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| 4/11/1988 12:00:00 AM

EL OCASO DE UN IMPERIO

Toda la historia del emperador Maximiliano y su lucha con Benito Juárez, en la última novela de Fernando de Paso.

En un castillo francés rodeado de muros, jardines y guardianes una anciana intenta rebelarse contra la demencia, la senilidad, el hambre y la compasión que la corroen desde hace muchos años. Tiene 86 y desde los 26, víctima de muchas causas y circunstancias, emperatriz de un reino de mentira, esposa de un hombre egoísta que la abandona en busca de mujeres menos púdicas y religiosas, se fue enredando en sus recuerdos, sus obsesiones, sus frustraciones, sus ansias de hacer el amor aunque fuera con un muñeco, se fue confundiendo hasta cuando lo real se le volvió ficticio y los sueños se trocaron en cosas tangibles y los muertos regresaron a la vida y los vivos perdieron toda su pasión.
Esta anciana delirante que tiene mucha hambre y se come las cortinas, los manteles y los escasos pelos de su cuerpo, y se pasea desnuda esperando al marido que 59 años atrás fue ejecutado por unos salvajes en México, es la emperatriz de México, la princesa Carlota de Bélgica, hija de Leopoldo y Luisa Maria de Orleans, nieta de Luis Felipe de Francia y casada con el archiduque Maximiliano, descendiente de los Reyes Católicos y quien perdió la razón 60 años atrás.
Maximiliano y Carlota son los protagonistas de una novela emocionante, muy bien escrita por el mexicano Fernando del Paso, con 670 páginas en la edición de Mondadori: "Noticias del Imperio". Durante 10 largos años, el autor reunió todo cuanto pudo descubrir sobre la vida miserable y trágica de esta pareja, convertida en monarca de un país como México donde se encontraron en la boca del lobo y el infierno.
Toda la desgracia comenzó un 17 de julio de 1861 cuando el presidente Benito Juárez decidió suspender el pago de la deuda externa mexicana. A dos ingleses les debía 69 millones de pesos, a los españoles 9 millones y a los franceses 3 millones. Desde hacía varios años, el emperador francés, Napoleón III, sobrino del primero, soñaba con fundar un imperio al otro lado del mar, un imperio que aumentara su supuesta grandeza después de enfrentar las barricadas en las calles y el alzamiento de los miserables. La decisión de Juárez fue apenas el pretexto para una situación que venía incubándose. Envió un ejército de ocupación apoyado por soldados de otras nacionalidades y muchos mercenarios, con el plan de fundar una monarquía en una nación salvaje y con un príncipe católico europeo. Eligió para esa misión al pariente más débil y más dócil, al archiduque austriaco Fernando Maximiliano de Habsburgo quien, a mediados de 1864 llegaría a su nuevo reino.
Ese reinado duraría menos de 3 años llenos de sufrimientos y humillaciones para los emperadores, un desangre permanente porque los mexicanos, encabezados por Juárez, organizaron la más salvaje resistencia.
Benito Juárez, el vencedor de los emperadores, era un indio cetrino, huérfano de padre y madre desde los 3 años de edad. A los 11 trabajaba como pastor de ovejas, trepaba a los árboles para tocar una flauta de carrizo y hablar con las bestias en el único idioma que conocía: el zapoteca. Se hizo sirviente cuando creció, aprendió el castellano y también aritmética, álgebra, latín, teología y jurisprudencia. Después sería diputado, gobernador, ministro de Justicia y Gobernación y finalmente, Presidente de la República.
Los principales episodios de todos esos años, el reinado tormentoso de Maximiliano y Carlota, las batallas, las figuras ridículas de los soberanos en esa corte trasplantada al trópico con todo su inútil ceremonial, las consecuencias políticas de ese imperio a pocos pasos de los norteamericanos, todo lo que pasaba de bueno y de malo, de importante y pequeño en ese mundo de cabezas coronadas, se halla incluido en este libro que es una mirada exhaustiva al espectáculo más triste de todos: la caída del ser humano.
"Sólo la historia y yo, Maximiliano, estamos vivas y locas. Pero a mí se me está acabando la vida", murmura Carlota mientras vaga como un fantasma en ese castillo donde la tienen encerrada junto a un grupo de damas y enfermeras que la odia.
Del Paso, un escritor que tiene 2 libros anteriores, tan minuciosos como éste, "José Trigo" y "Palinuro de México" -con el cual ganó el premio Rómulo Gallegos-, hurgó en todos los archivos, se leyó todos los libros publicados sobre el tema, estudió geografía, política, gastronomía, protocolo real y otras muchas materias, hasta alcanzar una obra que por lo exquisita y documentada sólo puede ser comparada con los libros de Alejo Carpentier, pero más divertida.
La novela está apoyada sobre los monólogos de Carlota, ya destruida, esperando que la muerte se apiade de ella, siendo un estorbo para todos. En julio de 1866, 2 años después de su llegada, siendo todavía una mujer hermosa y joven, regresó a Europa a pedir ayuda para el imperio que está cayéndose, va en busca de dinero, armas y soldados que habían sido prometidos por los franceses. La resistencia de Juárez y sus generales ha aumentado, las plazas que eran de los extranjeros regresan a sus antiguos dueños, las batallas se pierden, el emperador ya no prueba un simple café porque teme que lo envenenen y su mujer toma un barco en Veracruz y se marcha. Dicen que durante esa semana de preparativos fue víctima de un hechizo de vudú. Otros afirman que bebió una yerba venenosa, el toloache, o que la medicina que tomaba para combatir la esterilidad, le alteró la razón. Otros disen que ya estaba embarazada pero no del marido y que esa situación la trastornó. El caso es que Carlota llega a Francia, es humillada por el emperador, pide ayuda, se la niegan y presencia el momento trágico en que Napoleón III decide que Maximiliano se hunda solo, desamparado, rodeado de salvajes que acabarán por fusilarlo después de seguirle un juicio público. De ahí en adelante, Carlota se convierte en objeto de burla, verguenza y estorbo para los nobles europeos. Protagoniza en el Vaticano tristes episodios. Delante del Papa, mete los dedos en el chocolate que le ofrecen. En la cocina, hunde el brazo completo en una olla con puchero y se desvanece con la quemadura. Arma un escándalo por que se siente perseguida, no quiere salir y Pío Nono acepta que duerma en la Biblioteca, rompiendo el protocolo.
Junto a la senilidad, la pasión por el marido, la exquisitez por las cosas de la vida que ya no tiene, la soledad, el desprecio de quienes la rodean, la anciana también despliega una memoria erótica formidable y en su encierro, con su cuerpo lleno de llagas y arrugas intenta patéticamente revivir las noches con el marido a quien sigue creyendo vivo.
De esta forma el lector tiene varias posibilidades, numerosas fuentes para contagiarse con esta tragedia que refleja el choque mortal entre dos mundos, dos culturas, dos actitudes tan polarizadas ante la vida y la muerte, y el amor. Junto a la miseria de los mexicanos se alza la opulencia y la falsedad de esa corte implantada a la fuerza por el simple capricho de un mediocre que es llamado emperador de los franceses.
Cada fragmento, cada capítulo tiene un lenguaje diferente y el de Carlota es poético, con unos hallazgos verbales que impresionan, con una sensibilidad que estremece mientras somos testigos del último suspiro de esas ruinas humanas.
No es un libro divertido. Es amargo, burlón, tierno y compasivo, deja la impresión de no permitir más versiones sobre esta historia que seguirá siendo recordada.
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