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| 5/7/2001 12:00:00 AM

El nuevo ‘boom’

Tanto en la academia como en las librerías se habla de un auge especial de las mujeres en la literatura. ¿Es una moda pasajera o la revelación de grandes plumas? El debate está abierto.

Espido Freire, Angeles Mastretta, Marcela Serrano, Isabel Allende, Laura Restrepo, entre muchas otras, cada vez se hacen más populares dentro del público lector.Elena Poniatowska, gracias a su libro La piel del cielo, acaba de recibir el Premio Alfaguara de Literatura 2001 tras suceder a otra mujer: Clara Sánchez, quien lo obtuvo el año pasado con su novela Ultimas noticias del paraíso. Maruja Torres, actual Premio Planeta, pasó de visita hace algunos días por Colombia con el fin de presentar su libro Mientras vivimos. La poeta peruana Blanca Varela acaba de adjudicarse el premio de poesía Octavio Paz, que también han recibido importantes autores. Por otro lado, Rosa Montero se convierte en una de las figuras más llamativas que estará presente en la próxima Feria del Libro de Bogotá. ¿Existe realmente un boom de mujeres en la literatura?

El auge de ellas en las librerías y en el campo editorial parece cada vez más evidente e, incluso, en la academia se ha revivido la discusión sobre la calidad de sus obras y si todas apuntan, en el fondo, hacia una misma dirección tanto en lenguaje como en temáticas. Es decir, si el llamado término ‘literatura femenina’ realmente existe como algunos catedráticos lo han querido imponer desde el siglo pasado.

“Hay dos hechos de bulto: uno, que cada año las mujeres que escriben se multiplican por 10 y las que leen por 1.000, y dos, que de allí surgen, por primera vez masivamente, mundos vistos e interpretados por mujeres. Es claro que esto no confiere automáticamente calidad literaria, pero tenga por seguro que de todo este tumulto una que otra obra perdurará”, opina al respecto la escritora colombiana Laura Restrepo.

Para quienes han ahondado en el tema este auge es propio de la última década. Con la entrega del Premio Nobel de Literatura a las escritoras Nadime Gordimer y Toni Morrison las mujeres empezaron a apoderarse paulatinamente de algunos de los principales reconocimientos literarios. Y no por el hecho de ser mujer. El poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo, jurado del Premio Alfaguara de Novela el año pasado, una vez leyó la novela Ultimas noticias del paraíso se sorprendió cuando se dio a conocer la identidad del autor ganador, pues el jurado nunca supo quiénes habían escrito los libros nominados. Se trataba de la española Clara Sánchez. Al igual que Jaramillo, escritores como Alfredo Bryce Echenique la colmaron de elogios.

Este año la situación fue similar. La periodista mexicana Elena Poniatowska se impuso en este mismo premio y la crítica la respaldó reconociendo su trayectoria como escritora. “En el caso de Elena Poniatovska, la atención y los premios son apenas actos de justicia con una de las mejores, no le digo escritoras, sino escritores de América Latina, no sólo por el peso literario de sus libros sino también por su bella manera de tomar partido por lo que es luminoso, profundo y honesto de nuestra realidad”, comenta al respecto Laura Restrepo.



Mujeres arriba

En diciembre pasado un diario mexicano preguntó a la poeta panameña Consuelo Tomás Fitzgerald si creía que existía en la actualidad un auge especial de las escritoras. Ella respondió: “Yo creo que las mujeres siempre hemos estado escribiendo pero en los últimos 30 ó 40 años se ha tratado de recuperar la palabra. Desde ahora intentamos aportar a la literatura esa experiencia de ser mujer y ponerla ahí con sus variantes, con su color”.

Sin embargo hay quienes consideran que no hay que remontarse a tantos años. Basta ver el llamado boom de la literatura que encabezaron Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y Carlos Fuentes para descubrir que, en apariencia, allí no figuró ninguna mujer.

Para Angela Inés Robledo, profesora de literatura de la Universidad Nacional y coautora del libro ¿Y las mujeres?, este boom se dio en Colombia en la década de los 80 cuando las autoras nacionales más representativas, como Alba Lucía Angel, Marvel Moreno y Helena Araújo, publicaron sus obras más importantes.

Para ella este fenómeno hay que mirarlo desde varios puntos de vista: la producción literaria, la recepción y el mercadeo. Robledo advierte, entre otras cosas, que es importante tener en cuenta hechos como el que las mujeres empezaran a ingresar a la universidad masivamente en los años 30 y el origen del feminismo en los 60, con todo lo que ello produjo.

En el caso de la recepción Angela Robledo opina: “Muchas mujeres tienen ganas de que otras mujeres les cuenten por escrito las angustias, dudas, sufrimientos, alegrías y cómo llegaron al placer y al reconocimiento de sus cuerpos. Así la lectura de obras de mujeres por mujeres se convierte en un espacio de solidaridad entre ellas que, además, apunta a la búsqueda de identidades”.

Algo similar opina Pilar Reyes, editora de Alfaguar: “A nivel de ventas yo me aventuro a decir que el mayor número de personas que leen son mujeres. Por ejemplo, me acuerdo muy bien que en una de las visitas de Marcela Serrano a Colombia las mujeres se le acercaban mucho, no sólo para hablar de literatura sino para hacerle algunas confesiones sentimentales”.

Para la investigadora Luz Mary Giraldo la acogida de autoras obedece a otras razones: “Las mujeres cada vez escriben mejor y desde siempre han existido escritoras de talla mundial. Lo que pasa ahora es que se pueden estar tomando como una moda y muchas veces las mismas editoriales se aprovechan de ello para tratar de vender más”.

Para Rodrigo Castro, de la Librería Central de Bogotá, los libros de mujeres muchas veces se venden por la resonancia que se les dé a través de los medios de comunicación. “Ahora se está vendiendo mucho el libro de Patricia Lara en gran parte por el despliegue que se la ha dado en radio y televisión. La gente viene directamente a buscarlo sin que uno, como librero, alcance a sugerirlo, comenta Castro y agrega: Las escritoras españolas también se venden muy bien pero me da la impresión de que muchas veces no trascienden, son muy locales, y mucha gente todavía no las reconoce”.

El debate sobre su calidad y si su condición de mujeres implica semejanzas en su escritura está abierto. Incluso en algunas facultades de literatura se está discutiendo el tema. ¿Perdurará el sinnúmero de mujeres que ahora colman las librerías? ¿El debate de género debe dejarse a un lado definitivamente? Lo que parece innegable es la plena identificación de las mujeres con ellas mismas. Tal vez Regina, uno de los personajes de la novela Mientras vivimos, de Maruja Torres, lo resuma: “Si Flaubert hubiera tenido la regla —había dicho en aquella estúpida conferencia— Madame Bouvary jamás hubiera sido escrita”.
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