Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1994/10/31 00:00

EL PEQUEÑO BUDA<BR>EL CLIENTE

EL PEQUEÑO BUDA<BR>EL CLIENTE

EL PEQUEÑO BUDA
Bertolucci se luce nuevamente en la belleza y magnitud de la producción. Pero ni eso la salva de que sea aburridísima.

DESDE QUE BERnardo Bertolucci anunció el proyecto de llevar a la pantalla una historia oriental basada en la vida de Buda, todos sus seguidores estaban pendientes del estreno. Los nueve óscares recibidos en 1986 por El último emperador habían confirmado en Bertolucci su talento para las grandes producciones; y todos pensaban que si había dejado con la boca abierta a los occidentales con la majestuosidad de la historia de Pu Yi, era probable que hiciera lo mismo con la de Siddharta Gautama.

Para Bertolucci el reto era parecido al de El último emperador. Nadie había filmado en el interior de los recintos sagrados budistas del Tíbet. Y prácticamente nadie en Occidente había intentado aproximarse al budismo hasta sus propios límites territoriales. Bertolucci visitó el Tíbet, investigó el budismo y hasta obtuvo la venia del Dalai Lama para la filmación de su más reciente producción: Elpequeño Buda.

La película está inspirada en la concepción budista de la reencarnación. Bajo esta creencia, un sabio monje tibetano está empeñado en encontrar en tres niños la posible reencarnación de su maestro. Dos de ellos son asiáticos. El otro resulta ser estadounidense, un pequeño de 10 años que vive con sus padres en la ciudad de Seattle.

Sin embargo, este relato sirve de contexto general para contar, paralelamente, la historia principal: la del príncipe Siddharta y su tortuoso camino espiritual para alcanzar el nirvana -la perfección- y transformarse en Buda. Para este papel, Bertolucci se sirvió de Keanu Reeves, el mismo de Máxima velocidad.

El prestigioso director italiano no descuidó ningún detalle en la producción. De hecho, el costo de la película superó los 35 millones de dólares. Una preciosa fotografía y un maravilloso despliegue escénico, decorativo y de vestuario, son el telón de fondo. En general, el esplendor de la cinta no decae. Pero, con todo y la imponencia de la producción, El pequeño Buda es aburridísima.

Tal vez porque se queda corto en referencias históricas y filosóficas sobre el budismo; tal vez por conservar la ligereza para no resultar -precisamente- demasiado pesado, Bertolucci se quedó a mitad de camino entre la historia contemporánea de los tres niños y la de la evolución espiritual del príncipe Siddharta.

El argumento de la reencarnación, tema sobre el cual se desenvuelve toda la película resulta demasiado plano y ni siquiera tiene un desenlace definido. En cuanto a la historia del propio Buda, el relato carece de contexto histórico y se queda más bien en el mito, sin aterrizar al espectador a la realidad. En este sentido hay que tener en cuenta que en la película la historia de Buda es contada por el maestro tibetano a los niños. Pero aún así, el relato cansa tanto y posee tan pocos elementos argumentales, que El pequeño Buda termina siendo un relato superficial, sin consistencia y terriblemente aburrido; algo que pocos esperaban en un director que ya había narrado historias del tamaño de Novecento, El último tango en Paris y La luna; y para quien en esta ocasión Buda le quedó grande.-

EL CLIENTE
No tan buena como "The Firm', pero igual de intrigante que 'El informe Pelícano'.

EL ESCRITOR John Grisham se está convirtiendo en Estados Unidos en un fenómeno editorial parecido al de Tom Clancy, autor de libros que han dado vida a filmes como La caza del Octubre Rojo y Juegos de patriotas. Títulos como The firm y El informe Pelícano no sólo han sido bestsellers sino grandes éxitos cinematográficos.

Su más reciente obra es El cliente, una novela de suspenso llevada a la pantalla por el director Joel Schumacher (Un día de furia), con la actuación de Susan Sarandon, Tommy Lee Jones y el joven Brad Renfro.

Especializado en crear intrigas casi inverosímiles pero efectivas, Grisham continúa por la misma línea en El cliente. La película cuenta el caso de un niño que ha sido testigo involuntario del suicidio de un abogado, que era la pieza clave de la Fiscalía para llevar tras las rejas a un asesino. Con una mamá drogadicta y un hermanito en coma, el único amparo del niño, ante las amenazas de uno y otro bando, es la figura materna de una abogada (Susan Sarandon) dispuesta a defender los derechos del infante hasta las últimas consecuencias.

De la acertada mano de Schumacher, la intriga creada por Grisham surte efecto. Sin embargo, en comparación con sus dos novelas anteriores, El cliente sobrepasa los límites de la credibilidad. A pesar de que el espectador perdona con facilidad el pretexto un tanto forzado de la trama en aras de seguir con suspenso el desenlace de semejante lío jurídico y policíaco, algunas escenas -por fortuna más bien pocas- resultan inverosímiles y acomodadas. No obstante coma no se trata de acertar en la realidad sino de atrapar al espectador, estos detalles terminan siendo anecdóticos.

En su interpretación de una abogada divorciada y ex alcohólica, Susan Sarandon alcanza sobresalientes niveles dramáticos. Por su parte, Tommy Lee Jones, en el papel de fiscal federal, repite las mismas manías de El fugitivo. Su personaje es demasiado similar y no logra hacerlo diferenciar. El pequeño Brad Renfro, en cambio, sorprende por la naturalidad de su actuación. Y, a la larga, es él quien logra mantener la tensión de la película.

No tan buena como The Firm, El cliente se defiende por sí sola, sin necesidad de estrellas supertaquilleras. Sin embargo, la inverosimilitud de algunas secuencias desilusionan a un espectador que de alguna manera ya se había tragado el anzuelo.-

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