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| 2/11/2006 12:00:00 AM

‘El poder es corrupto’

La escritora mexicana Elena Poniatowska habló con Semana de literatura y política a propósito del lanzamiento de su nueva novela 'El tren pasa primero'.

Elena Poniatowska siempre ha sido una mujer comprometida con la historia de su país. En La noche de Tlatelolco narró la masacre de los estudiantes en la plaza de las Tres Culturas. Y como periodista, ha cubierto los acontecimientos más trascendentales de las últimas décadas en México, al que llegó de niña, pues había nacido en París. Poniatowska publica ahora un libro que recoge la historia de la huelga ferroviaria que vivió su país en 1959.

SEMANA: ¿Por qué el tren pasa primero?

Elena Poniatowska: El tren pasa primero era un letrero que estaba en Mérida, Yucatán, para advertirles a los campesinos que no fueran a pensar que eran más rápidos que el tren. Me pareció muy poético cuando me lo señaló mi amiga Sara Poot; además, también tiene una connotación filosófica porque para muchos hombres en México el tren fue lo primero.

SEMANA: ¿De dónde nació la idea de escribir sobre el movimiento ferroviario en México?

E.P.: En 1959 sucedió una huelga ferroviaria que logró paralizar el país. Las noticias relacionadas aparecían todos los días en los periódicos y yo, aunque estaba pequeña, quedé muy impresionada. La cabeza de esta huelga era un líder de baja estatura que se llamó Demetrio Vallejo. Él permaneció en la cárcel de Lecumberri 11 años y medio.

SEMANA: En su libro, Demetrio Vallejo está representado por Trinidad Pineda Chiñas.

E.P.: No, la novela no es sobre la vida de Demetrio Vallejo, sino que está inspirada en la huelga. El personaje de Trinidad es un personaje literario. Obviamente, tiene mucho de Demetrio porque yo entrevisté a muchos ferroviarios y a partir de lo que hablé con ellos construí un personaje que se parece a Demetrio Vallejo, pero que no lo es.

SEMANA: ¿Por qué los sindicatos dejaron de tener fuerza ?

E.P.: Porque se venden. Lo dice muy bien en la novela: todos pasan de líderes sindicales a diputados y luego a senadores. Se enriquecen y su mayor aspiración es ser amigo íntimo del presidente .

SEMANA: La novela habla sobre el poder como objeto corruptor.

E.P.: El poder siempre es corrupto. A mucho poder, mucha corrupción. Es muy difícil que los hombres lleguen al poder y no se manchen. Muy pocas gentes saben tolerar el poder.

SEMANA: ¿En su vida ha conocido un personaje histórico que haya llevado bien el poder?

E.P.: Nos dice la historia que Emiliano Zapata, ese hombre que gritó: "la tierra es para quien la trabaje", nunca quiso sentarse en la silla presidencial cuando llegó a la ciudad de México. En cambio, Pancho Villa se sentó inmediatamente y esbozó una gran sonrisa, un poco carnicera, un poco carnívora.

SEMANA: ¿Qué tan diferente es este México de 1959 del actual?

E.P.: Ahora hay más participación de las mujeres, hay más mujeres que se levantan a protestar. Hay más mujeres que sienten que el hombre no es la finalidad de su vida, incluso las que deciden tener un hijo solas. Pero, claro, en nuestro país hay muchas madres solteras por abandono, y también hay muchas mujeres muy jóvenes, como debe suceder en Colombia, que se embarazan y tienen el hijo por falta de información.

SEMANA: Pero en 1959 gobernaba el PRI y actualmente están terminando el primer sexenio de un gobierno liderado por un partido diferente.

E.P.: Los mexicanos nos quejamos muchísimo de que no ha cambiado gran cosa. De que el PAN al llegar al poder no cambió la corrupción, no cambió el estatus de la mujer, que hay muchísimos niños en la calle y que no se ha luchado para eliminar la pobreza.

SEMANA: En este momento México está en plena campaña electoral. Se podría dar un cambio si gana el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Usted está trabajando con él en el campo cultural. ¿Por qué razón?

E.P.: Él me llamó y eso me motivó a trabajar. Creo que él no ha mentido. Hemos llegado a tal grado de corrupción, que cuando alguien no miente y cumple lo que dice, es una enorme ganancia. Entonces en este caso yo he visto que ha cumplido con lo que dijo que iba a hacer. Ayudó a las mujeres, a los ancianos, e hizo un trabajo social que nadie había hecho antes como jefe de gobierno de México. Yo creo que va a cumplir su proyecto y que va a sacar este país adelante.

SEMANA: Si López Obrador llega a ganar en México, se uniría a muchos presidentes de izquierda que ya gobiernan en América Latina. ¿Cómo ve este fenómeno?

E.P.: Creo que la victoria de Evo Morales en Bolivia nos ha marcado a todos, y creo que esto que ha pasado puede ayudar a inclinar la balanza hacia López Obrador en México.

SEMANA: Pero Marcos, a quien usted ha respaldado, dice que López Obrador no representa a la verdadera izquierda.

E.P.: Me parece que Marcos es totalmente congruente consigo mismo. Dice que debe de haber una nueva izquierda y que no quiere aliarse con un candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD) porque, en efecto, el partido amarillo se portó muy mal con Marcos y con los indígenas, cuando sus diputados no aprobaron los acuerdos de San Andrés. Sus críticas son absolutamente lógicas. Ahora, si López Obrador llega al poder, quizá la actitud de Marcos cambie. Pero, de cierta, manera la marcha de la nueva izquierda que está haciendo Marcos por todo el país es una consecuencia de las acciones anteriores del PRD. A él lo siguen muchos estudiantes y jóvenes que asisten a escucharlo a cada población donde llega.

SEMANA: ¿Cómo ve la figura de Marcos después de tantos años?

E.P.: Creo que Marcos es un gran estratega que sabe renovarse y que tiene capacidad imaginativa. Su movimiento, que parecía acabado, ahora está renovado debido a que a Marcos se le ocurrió esta marcha, y eso me parece muy inteligente.

SEMANA: En una entrevista, usted decía que la izquierda se pelea entre sí misma y la derecha se cubre.

E.P.: Hay un dicho que dice que perro no muerde perro y entonces la derecha nunca se denuncia porque lo considera una traición. Pero, en cambio, los del PRD todo el día se atacan y se dividen entre sí. Con la izquierda siempre ha sido así.

SEMANA: ¿Se considera una escritora de historias localistas?

E.P.: Bueno, yo esperaría que no fuera tan local. Si yo escribiera sobre Stalin o sobre Hitler, supongo que sería más universal. Pero el hecho de vivir en México me hace escribir sobre aquello que tengo más cerca. Supongo que quizá eso sea una limitación. Pero decía Alfonso Reyes que para ser profundamente universal había que ser cuidadoso del propio jardín.

SEMANA: Usted pertenece a una generación de escritores que marcaron una época en la literatura de nuestro continente. ¿Qué recuerda de ellos?

E.P.: De todos tengo recuerdos muy grandes, muy bellos. Y, sobre todo, recuerdo la amistad. Yo conocí a Juan Rulfo, a Carlos Fuentes y a Octavio Paz mucho antes de que fueran famosos, 20 años antes de que obtuvieran los premios Cervantes, los príncipes de Asturias, el Nobel, o lo que fuera. Yo conocí a Gabriel García Márquez cuando estaba escribiendo apenas sus novelas o sus cuentos. Pero en la medida que ellos fueron famosos y célebres, nos alejamos un poco porque la celebridad también aísla. Y yo mientras tanto seguí siendo periodista.

SEMANA: Usted ya escribía en aquella época y su gran reconocimiento internacional llegó apenas en 2001, cuando ganó el premio Alfaguara. ¿Por qué aquella generación fue tan dura con las mujeres?

E.P.: Siempre han sido duros con las mujeres. Elena Garro obtuvo reconocimiento después de que murió, lo mismo pasa con Rosario Castellano. Era muy difícil que un escritor mencionara a mujer alguna. Todos mencionaban a sor Juana Inés de la Cruz que pertenece al siglo XVII, pero nadie mencionaba a escritoras contemporáneas. Y si acaso lo hacían, mencionaban a Susan Sontang en Nueva York, pero a ninguna mexicana.

SEMANA: ¿Y eso le daba rabia?

E.P.: No. Yo sabía lo que quería y no me preocupaba. n
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