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| 5/14/2001 12:00:00 AM

El perseguido

La película ‘Antes que anochezca’ recrea el drama del que fue protagonista el escritor Reynaldo Arenas por ser homosexual en la Cuba revolucionaria.

La diferencia entre el sistema comunista y el capitalista es que, aunque los dos nos dan una patada en el culo, en el comunista te la dan y tienes que aplaudir, y en el capitalista te la dan y uno puede gritar; yo vine aquí a gritar”.

Reynaldo Arenas tenía razones de sobra para gritar. Las fuerzas revolucionarias de Fidel Castro, a las que se unió en 1958 con el ánimo de derrocar la dictadura de Fulgencio Batista, fueron las mismas que en la década de los 70 lo persiguieron y condenaron por ser homosexual.

No importa que hayan pasado 11 años desde su muerte —el escritor cubano, enfermo de sida, se suicidó en 1990 en Nueva York— Arenas no ha parado de gritar. Grita para que la gente no olvide uno de los capítulos más oscuros de la revolución cubana. Durante los años 60 y 70 el gobierno de Fidel Castro impuso medidas enérgicas en contra de los artistas cuyas obras no defendían la doctrina revolucionaria y varios escritores fueron persuadidos para escribir libros de corte propagandista.

Los homosexuales fueron perseguidos por considerar que sus tendencias eran un delito que atentaba contra la moral del nuevo orden social y muchos fueron obligados a realizar trabajos forzados en campos de concentración. “Ser pájaro en Cuba era una de las calamidades más grandes que le podía ocurrir a un ser humano”, escribió Arenas en su autobiografía.

Este grito póstumo llegó a oídos del director Julián Schnabel, quien decidió llevar al cine las memorias del escritor homosexual en la película Antes que anochezca, protagonizada por el actor español Javier Bardem.

La cinta narra las vicisitudes que tuvo que soportar Arenas por oponerse al régimen de Castro. Las autoridades confiscaron sus libros, registraron mil veces su habitación y prohibieron la publicación de sus libros en la isla, lo que obligó al autor a enviar por contrabando sus manuscritos al exterior para que fueran editados en Francia. En 1973 una falsa acusación de abuso sexual lo recluyó en prisión y, aunque logró escapar, tuvo que permanecer escondido durante cuatro meses en el parque Lenin de La Habana, en donde comenzó a escribir sus memorias bajo el título Antes que anochezca, nombre inspirado en las largas jornadas de redacción furtiva que tuvo que realizar en el parque aprovechando las horas de luz.

Arenas fue capturado nuevamente y enviado a la prisión de El Morro, en donde cumplió dos años de condena entre asesinos, delincuentes y violadores. Para sobrevivir se dedicó a escribir cartas para los familiares de los presos y con el dinero que le daban consiguió lápiz y papel para seguir adelante con sus proyectos. Todos cargados de una apasionada rabia contra el régimen como afirma en uno de sus textos: “Una de las peores cosas del castrismo es que rompe los lazos de amistad y nos hace desconfiar de nuestros mejores amigos, haciéndonos inhumanos”.

Tras varios meses de maltratos Arenas firmó una confesión en la que prometió rehabilitarse sexualmente, escribir sólo para la revolución y no relacionarse con extranjeros. Mas el arrepentimiento fue de forma y no de contenido. Una vez fuera de la cárcel regresó a sus andadas hasta que en 1980 encontró la manera de salir de Cuba gracias al propio Fidel Castro. Ese año el comandante autorizó la salida de todos los individuos “indeseables” que no le hacían ningún bien a la isla y entre ellos se encontraban los homosexuales.

Cuando estaba a punto de embarcarse en el Mariel con destino a Estados Unidos Arenas se dio cuenta de que las autoridades tenían una lista con los nombres de las personas (artistas en su mayoría) a las que no se les permitía salir del país. En un acto de astucia alteró una letra de su apellido para que se leyera Arinas y no fuera detectado por la policía. Su apresurado plan dio resultados y cuando los guardias se percataron del fraude Arenas ya iba rumbo a Miami.

Pero su vida en el exilio tampoco fue un jardín de rosas. La simpatía que despertaba la ideología de izquierda entre numerosos intelectuales lo sacaba de quicio y sus ataques hacia la revolución le merecieron que su obra fuera retirada de los programas académicos de varias universidades europeas. Sus críticos aseguran que enriqueció su biografía con elementos fantásticos para darle más dramatismo y que en su obra el límite de la realidad y la fantasía se desdibuja constantemente. Un hombre lascivo y endemoniado que se regocijaba en la maledicencia. Más que un genio lo acusan de ser un anticastrista, un simple gusano de tintes viperinos.

Esa primera imagen fue lo que hizo dudar al propio Javier Bardem a la hora de aceptar el papel dado que su familia es de izquierda y más siendo su tío, el director de cine Juan Antonio Bardem, un fiel militante del Partido Comunista.

Pero Schnabel convenció a Bardem de conocer un poco más la historia de Reynaldo Arenas y el resultado es una interpretación magistral que le valió la nominación como mejor actor principal en la pasada entrega de los premios Oscar.

Los amigos de Arenas atribuyen el éxito de la película al magnetismo del escritor y aseguran que Reynaldo, el talentoso viperino, está gozando en el más allá lo que no le permitieron disfrutar en vida.
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