Miércoles, 22 de febrero de 2017

| 1999/08/02 00:00

EL NUEVO PAPA DE LA MUSICA

El nombramiento de Sir Simon Rattle como nuevo director de la Filarmónica de Berlín presagia <BR>cambios radicales en las grandes orquestas para el tercer milenio.

EL NUEVO PAPA DE LA MUSICA

Dicen que elegir director de la Filarmónica de Berlín apenas se compara con el cónclave
papal. Se hace solemnemente y a puerta cerrada: 112 músicos _de los 128 que conforman la orquesta_ con
derecho a elegir, votan en secreto en un enorme cáliz dorado. Así es desde hace 117 años, cuando eligieron a
Hans von Bülow, el primer director de orquesta en el sentido moderno de la palabra. No hay intriga que valga.
En esta, que fue la sexta en su historia, no valieron ni las 'persuasiones' del Consejo de Berlín, que
anualmente aporta una suma cercana a los siete millones de dólares.
Se barajaron dos nombres para suceder al italiano Claudio Abbado, que en 1989 reemplazó a Herbert von
Karajan: el director y pianista argentino-israelí Daniel Baremboim de 57 años y el británico Sir Simon Rattle
de 44. Baremboim, una estrella internacional de reconocida trayectoria con un estilo que califican de
honesto, pulcro, recto y cuidadoso, es un especialista en el repertorio clásico y romántico, que ha sido el
sello de la orquesta desde el siglo XIX. Rattle, menos famoso que su rival, unánimemente calificado como
fogoso y brillantísimo, es ecléctico en su estética y fundamentalmente ha sido un genuino defensor de la
música del siglo XX. Rattle fue siempre favorito del público y los medios, en especial de Die Welt y Der
Spiegel.
Dentro de la orquesta se dio una especie de cisma pues vieja guardia, obviamente, prefería a Baremboim.
Sin embargo la votación favoreció por amplísimo margen al británico. "Ganaron los jóvenes", declaró Axel
Gerhardt, un violinista miembro de la orquesta desde hace 33 años.
Rattle, nacido en Liverpool en 1955, estudió percusión en la Royal Academy of Music de Londres y llegó en
1980 a la dirección titular de The City of Birmingham Symphony Orchestra, una agrupación de provincia
en Gran Bretaña, pero que bajo su batuta se convirtió en una de las más importantes orquestas del
mundo, invitada de grandes festivales y un fenómeno discográfico en un repertorio inusual: Sibelius,
Stravinsky, Boulez, Berio, Mahler, Britten, Maxell-Davies, Gubaidulina, Takemitsu. Eso es precisamente lo
que desean los filarmónicos de Berlín: entrar de su mano al tercer milenio. Le han dado su voto de
confianza. Esperan de él sus condiciones de director extraordinario y su genuina conexión con la
modernidad para empezar a salir del tradicionalismo, el cual nos les ha permitido conquistar al público joven.
Musicalmente lo conocen lo suficientemente bien: ha estado al frente de la orquesta en 55 oportunidades
desde 1987; la última hace apenas unas semanas cuando dirigió Eclats de Boulez y la 7ª de Mahler; esa
noche el público tomó partido para apoyar su nombre como sucesor de Abbado, un director que cumplió pero
no alcanzó los niveles de magia de sus antecesores: von Büllow, Nikitsch, Furtwängler y Karajan.

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