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| 6/1/1998 12:00:00 AM

EL PEREGRINO

El legendario Eric Clapton presenta 'Pilgrim', un álbum que envuelve aires extraños sin alejarlo de su estilo.

Eric Clapton es muchas cosas a la vez. El único guitarrista que ha pasado por más de una gran banda reportada como lo mejor de su momento: Yardbirds, Cream, Blind Faith y Derek And The Dominoes, verdaderas instituciones para los anaqueles del rock. Pero también es el único músico en la historia al que se le ha llamado 'dios', atribución que hoy aún muchos consideran, "Clapton, el dios de la guitarra". De igual forma es el hombre que ha refundido su profesión en medio de terribles crisis personales _la droga y el alcohol fueron inseparables en su vida durante los años 70 y 80_ , e igualmente una especie de ave fénix que en los 90, recuperado y muy a pesar de la lamentable muerte de su hijo Conor, de cuatro años de edad, en marzo de 1991, ha encontrado el momento de mayor éxito profesional de su carrera.
Eso lo dicen los galardones. En 1990 ganó el Grammy a mejor canción rock por Bad Love. En 1992 publicó su álbum Unplugged, del que vendió más de 15 millones de copias y por el que recibió seis Grammys más, incluyendo el de mejor canción por Tears in Heaven, un tributo a su hijo. El año pasado el Grammy volvió a sus manos, en esa ocasión con tres galardones por el tema Change The World.
En 1994 Clapton había retornado a sus raíces al rendir homenaje a las grandes leyendas del blues con el álbum From The Cradle, un trabajo aclamado que vendió dos millones de copias y que parecía marcar un nuevo camino en su discografía. Pero este año el guitarrista ha publicado un nuevo disco, que ha resultado bien extraño para sus seguidores.
Se llama Pilgrim y en realidad es una reunión de canciones que ha realizado al lado de Simon Climie, un músico, compositor y productor más encaminado por las líneas del pop que del rock como tal, lo que deja un balance sencillo. Se trata de una grabación con buenas canciones, eso es evidente cuando las interpreta en vivo, pero elaboradas en estudio con herramientas que son ajenas al estilo Clapton, particularmente en lo relacionado con las baterías y percusiones programadas, que de entrada le dan un aire distinto a este material.
Se necesita ir más al fondo para descubrirlo. River of Tears, Sick and Tired, Going Down Slow o You Were There son prueba de que sigue en el blues. One Chance o Pilgrim, expresan un rhythm and blues marcado por un vocal intenso y sentido. She_s Gone, en cambio, es fuerte. También hay algo de reggae en My Father's Eyes o baladas cadenciosas y hermosas como Broken Hearted, Needs His Woman y You Were There. Eso, siempre y en cualquier estilo, con el inconfundible juego guitarrístico, preciso y exquisito de Clapton.
Pero la mejor expresión de Clapton está en el escenario. En su gira actual, acompañado por músicos de excepción como el bajista Nathan East, el baterista Ricky Lawson y el guitarrista Andy Fairweather Low, entre otros, y seguido por una orquesta de 20 músicos, hace un recorrido de dos horas por distintas etapas de su carrera y un balance de esta nueva producción en interpretaciones que le dan otra atmósfera y una carga especial de motivación.
De allí, al Clapton acústico, recuerdo grato de su Unplugged, y luego al blues clásico, tres o cuatro piezas claves con todos los fierros, y finalmente el Clapton de los éxitos, del reggae I Shot The Sheriff, del sentido Wonderful Tonight o del memorable y polémico Cocaine, para un cierre con Sunshine of your love, el tema clásico de Cream, material suficiente para sentir su virtuosismo en la guitarra y saber por qué es una de las grandes leyendas vivas del rock. Por algo se atrevieron a llamarlo dios. Por eso alguien dice que a Clapton se le perdona todo.
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