Jueves, 19 de enero de 2017

| 1991/01/07 00:00

EL PINCEL ES LO DE MENOS

"Arte y Parte" baja del pedestal a 21 artistas y los muestra como seres de carne y hueso.

EL PINCEL ES LO DE MENOS

Poco le importan las tendencias.
Parece mas interesado por averiguar cómo fue llegando cada uno de estos 21 artistas hasta el podio que hoy ocupa. Fausto Panesso se ciñe a la cronología, con pocas excepciones, y va recorriendo con su pluma los momentos claves de la vida de estos hombres y de estas mujeres que, según él, constituyen la plana mayor del arte colombiano, visto desde 1950. "Los que vendran, asegura, van a pisar sus huellas".
Con aclaración previa, a cargo del autor, de que posiblemente la cuota de ausentes de casi todas las selecciones se verifique también en este caso, -Arte y Parte,, -publicado recientemente por Ediciones Gammava entrando sin mas, en el breve capitulo de cada artista, ilustrado con enormes fotografías de Olga Lucía Jordán. Placas hermosas, sin duda, que buscan -casi siempre mostrar al artista en su estudio, antes que retratar los detalles de la obra. No obstante, hay que decir que se pecó de un exceso de glamour, al pretender una postura estudiada con cada -modelo, y desechar la espontaneidad.
Panesso se presenta como periodista y evita asumir el papel del crítico. Habla mas del hombre que del pintor. Y más del pintor que de la obra. Pero, en la medida en que la producción artística constituye parte integral del espíritu de cada uno de sus entrevistados, va relacionando vivencias con motivos, y filosofias con estructuras. De manera que, termina, muchas veces, metido en la obra en si, sin calificar.
Abre con Gonzalo Ariza, con el propósito de rendirle un homenaje y, al mismo tiempo, con la intención de separarlo de los otros 20, pues considera que constituye una excepción, ya que los demás asumieron la misión de oponerse a los criterios consagrados del arte y han hecho una obra progresista...". Se entiende la preocupación, al colocar sus paisajes al lado de trabajos que gozan de un concepto abstracto muy profundo, como los de Edgar Negret, Omar Rayo, Manuel Hernández o Carlos Rojas, o muy cerca de pinturas como las de Maripaz Jaramillo, Luis Caballero o Beatriz González, que aún siendo figurativas se ven muy distantes en el tiempo de la obra de Ariza. Pero no resulta adecuado el calificativo de progresista para cobijarlos a todos, máxime cuando la teoría modernista de superar y repone tendencias han entrado en afortunado desuso. Bien podrían engrosar la lista cultores del clásico paisaje, contemporáneos del mas joven de los aqui reseñados, y no resultaría un desatino Estos 21 artistas merecen ocupar un lugar destacado en la selección, por la excelencia de sus trabajos -incluso ofreciendo un margen de error para esos períodos de búsqueda que no ofrecen resultados tan claros y no por el hecho de no pertenecer a la academia, lo cual no significa necesariamente que hayan querido oponerse ella. Con seguridad la mayoría de ellos la ha aprovechado como base para definir nuevos parametros.
Con esta salvedad, hay que aplaudir el proposito de acercar el arte a quienes no desean entrar en deficiones tematicas, sino mas bien conocer un poco el recorrido, las anécdotas, las nostalgias y las alegrías de estos seres de carne y hueso que han dedicado su vida a una búsqueda plástica, y han sobresalido en su oficio. Así, pues, resulta interesante conocer detalles que no quedan plasmados en el lienzo ni en el metal fundido:
Obregón trabaja vestido de unos shorts viejos embadurnados de pintura y con tenis de jornalero. Antes de ser definitivamente calvo, Negret decidio raparse para siempre. La abuela de Grau era escultora y tenía la manía de enterrar en la arena sus obras terminadas. Por timidez, Ramírez Villamizar incumplió la cita en que conocería a Picasso. A los 21 años Botero llega a Paris, que ya era la meca de los pintores jóvenes, se aburre y prefiere instalarse en Florencia. Ariza se siente un hombre feliz desde que cumplió 70 años. A Manzur le cambió la vida su encuentro de frente, con un esqueleto que dormía en un barco. De joven, para sobrevivir, Omar Rayo pintaba caricaturas como arroz y las vendía a 20 pesos. Si no hubiera sido porque Roda conoció Barranquilla en el momento oportuno, hoy no sería un pintor colombiano.
Cuando Hemández dejó de ser figurativo, las galerias quisieron entregarle su certificado de defunción. Al cuadro inspirado en San Luis Gonzaga, Beatriz Gonzalez decidió llamarlo "San Luis Gozaba", y muchos creyeron que se trataba de un error de imprenta. Los cuentos de los hermanos Grimm son responsables, en buena parte, de la vocación artística de Alvaro Barrios. Carlos Rojas alguna vez pensó dedicarse al estudio de la geografía. En alguna época, Luis Caballero se inspiraba en las fotografías sensacionalistas de los vespertinos. Ana Mercedes Hoyos comenzó a pintar palenqueras porque estaba aburrida del cemento de Nueva York.
Los compañeros de universidad recuerdan a Maripaz Jaramillo con una atrevida minifalda. Definitivamente los pintores y los escultores son seres de carne y hueso, aunque de hecho poseen una manera especial de ver la realidad. Eso queda claro con "Arte y Parte". No es una radiografia del trabajo plástico, sino un retrato del artista despojado del pincel.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.