Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/08/07 00:00

El origen

Christopher Nolan se vale de una estupenda actuación de Leonardo DiCaprio para conseguir una nueva reflexión sobre la memoria.

El señor Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) vive de entrar en las mentes ajenas, como a bancos infranqueables, a robar ideas.

Título original: Inception
Año de estreno: 2010
Género: Ciencia ficción
Guión y Dirección: Christopher Nolan
Actores: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Ellen Page, Tom Hardy, Ken Watanabe, Dileep Rao, Lukas Haas, Cillian Murphy, Tom Berenger, Marion Cotillard, Pete Posthethwaite, Michael Caine.

Primera advertencia: como los anteriores trabajos del brillante Christopher Nolan, desde Memento (2000) hasta Batman: el caballero de la noche (2008), desde Insomnia (2002) hasta El gran truco (2006), El origen es una tragedia retorcida y sin sentido del humor sobre cómo una mente puede tragarse una vida. Segunda advertencia: su trama, un juego entre la ciencia ficción, lo fantástico y el cine de robos, pondrá a prueba la concentración de los espectadores que hayan ido a los múltiplex a olvidar las penas de la semana. Tercera advertencia: yo, que tiendo a resistírmeles a los largometrajes que giran más de la cuenta, me la he tomado como una astuta película de suspenso a la que se le va la mano en la inteligencia, y ya, pero The New York Post, por poner un ejemplo, la ha llamado “una obra maestra disfrazada de éxito de taquilla”.

Sucede en cierto mundo que podría llegar a existir. El señor Dom Cobb, interpretado por un Leonardo DiCaprio que de la mano de Martin Scorsese se ha vuelto experto en encarnar almas atormentadas por el arrepentimiento, se dedica a la peligrosa labor de ‘extraer’ ideas de mentes ajenas mientras sus dueños están durmiendo: de eso vive. Al principio de El origen, cuando un magnate japonés llamado Saito le ofrece la oportunidad de regresar a los Estados Unidos sin un pasado judicial a cambio de que ‘plante’ en un ejecutivo la necesidad de acabar con su propia empresa, el señor Cobb reúne a un grupo de expertos en los laberintos de los sueños (a su mano derecha de siempre, a una arquitecta, a un imitador y a un farmaceuta) para dar ese último golpe que le permitirá volver a ver a su familia.

¿Suena confuso? ¿Suena absurdo? Lo es. Pero, por cuenta de las buenas actuaciones y de las cuidadosas secuencias de suspenso, resulta un poco menos enredada cuando uno la ve. El problema es que descifrarla no vale del todo la pena: de todos los giros que da, de todos los malabares narrativos que lleva a cabo, muy pocos parecen estrictamente necesarios y muy pocos parecen llevarnos a comprender una verdad satisfactoria. Y así, de giro en giro, de malabar en malabar, acaba ganándose nuestro respeto pero perdiendo nuestra compasión. Sí, El origen, como todas las narraciones de Nolan, es una inteligente reflexión sobre las trampas de la memoria filmada con un ingenio asombroso que recuerda el de los artistas contemporáneos, pero al final cuesta, por fríos, ponerse del lado de los protagonistas.

A pesar de la corajuda interpretación de DiCaprio, que deja sus nervios en cada plano de cada escena y que, si uno lo piensa por un momento, carga con el único personaje que tiene algo por resolver en esta historia, no es fácil ponerse en los estrechos zapatos del señor Cobb.

A la mente, en medio de los inagotables pliegues del relato, viene la frase “es una buena película, pero no es más que una película”.

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