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| 5/30/2009 12:00:00 AM

El pianista de Liverpool

Las grabaciones de Paul Lewis demuestran el talento de un intérprete capaz de ser clasicista, virtuoso e intelectual, al mismo tiempo.

Puccini
Beethoven
CICLO DE LAS 32 SONATAS
4 álbumes, 10 CD
Harmonia Mundi · Forum

Se afirma, y con razón, que llevar a buen puerto las 32 Sonatas para piano de Beethoven (1770-1827) requiere de tres pianistas: un 'clasicista', que toque las primeras siete con pureza dieciochesca; un 'virtuoso', para las novedosas 19 siguientes, y un 'intelectual', para las cinco últimas. Porque es el ciclo pianístico más ambicioso, comprometido y complejo de la historia.

En realidad, las cosas no son tan sencillas: la No. 3, por ejemplo, requiere de un 'virtuoso', y las opus 10, últimas del primer período, demandan un intelectual que resuelva con solvencia las que son, de hecho, menos interpretadas.

De 'las últimas', la No. 29, Hammerklavier, es tan exigente que tras la muerte del compositor se la consideró imposible de interpretar: hubo que esperar a que Liszt demostrara lo contrario.

Cada una, a su manera, es una obra maestra que plantea retos expresivos y técnicos únicos. Pocos, muy pocos pianistas pueden medírsele al desafío de tocarlas. Y más pocos aun consiguen trascender. De hecho la tradición de tocar el ciclo es relativamente reciente y se remonta a Arthur Schnabel (1882-1951), que hizo de Beethoven su especialidad y las llevó al disco en la década del 30.

Paul Lewis, nacido en Liverpool en 1972, no sólo las domina sino que las ha tocado ante los auditorios más exigentes del mundo. Se le midió al reto de llevarlas al disco para el sello Harmonia Mundi, faena que le tomó tres años con resultados tan asombrosos que acaba de alzarse con dos premios Grammophon, los 'Oscar' de la música clásica: 'Mejor grabación instrumental' y 'Grabación del año'.

Tamaña proeza le demandó ir más lejos de lo que musicalmente es excelente. Al fin y al cabo, otros pianistas lo han hecho en el pasado con resultados que son parte de la historia del piano. Pero el británico ahondó y dijo cosas nuevas.

Entre los aspectos excepcionales de su versión, dos brillan con luz propia: su sentido del 'canto' y del 'fraseo' que se pueden atribuir a sus años de juventud como intérprete del violonchelo, y su sentido del riesgo cuando abordar decididamente las facetas virtuosísticas de quien en su juventud fue uno de los pianistas más brillantes de principios del siglo XIX y el compositor al que debe el instrumento, en buena parte, su prestigio.

Son 10 compactos en cuatro álbumes. No siempre se sigue un riguroso orden cronológico: la No. 8 Patética (1799), primera que exhibe un ardiente romanticismo, viene acompañada de la brillante No. 11 y de la No. 28 op. 101, primera del colosal grupo de las '5 últimas'. La popularísima Claro de luna está acompañada de su hermana Quasi una Fantasia y de la audaz No. 12 que contiene la Marcha Fúnebre.

En resumen, cada CD está concebido como un recital que hace de su audición más un placer que una tarea intelectual para melómanos iniciados y el 'Pianista de Liverpool' lo ha conseguido con creces.

Porque si bien es cierto las sonatas reflejan de manera inequívoca el alma de uno de los músicos más grandes de la historia, también lo es que Beethoven deseaba sinceramente que llegaran sin tropiezos y sin pedanterías al oyente: en cartas suyas a posibles intérpretes hasta sugería suprimir pasajes o pasar por alto movimientos enteros. Pero esa es otra historia.n
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