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| 6/28/1999 12:00:00 AM

EL PINTOR DE LOS PINTORES

Esta semana el mundo celebra el cuarto centenario del nacimiento de Diego Velasquez. Su obra <BR>predijo el arte moderno y su influencia fue determinante en grandes artistas.

Dos siglos despues de la muerte de Diego Velázquez, el artista Edouard Manet escribió
desde Madrid una carta a su amigo Fantin-Latour en la que expresaba la profunda emoción que le causó
conocer la obra del au-tor de Las Meninas: "Velázquez por sí solo justifica el viaje a España. Los pintores
de todas las escuelas que le rodean en el Museo del Prado y cuya obra está allí representada, parecen
meros aprendices. Es el pintor de los pintores".
Esta confesión es apenas una muestra de la admiración que gozó el artista sevillano dentro de los
impresionistas. Sin embargo ellos no han sido los únicos en apreciar la obra de Diego Rodríguez de Silva
Velázquez Rodríguez Buen-Rostro y de Zayas. No en vano 400 años después de su nacimiento, que nunca se
ha precisado pero que se celebra el 5 de junio por ser el día de su bautizo, el mundo recuerda a quien ha sido
considerado el precursor del arte moderno.
La autonomía en sus trazos, el manejo único que le dio al color y, sobre todo, su realismo, han caracterizado
sus pinturas, la gran mayoría conservadas en el Museo del Prado de Madrid. El comentario del crítico
francés Teófilo Gautier cuando vio por primera vez Las Meninas se ha hecho famoso: "¿Pero, dónde está el
cuadro?", queriendo decir que sólo faltaba que el espejo del fondo reflejara la figura del espectador de turno, y
no a los reyes, para que fuera una escena real.
Asimismo se ha valorado su capacidad para recrear la atmósfera y el espacio que sirve de escenario en su
obra, y por ello muchos críticos han dicho que su mayor aporte al arte es haber pintado lo que no se ve. "En
los cuadros de Velázquez se percibe hasta el aire. Su producción pictórica parece fotográfica", dice el
artista Juan Antonio Roda.
Paralelamente a la extraordinaria obra que concibió, la vida de Velázquez transcurrió en una total
normalidad, ajena a escándalos o intervenciones en temas políticos como lo han hecho muchos artistas a
través de la historia. Algunos afirman que esta actitud fue intencional pues el propio Velázquez era consciente
de su grandeza y prefería estar al margen de dichos asuntos, mientras que otros lo han tildado como un ser
de muy poca ambición que se resignó a su suerte.
Lo cierto es que la mayor parte de su vida la ocupó en su taller de trabajo en Madrid, al lado de su esposa,
Juana Pacheco, hija de su maestro de juventud Francisco Pacheco. Este último fue quien lo orientó en su
formación artística desde que tenía apenas 11 años y por ello su influencia fue fundamental en el joven
sevillano. Otro hecho determinante dentro del desarrollo de su obra fueron los viajes a Italia que llevó a cabo en
dos ocasiones y que hoy sirven de puntos de referencia a quienes han querido estudiar el trabajo del artista.
Para muchos su máxima producción la consiguió en los últimos años de su vida cuando logró pinturas como
Las Meninas y Las Hilanderas. Sin embargo la calidad artística de Velázquez se remite también a la infinidad
de retratos que hizo basado en los personajes que, de una u otra forma, hicieron parte del reinado de Felipe
IV. Desde el propio rey, y su esposa Mariana de Austria hasta bufones y funcionarios de la corte pasaron
por su pincel no sin antes ilustrar las intimidades de cada uno de ellos. Alguna vez el artista y crítico
Charles Blanc dijo al respecto: "Los modelos de Velázquez no posan, son".
Este punto es tal vez uno de los más exaltados por pintores posteriores a 'El Sevillano'. Juan Antonio Roda
destaca esta aptitud que contradecía a la de retratistas italianos: "Se puede ver en el rey no sólo su
grandeza, sino también sus gestos de ternura. O al Papa no con su imponente figura, sino como un ser
común y corriente".
Pero la obra de Velázquez no sólo se destacó por los retratos. Composiciones como La Venus en el espejo,
Vieja friendo huevos, Los borrachos, El aguador de Sevilla o La fragua de Vulcano reflejan su amplio manejo
del claroscuro y a la vez su variedad temática en la que se hace presente una constante referencia a la
mitología.La inmortalidadSin duda la obra cumbre de Velázquez es Las Meninas. El cuadro, de tres metros de
altura y que originalmente se llamó La familia, ha sido sometido a todo tipo de análisis por personalidades que
van desde el crítico Jonathan Brown hasta el filósofo Michel Foucault.
El hecho de que la infanta Margarita aparezca como personaje central _y no los reyes, quienes se ven en el
espejo del fondo en el momento en que sirven de modelos para el pintor_ ha dado para todo tipo de
interpretaciones. De igual forma sucede con la presencia de Velázquez dentro del cuadro al lado de los más
altos miembros de la corte.
Para muchos la intención del pintor fue demostrar que su trabajo era superior a otras actividades manuales
consideradas en esa época iguales a la pintura, mientras que para otros su aparición es simplemente la
muestra del aprecio que Felipe IV sentía por el artista y, por ende, la de su consentimiento para que los
acompañara en el retrato. Todo ello sin contar con los elementos secundarios del lienzo, como los cuadros de
Rubens y Jordaens.
Por otra parte, no pocos han asegurado que dentro de la misma pintura hay más de una obra y que el
espectador sólo tiende a percibir la irrupción en el estudio de la pequeña infanta con su corte y no lo que
realmente estaba pintando Velázquez en ese instante. La literatura al respecto es amplia. Lo cierto es que los
reyes y su hija; las dos damas de honor María Agustina Sarmiento e Isabel Velasco, conocidas como las
Meninas; el enano, la enana, el perro que los acompaña y el aposentador Nieto Velásquez que se asoma en
la escalera ya se han inmortalizado. Tanto es así que muchos artistas, entre ellos el colombiano Alejandro
Obregón, lo han representado a lo largo de la historia, sin nombrar la versión que logró Picasso. Algo que
demuestra no sólo el respeto por el brillante pintor sevillano sino su vigencia, que se mantiene intacta en pleno
final del siglo XX .
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