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| 6/6/1983 12:00:00 AM

EL OSCAR COMO TRAMPOLIN

"Volver a empezar", una película española que no trasciende los esquemas tradicionales del melodrama.


La película española "Volver a empezar" fue estrenada el año pasado y hasta el momento ha tenido poquísimo éxito en España donde el director, José Luis Garci, tuvo mejor fortuna con sus cuatro obras anteriores: "Asignatura Pendiente" (1977), "Solos en la Madrugada" (1978), "Verdes Praderas" (1979) y "El Crack" (1981). Muy probablemente su última película nunca hubiera podido trascender las fronteras españolas de no haber sido por el excelente trampolín que le proporcionó el Oscar a la mejor película extranjera que le fue adjudicado recientemente. Nadie pensaba seriamente que pudiera ganarlo, ya que competía con obras de primerísima calidad.

Ni siquiera el mismo José Luis Garci lo esperaba y en días pasados, en un programa de la televisión española, hablaba de su obra como de algo ajeno, extendiéndose más sobre las otras películas participantes. Incluso llegó a afirmar que "yo le daría el premio a la francesa 'Coup de Torchón', que me parece estupenda", pensando al parecer bastante seriamente que no tenía posibilidades. Parece ser que su única pretensión, favorecida por las circunstancias esas circunstancias que convierten en taquillera a la película que menos esperaba conseguirlo --era ganarse unas cuantas pesetas desempolvando una vez más los trajinados esquemas romanticones que endulcoran la producción de Hollywood.

"Volver a empezar" es sencillamente un melodrama que trata de poner a tono con la época las más viejas fórmulas del género utilizando toda suerte de adornos con el fin de mostrar "modernamente" un tema tan viejo como el amor imposible, sin que, no faltaría más, las rígidas estructuras y los fuertes convencionalismos típicos de la visión del mundo ofrecida durante años por la industria cinematográfica sufrieran el más leve resquebrajamiento. Garci cuenta la historia de un anciano profesor de literatura que después de haber pasado exiliado cuarenta años en los Estados Unidos regresa a su ciudad natal, Guijón, norte de España, donde entre sus recuerdos de juventud hallará su primer amor: Elena.

Sin embargo es una felicidad corta. El profesor (interpretado por Antonio Ferrandis) quien recientemente ha obtenido el premio Nobel de Literatura, sabe que sufre una enfermedad incurable, que le quedan pocos días de vida y que el fín de su aventura amorosa está cercano. Entonces decide abandonar para siempre a Elena (Encarna Paso) y regresar a los Estados Unidos, país que según sus propias palabras "lo ha tratado muy bien"(cosa que muy probablemente inclinó a su favor la balanza del jurado de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas), donde en espera del momento fatal reanuda sus clases.

El desenlace no podía ser más acorde con las normas dictadas por la moral y las buenas costumbres. El protagonista regresa convenientemente a su casa, después de vivir su última aventura amorosa, donde lo esperan sus hijos y su esposa, a quien ya no ama y de quién no sabe por qué no se ha divorciado.

"Volver a empezar" ratifica nuevamente que el cine, espectáculo visual por excelencia, constituye el vehículo ideal para un género como el melodrama, basado en una simplificación extrema de los personajes, en los que importa menos la sicología que su integración en la simplicidad de la historia narrada. Mas sin embargo lo criticable en "Volver a empezar" no es que utilice los esquemas del melodrama, sino el hecho de no trascenderlos. Directores como Welles, Visconti y más recientemente Fassbinder lo han utilizado; pero sin quedarse encerrado dentro de sus estrechos límites, sino más bien como la última forma de la tragedia en el mundo contemporáneo y como instrumento de crítica social. Garci, por el contrario, se limita a exaltar con fervor la vida sencilla, sin mayores preocupaciones, llena de pequeños placeres como sentarse en una tribuna a mirar nostálgicamente un encuentro de fútbol, salir al campo con la novia y comerse la torta, preparada por ella, o mostrar los molestos, aunque soportables, inconvenientes que la fama acarrea. Sensiblería, en una sola palabra.

Rafael Parra Grondona
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