Jueves, 19 de enero de 2017

| 2007/01/20 00:00

El puente está quebrado

Aunque las grandes editoriales que operan en Colombia son españolas, poco o nada conoce un lector común de los escritores de ese país, que los tiene en cantidad y de gran calidad.

España tendrá una nutrida participación en el Hay Festival que se realizará entre el 25 y 28 de enero en Cartagena. Juan Pedro Aparicio, Manuel Rivas, Eduardo Lago y Juan José Millas hacen parte de este selecto grupo

El último escritor español que se conoció en todo el mundo, especialmente en Latinoamérica y Colombia, fue Camilo José Cela. A pesar de los escándalos que rodearon su nombre, este autor gallego fue reconocido en el mundo de habla hispana y sus libros se leyeron con atención. Desde entonces han tratado de seguirle los pasos por estas tierras escritores como Antonio Muñoz Molina, Manuel Vásquez Montalbán, Enrique Vila Matas, Ray Loriga, Arturo Pérez Reverte y Javier Marías, quien actualmente es el español que más nombre tiene por fuera de las fronteras que limitan el castellano. Sin embargo, el conocimiento que se tiene de estos y muchos otros más autores españoles en Colombia es mínimo. Sólo los lectores más selectos y cultos acceden a sus títulos, a pesar de que en España cada libro publicado por uno de estos creadores vende miles de ejemplares. De toda esta lista de españoles famosos, sólo Pérez Reverte ha logrado conquistar una buena tajada del público nacional. Y eso que hay que tener en cuenta que muchos de sus colegas en España lo consideran un escritor fácil y sin mucha profundidad.

En España se publican todos los días títulos de autores locales (no en vano cuenta con una de las industrias editoriales más grandes del mundo), entre buenos, regulares y malos, y sólo pocos alcanzan a llegar a este lado del océano. Fenómeno aún más paradójico si se tiene en cuenta que las principales editoriales españolas son las que mandan la parada en el mercado latinoamericano. Incluso se leen más escritores de habla inglesa y de origen centroeuropeo que los españoles.

Un ejemplo de esta falta de interacción está en el grupo de escritores de ese país que participarán en el Hay Festival. Manuel Rivas, Juan José Millás y Vicente Molina Foix, entre otros, son conocidos de nombre pero poco leídos, aunque sus libros se venden por millares en su país. “Creo que el que los autores de España sean poco leídos en Latinoamérica depende, en general, de los contenidos temáticos, más que de la forma de expresión. Probablemente los temas de España sean menos exportables o menos universales que los latinoamericanos”, explica Pere Sureda, director de la Editorial Belacqua, que pertenece a la Casa Editorial Norma, en Barcelona. En cambio, Sureda cree que se publican, venden y leen mucho más autores latinoamericanos en España que españoles en América Latina.

Pero esta es una verdad a medias, pues el interés por los autores latinoamericanos ha descendido. Primero porque se consume mucho la literatura local. Por muchos años, y por las circunstancias políticas que vivía España, allá se leyeron autores latinoamericanos o literatura que provenía de estos países. Actualmente, la literatura española despegó y no hay duda de que hay un gran consumo interno. Los escritores españoles que participarán en el Hay y que fueron consultados por SEMANA coinciden en asegurar que tal vez la literatura escrita en España pasa por su mejor momento. Incluso producen exitosos best seller como la Sombra del viento, de Carlos Ruiz Safón, que ha sido un fenómeno mundial en ventas.

Gabriel Iriarte, director editor de Planeta Colombia, profundiza más en esta teoría. Asegura que desde hace unos años, tanto en España como en América Latina se tiende a consumir literatura local. “Los grandes ‘best sellers’ en España son de autores locales y lo mismo pasa en nuestros países. Federico Andahazi vende 50.000 ejemplares en Argentina, algo parecido pasa con Jorge Volpi y Paco Ignacio Taibo en México”. Iriarte asegura que el lector colombiano no busca autores españoles, sino locales. Sólo Ruiz Zafón, Matilde Asensi y Javier Moro, autores de best seller de fácil lectura (sobre todo por los dos últimos), han tenido éxito en el país en los últimos años. Del resto de los españoles se vende bien Pérez Reverte, y Muñoz Molina, Marías y Vila Matas en proporciones mucho más pequeñas.

“Creo que se trata más bien de ciclos de atracción y rechazo. En los años 50 y 60 hubo gran interés en América Latina por los escritores españoles de posguerra, y en los 70, por los latinoamericanos en España. Hoy España mira hacia Europa occidental en primer lugar, quiere ser plenamente europea, y eso también se siente en la literatura y en el cine. Y los latinoamericanos miramos más hacia Estados Unidos”, argumenta el escritor chileno Roberto Ampuero, autor de Los amantes de Estocolmo. Sin embargo, aparecen excepciones. El escritor mexicano Jorge Volpi asegura que en su país Marías, Muñoz Molina y Vila-Matas son mucho más leídos que la gran mayoría de latinoamericanos en España. Sin embargo, en el continente se leen mucho más autores de países latinoamericanos que españoles. Volpi incluso va más allá y asegura que en la era de la globalización, inevitablemente la corriente central llega a todas partes. “En América Latina se leen sobre todo las traducciones españolas y menos a los autores españoles”.

Eduardo Lago, escritor español radicado en Estados Unidos y ganador del premio Nadal 2006 con su novela Llámame Brooklyn, ha sido testigo de esta mala comunicación que hay entre las literaturas de ambas orillas. “Recuerdo que una de las editoriales españolas más poderosas una vez me rechazó una antología de escritores latinos de Estados Unidos, y me sugirió que lo intentara en América Latina. Así mismo, ‘Llámame Brooklyn’ ha tenido buenas críticas y se ha vendido muy bien en España. La promoción fue muy fuerte en mi país, pero se ha hecho mucho menos en América Latina... También es verdad que es mi primera novela”. Y es que la primera estrategia de las editoriales es que un autor se consolide en casa. Luego, de acuerdo con la acogida que tenga, estudian la posibilidad de moverlo por otros países. Actualmente, las editoriales latinoamericanas tratan de editarlos primero en países del continente antes de intentarlo en España.

Y es que, como dijo a SEMANA José María Merino, es responsabilidad de los editores y también de los críticos dar a conocer a los autores en otros espacios. “Hay un aspecto editorial predominante en todo el mundo, el de los libros de fácil lectura que producen beneficios rápidos. Pero en el aspecto puramente literario, insisto en que orientar la lectura es responsabilidad de las editoriales, publicando buenos libros, pero también de quienes ejercen la crítica. Para eso, lo primero que hay que hacer es desterrar ciertos prejuicios”. Merino asegura que en general en América Latina hay poco interés hacia la literatura española “salvo notables excepciones”.

Las principales críticas les caen a las editoriales. El problema no es que se publique mucho ni para todos los gustos, sino la manera como deciden mercadear su producto. Sólo publican en el extranjero lo que saben que se va a vender muy bien, y potencian el mercado local, pero dejan desamparado de una u otra forma a ese lector más formado que siempre está a la búsqueda de calidad. En palabras del escritor Juan Pedro Aparicio, “fragmentan el mercado sirviendo al cosmopolitismo por un lado y al localismo por el otro”. De hecho, hay autores consagrados de la literatura universal que en Colombia están descatalogados y toca buscarlos en las bibliotecas de los abuelos.

“Lo preocupante es el lector nuevo, el lector que se está haciendo ahora. Es un lector que se guía por referentes muy cortos, muy de consumo, y muy marcados por el entretenimiento y el sentido vicario del libro... Y la literatura, para este lector nuevo, sencillamente es algo del pasado”, asegura el escritor Adolfo García Ortega.

Al paso que vamos, dentro de unos años un lector joven no sabrá quiénes son los mejores escritores del país donde nació Cervantes. Apenas podrán balbucear el nombre de uno que otro best seller que, a fuerza de verlo en los supermercados y las librerías, se aprenderá de memoria, y hasta podrá llegar a leerlo. Que se atreva a comprar y a leer a uno de los autores que parecen cultos, es decir, a los Marías y Vila-Matas de su generación, será casi que imposible.

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