juventud, la inocencia como fascinación que es La isla del tesoro. La segunda es cuando ya estás en el mar, Moby Dick. La tercera, el héroe ya se ha cansado y regresa, pero no es el mismo, La Odisea… Yo le he cedido a Coy la oportunidad de dividir su vida en esos tres períodos.

Semana: ¿Tuvo problemas con tanta referencia técnica para armar la investigación que conducirá al tesoro?

A.P.R.: Me tocó investigar mucho porque hablamos de un barco que se hundió en el siglo XVIII. Estudié las cartas náuticas de entonces, la evolución de la cartografía, la astronomía de la época. Pero no es una novela erudita sobre el mar. Yo sé mucho más del mar que lo que hay aquí. Lo que sucede es que yo tenía que manejar con soltura la terminología. El lenguaje marino es magnífico, no tiene sinónimos, es perfecto. La parte técnica es la más difícil pero también es la más divertida. Fue una estructura muy compleja de armar, me llevó año y medio prepararla y medio año escribirla.

Semana: ¿Navega con frecuencia?

A.P.R.: Todo el tiempo. Tengo un velero de 14 metros de eslora, en el cual tengo una biblioteca bastante grande. Desde que me retiré del periodismo paso mitad del tiempo navegando y mitad del tiempo escribiendo. Ahora voy a viajar por la costa sur de Italia y de Grecia.

Semana: ¿Volverá a escribir sobre el mar?

A.P.R.: En diciembre se publicará mi libro El oro del rey, y después viene una novela larga que tendrá que ver con el mar... Es algo que no puedo evitar.

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