Domingo, 22 de enero de 2017

| 1999/06/07 00:00

EL PAPEL DEL SIGNO

Incursionando en una técnica nueva y con un trabajo que habla de la madurez de su obra el <BR>maestro Manuel Hernández celebra 50 años de producción artística.

EL PAPEL DEL SIGNO

Cuando algún sector de la crítica afirma que el maestro Manuel Hernández lleva 50
años pintando lo mismo él no se molesta. Por el contrario, se siente halagado. Para él, la queja de sus
detractores no hace otra cosa que confirmar el propósito que se fijó desde que se aventuró en los difíciles
caminos del arte abstracto, consciente de que los signos se convertirían en una constante a lo largo de
su obra.
Pero no siempre fue así. Antes de consolidar su particular producción artística, con la cual ha obtenido
extensos reconocimientos, Hernández, como sucede con muchos de sus colegas abstraccionistas, se
acercó primero al arte figurativo, tras obtener una beca en la Academia de Bellas Artes en Santiago de
Chile, donde se dedicó a los bodegones, los paisajes y los retratos de mujeres durante casi una década.

Sin embargo, su inquietud por la geometría estaba presente desde que estudiaba en la Escuela
Normal de Tunja. Tanto que se le convertiría en una obsesión que, de hecho, lo obligó a dejar la figuración
para acceder a otros objetivos artísticos. Fue sólo después de sus viajes a Europa y a Estados
Unidos, en la década de los 60, cuando consolidó la intención que tenía en mente desde tiempo atrás:
entregarse de lleno a la abstracción. Todavía hoy Hernández recuerda conmovido una exposición en Roma
del artista ruso, nacionalizado en Estados Unidos, Mark Orothko, que se constituyó en una revelación para
el rumbo que tomaría su obra en adelante. "Mi encuentro con él fue decisivo, aunque también lo fue la
pintura de Pollock, Picasso y Kandinsky", confiesa.

Nueva faceta
Dedicado a su trabajo las 24 horas del día, Manuel Hernández ha realizado por lo menos 800 pinturas y
más de 6.000 dibujos a lo largo de su vida. "Yo estoy pintando todo el tiempo, aunque sea en mi mente".
Prueba de ello es que la actual exposición, que se lleva a cabo en la Galería Diners y que se extenderá
hasta el próximo 12 de junio, está conformada por 60 dibujos concebidos en los últimos seis meses. La
muestra, titulada 'Papel y signos', deja en evidencia importantes elementos representativos de su evolución
artística.
El primero de ellos tiene que ver con la variación de los signos. Sus tradicionales formas irregulares
semejantes a 'emes' han tomado otras dimensiones e incluso se han ido transformando sutilmente
en nuevas figuras geométricas. El segundo está relacionado con la técnica. En esta ocasión, y en un acto
sin precedentes en su obra, el maestro optó por utilizar como soporte un papel de fibra de algodón hecho a
mano en el taller El Tigre, de Bogotá, de tal manera que pudiera complementar la superficie con
emulsiones alemanas resistentes, manteniendo la variedad cromática y de formas. Aunque admite su
permanente referencia a la geometría, Hernández considera que el color, la luz y la textura son elementos
aun más importantes en su obra. "Otros artistas han sublimado la geometría pero yo he sentido una
pintura más cercana a los bordes rotos, a las capas superpuestas y a lo etéreo".
La magnitud de sus aportes al arte nacional contemporáneo son innegables. De hecho, es el pintor moderno
por antonomasia. Su obra ha sido expuesta en los principales museos de más de 60 países y los
reconocimientos que ha recibido hablan a cabalidad de un hombre que, a sus 71 años, está convencido de
que con el paso del tiempo el arte figurativo sólo pasará a ser una referencia para que los conceptos se
apropien de una vez por todas del arte del siglo XXI. Por el momento celebra medio siglo de actividades,
suficiente tiempo para aventurarse a sentenciar su vida: "Espero morir de pie, y estoy seguro que será
pintando alguna de mis obras".

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