Domingo, 22 de enero de 2017

| 1997/05/12 00:00

EL NUEVO LE CARRE

El humor y la ironía ingresan a la narrativa del maestro del espionaje.

EL NUEVO LE CARRE

El sastre de Panamá
John Le Carre
Traducción de Carlos Milla
Plaza y Janes,
Barcelona, 1997
$ 24.900
Quien iba a pensar que John Le Carré, el maestro contemporáneo del género de espionaje, iba a acabar haciendo la parodia del espía y su oficio. Y sí, eso ocurre en su última novela, El sastre de Panamá. Y además se lanza a la política-ficción. El escenario es ahora Panamá y la época el año 2000, fecha en que los gringos deben devolver el Canal. Esta circunstancia ha revuelto un avispero de intereses nacionales y extranjeros, bajo el común denominador de la corrupción más escandalosa. Entre los últimos están los japoneses, los ingleses y los gringos.
Por arte del chantaje, un sastre de origen británico acaba convirtiéndose en espía de Gran Bretaña. Pero no tiene las conexiones para lograr la información requerida, así que se dedica a inventarla. El desenlace es muy trágico, pues toda la historia urdida por el sastre e infiltrada por su contacto al Foreign Office tiene sus consecuencias.
El lector inmediatamente recordará Nuestro hombre en La Habana, uno de los pocos libros divertidos y amables de Graham Greene, cuyo protagonista se desempeña también como espía chimbo, aunque no llega a un final trágico. El mismo Le Carré reconoce el precedente y advierte que le sirvió de inspiración para esta novela.
Pero, dejando a un lado la anécdota, es interesante detenerse en dos aspectos de esta obra. El primero tiene que ver con el planteamiento central: ¿qué va a pasar con el Canal en el año 2000?, ¿qué pasará con las bases gringas?, ¿cómo se está preparando la clase dirigente panameña para recibirlo y administrarlo? En este sentido el libro es muy pesimista.
El segundo aspecto digno de señalar es el profundo conocimiento que Le Carré tiene de Panamá y de su sociedad. Al parecer ha vivido allí varios años y ello le permite bucear en las entrañas del país. Y hay que decir que su visión, aunque está presentada con humor e ironía, es verdaderamente desoladora: corrupción, inmadurez, esnobisno, ignorancia, inmoralidad y otra vez corrupción.
Aparte de esas características mayores, retrata de manera maestra la vida cotidiana, los tics sociales, las costumbres, los terrores colectivos, las conductas políticas. En resumidas cuentas: es un buen libro, tal vez uno de los mejores de Le Carré, que había venido de capa caída en sus obras anteriores.

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