Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1980/12/11 00:00

El placer de la digresión

El escritor Adolfo Bioy Casares habla en sus diarios inéditos de sus amores, colegas, amistades, política y el oficio literario.

En 'Descanso de caminantes' se recopilan ensayos, memorias, reflexiones y crónicas de viajes que Adolfo Bioy Casares escribió entre 1975 y 1989.

Adolfo Bioy Casares
Descanso de caminantes
Editorial Sudamericana, 2001
507 páginas

Si hay algo que llama la atención en la narrativa de Adolfo Bioy Casares es su capacidad para inventar tramas impecables, casi perfectas. Fue tanto su prestigio en este punto que muchos productores de cine no vacilaban en comprarle los derechos de sus novelas y cuentos pensando en futuras películas. Sin embargo, una vez reconoció que en todo argumento hay algo artificioso. El campeón de la trama -nadie es completamente feliz con lo que es- añoraba a veces otros géneros como los diarios, las memorias o los libros de aforismos, menos sujetos a la tiranía de contar con eficacia una historia. Sabía que la vida es desordenada y caótica y los narradores simulan cierto orden para hacerla más convincente. Sin embargo, también sabía que no era necesario exagerar porque, al fin y al cabo, "por las digresiones entra en los escritos la vida".

Consecuente con sus inquietudes, Bioy Casares incursionó en dichos géneros. Y, aunque sea la parte menos conocida de su obra, podemos encontrar en ella memorias, ensayos, crónicas de viajes y libros de citas y reflexiones como el entrañable Guirnalda con amores. Descanso de caminantes, desde luego, tiene una filiación clara con estos: es una recopilación de sus cuadernos íntimos escritos entre febrero de 1975 y junio de 1989, destinados a publicarse póstumamente, según su expresa voluntad, por cuanto "publicados en vida del autor excedería el límite de vanidad soportable". Además, hubo otras razones para su decisión: no quiso confrontaciones con los escritores y las personas cercanas que aparecen mencionadas.

Un libro de brevedades, al igual que los Note-books de Samuel Butler, los Ensayos de Montaigne y las Noches áticas de Aulo Gelio. "Tenía razón Borges cuando desaprobaba los libros de brevedades. Yo replicaba que eran libros de lectura grata y no veía por qué privaría de ellos a los lectores". Y misceláneo: hay bosquejos de cuentos, sueños repensados, recopilaciones idiomáticas -argentinismos e incorrecciones gramaticales-, comentarios escuchados en la calle, diálogos con gente conocida, recuerdos, política, referencias a escritores, amantes, libros -propios y ajenos- y premios literarios.

Nadie escribe para sí mismo, es verdad. Pero, en cierto sentido, al ser estos textos escritos para permanecer inéditos -al menos durante la vida del autor- tienen una gran fuerza testimonial, no exenta de crudeza. Hacia él mismo: "La lectura de mis diarios me depara sorpresas. Tuve hipocresías; peor aún: hipocresías conmigo mismo". Y, también hacia algunos de sus colegas. Ernesto Sábato, a quien consideraba un gran escritor de obra mediocre, queda retratado como una persona pagada de sí misma: "Cómo te envidio. Vos andás por la calle sin que nadie te moleste, sin que nadie te reconozca. Yo voy por la calle y la gente me señala con el dedo y exclama: ´Ahí va Sábato´. Es horrible. Estoy muy cansado".

Descanso de caminantes es a la vez un libro íntimo y abierto al mundo; oscila entre la sentencia profunda y otra de más bajo perfil, cercana al sentido común. Si bien no carece de humor y de ironía -los signos distintivos de su personalidad- refleja cierta desilusión relacionada con la vejez y el deterioro que lo van alejando de sus grandes pasiones, las mujeres y el tenis: "En otro tiempo, de noche soñaba y de día me acostaba con mujeres. Ahora, de noche sueño con mujeres".

Lectura grata e inteligente que ofrece muchas posibilidades. Habrá quienes encuentren claves reveladoras de su obra. Y otros -como Horacio Verbitsky- que a partir de las alusiones a la dictadura argentina saquen interesantes conclusiones políticas. Y no se descarta el peronista arrepentido: "La señora de Lonardi me contó que su marido reemplazó a Perón como agregado militar en la embajada de Chile; allí se conocieron; Perón era muy simpático, vivía solo, en un departamento. Ella le preguntó por qué no tenía mucama. Perón le contestó: No quiero meter a la negrada en mi casa".

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